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Kelly Osbourne acudió al evento para participar en el homenaje dedicado a su padre, fallecido en julio tras una larga batalla contra el Parkinson. Sin embargo, más allá del tributo, lo que captó la atención fue su notable delgadez.
Vestida con un diseño negro ajustado sin mangas y luciendo un estilismo inspirado en los años 60, incluida una peluca rubia y joyas de Lorraine Schwartz, Kelly posó ante las cámaras junto a su prometido Sid Wilson, su hermano Jack Osbourne y su madre Sharon Osbourne. No obstante, varios asistentes comentaron la fragilidad que transmitía su figura.
Un amigo cercano, presente en la fiesta previa organizada por el productor Clive Davis, declaró al Daily Mail: “Se ve aún más delgada en persona, daba miedo. No es normal. La conozco desde hace años y jamás la había visto así, ni remotamente”. Según el mismo testimonio, la impresión fue compartida por varios invitados que notaron cambios marcados en su rostro y complexión. “Lo primero que noté es cómo su cara se ve hundida, sus pómulos sobresalen. Cuando habla, se ve diferente, algo raro. Es preciosa, pero estar así de delgada es duro”, añadió.
La atención mediática sobre su peso no es nueva. En diciembre pasado, Kelly se refirió abiertamente a los comentarios que recibe sobre su apariencia durante una entrevista con Piers Morgan. Visiblemente afectada, expresó: “Ni siquiera sé cómo decir esto, así que simplemente lo voy a decir: a las personas que siguen creyendo que son graciosas al escribir comentarios como ‘¿estás enferma?’, ‘deja el Ozempic’ o ‘no te ves bien’, mi padre acaba de morir y lo estoy haciendo lo mejor que puedo”.
En la alfombra roja de los Grammy reiteró su sinceridad ante la prensa. “No voy a mentir: la gente suele decir ‘estoy bien’, pero yo no lo estoy pasando tan bien”, confesó. Sus palabras reflejan el difícil momento personal que atraviesa tras la pérdida de su padre. “Esto es lo más difícil que he vivido en toda mi vida. Pero estoy saliendo adelante y, junto a mi familia, estamos haciendo todo lo posible por vivir el legado de mi padre y ser felices”.
La ceremonia incluyó un tributo especial a Ozzy Osbourne, figura clave del rock y exlíder de Black Sabbath. Kelly acudió como parte del núcleo familiar que ha acompañado públicamente la memoria del músico desde su fallecimiento.
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Durante el posado, Sharon Osbourne protagonizó un momento comentado al quitarse los tacones altos y sonreír descalza frente a las cámaras, un gesto que muchos interpretaron como muestra de naturalidad en medio de una noche cargada de emociones.
La alfombra roja también destacó por estilismos arriesgados de figuras como Karol G y Chappell Roan, pero la conversación digital terminó centrada en la transformación física de Kelly y en su estado anímico.
Más allá del impacto visual, lo que ha generado mayor inquietud es el contexto emocional. Amigos y conocidos coinciden en que la pérdida de Ozzy ha sido un golpe devastador para la familia. La propia Kelly reconoció que no atraviesa su mejor momento, aunque insiste en que está intentando mantenerse fuerte.
Su aparición en los Grammy simbolizó, para muchos, un acto de resiliencia. Aunque la delgadez fue tema de conversación, también lo fue su honestidad al hablar del duelo y de la presión pública que enfrenta.
En un entorno donde la imagen suele ser escrutada al detalle, Kelly Osbourne optó por responder con franqueza. Sus declaraciones no solo revelan la dificultad de atravesar un proceso de duelo bajo el foco mediático, sino también la carga que supone ser juzgada por su aspecto físico en un momento de vulnerabilidad.
Mientras la industria continúa comentando su transformación, la presentadora deja claro que su prioridad es sobrellevar la pérdida de su padre y honrar su legado junto a su familia, incluso cuando hacerlo implique enfrentar críticas y especulaciones públicas.