Astrónomos descubren posibles restos de una galaxia devorada por la Vía Láctea

Un grupo internacional de astrónomos aseguró haber encontrado nuevas evidencias de un antiguo episodio de canibalismo galáctico protagonizado por la Vía Láctea hace aproximadamente 10.000 millones de años.

Una imagen de la Vía Láctea / AFP

El hallazgo, basado en el análisis de estrellas extremadamente pobres en metales, podría modificar las teorías actuales sobre el origen y evolución temprana de nuestra galaxia. Los investigadores bautizaron a la supuesta galaxia desaparecida con el nombre de Loki, inspirado en el dios nórdico asociado al engaño y la complejidad.

La investigación fue publicada en la revista científica Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y se centra en una extraña población de estrellas localizadas cerca del disco galáctico de la Vía Láctea. Según los especialistas, estas estrellas podrían ser los últimos vestigios de una galaxia enana absorbida durante las primeras etapas de formación de nuestra galaxia.

La Vía Láctea posee un diámetro aproximado de 100.000 años luz y alberga entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas, de acuerdo con datos de la NASA. Sin embargo, los científicos sostienen que su tamaño actual es resultado de miles de millones de años de fusiones con sistemas galácticos más pequeños. Reconstruir esa “historia de alimentación” se ha convertido en una prioridad para comprender cómo surgió el entorno cósmico donde se encuentra el sistema solar.

El estudio identificó veinte estrellas con una composición química extremadamente pobre en metales, ubicadas sorprendentemente cerca del disco galáctico. Los investigadores consideran que este tipo de estrellas son reliquias del universo primitivo, ya que las primeras generaciones estelares estaban formadas casi exclusivamente por hidrógeno y helio. Con el tiempo, las explosiones estelares produjeron elementos más pesados que enriquecieron las generaciones posteriores de estrellas.

La Dra. Cara Battersby, profesora asociada de física en la Universidad de Connecticut, explicó la relevancia de estos cuerpos celestes dentro de la investigación astronómica moderna. Según señaló: “Las estrellas VMP han existido durante miles de millones de años y contienen en su interior pistas sobre la formación de las primeras generaciones de estrellas del universo”. La especialista añadió que analizar su movimiento y composición química permite reconstruir las condiciones presentes durante los primeros tiempos del cosmos.

El autor principal del estudio, el Dr. Federico Sestito, investigador del Centro de Investigación en Astrofísica de la Universidad de Hertfordshire, lideró el trabajo utilizando datos obtenidos por el telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea. Posteriormente, el equipo recurrió al Telescopio Canadá-Francia-Hawai, instalado en Maunakea, Hawai, para examinar las características químicas de las estrellas identificadas.

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Las observaciones revelaron que once estrellas se desplazan en la misma dirección que el disco galáctico, mientras otras nueve siguen trayectorias opuestas. Esta distribución orbital representa uno de los elementos más intrigantes del estudio. Sobre ello, Sestito explicó: “Si el escenario de Loki resulta ser correcto, ello implicaría que un sistema que se fusionó con nuestra galaxia podría haber depositado sus estrellas tanto en órbitas progradas como en la dirección opuesta”.

El investigador también señaló que este comportamiento solo habría sido posible cuando la Vía Láctea aún era una galaxia joven y mucho menos masiva. En palabras del científico: “Esto solo sería posible si el evento de fusión hubiera ocurrido cuando la Vía Láctea aún era joven”. Las simulaciones cosmológicas indican que esa colisión habría ocurrido apenas entre 3.000 y 4.000 millones de años después del Big Bang.

El astrónomo Hans-Walter Rix, director del Departamento de Galaxias y Cosmología del Instituto Max Planck de Astronomía, destacó el uso de la química estelar como herramienta de identificación galáctica. Mientras tanto, otros expertos consideran que Loki podría representar una pieza clave aún desconocida dentro de la formación de la Vía Láctea y una nueva etapa en la comprensión de la evolución del universo primitivo.

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