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Un nuevo estudio basado en observaciones de la NASA apunta a que su radio disminuyó aproximadamente 11,6 kilómetros, una cifra que obliga a revisar la evolución geológica de este mundo extremo.
La investigación, publicada en Geophysical Research Letters, utilizó información recopilada por la misión MESSENGER, que orbitó Mercurio entre 2011 y 2015. El trabajo, dirigido por Gaku Nishiyama, científico planetario del Centro Aeroespacial Alemán, examinó las señales que dejó sobre la superficie el progresivo enfriamiento del interior del planeta.
Mercurio se formó hace unos 4.500 millones de años y, desde entonces, su interior ha perdido calor. Ese descenso térmico provocó una reducción de volumen que comprimió las capas externas y generó deformaciones visibles. Los científicos buscan precisamente esas marcas para reconstruir cuánto se ha encogido el planeta a lo largo de su historia.
Las estimaciones anteriores calculaban una disminución de entre 4 y 16 kilómetros en el diámetro de Mercurio. El nuevo análisis eleva el posible cambio hasta unos 23 kilómetros de diámetro, equivalente a una contracción del radio de alrededor de 11,6 kilómetros. Según los investigadores, el valor podría incluso quedarse corto si existen estructuras antiguas que todavía permanecen ocultas.
La evidencia principal aparece en las llamadas estructuras de acortamiento, formaciones producidas cuando el interior pierde volumen y la superficie debe adaptarse a ese proceso. Entre ellas destacan enormes escarpas y crestas que pueden alcanzar aproximadamente 1,6 kilómetros de altura y prolongarse durante cientos de kilómetros.
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Sin embargo, reconstruir la contracción total de Mercurio no resulta sencillo. El planeta presenta una superficie cubierta por innumerables cráteres provocados por impactos espaciales. Ese bombardeo alteró el terreno y pudo sepultar señales geológicas formadas mucho antes. “Los impactos de asteroides y cometas depositaron material sobre el terreno y pudieron cubrir formaciones geológicas producidas anteriormente por la contracción”, remarcaron los investigadores.
Para compensar esa dificultad, el equipo analizó la rugosidad global de Mercurio mediante los datos obtenidos por MESSENGER. Los investigadores compararon diferentes áreas del planeta y estudiaron la distribución de sus accidentes geológicos. La ausencia de determinadas estructuras en zonas concretas puede revelar que fueron enterradas bajo depósitos acumulados posteriormente.
El resultado proporciona una perspectiva más precisa sobre la transformación del planeta y también puede ayudar a comprender qué ocurrió en su interior. La contracción está estrechamente relacionada con la pérdida de energía térmica, por lo que determinar su magnitud permite establecer mejores modelos sobre la evolución térmica de Mercurio.
Las características físicas del planeta explican parte de su comportamiento singular. Mercurio tiene un radio aproximado de 2.440 kilómetros y es el segundo planeta más denso del sistema solar, solo por detrás de la Tierra. Su núcleo mide cerca de 2.074 kilómetros de radio, una dimensión equivalente a aproximadamente el 85 % del radio planetario.
Además, Mercurio completa una vuelta alrededor del Sol en apenas 88 días terrestres. Su cercanía a la estrella genera temperaturas extremas: durante el día, la superficie puede alcanzar unos 430 °C, mientras que por la noche puede descender hasta aproximadamente −180 °C.
Esa diferencia térmica se relaciona, entre otros factores, con la casi inexistente atmósfera del planeta, incapaz de retener suficiente calor. El nuevo cálculo sobre su contracción añade otra pieza al complejo comportamiento de Mercurio y muestra que su superficie conserva señales de procesos internos ocurridos durante miles de millones de años. Los datos de la NASA continúan permitiendo reconstruir esa historia y ofrecen nuevas claves sobre cómo los planetas rocosos cambian después de su formación.