Imperdonable: Corazón Negro
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El estreno de una de las películas más esperadas del año, de estreno, ya está en cines, no solo ha reactivado el debate sobre la vida y legado del Rey del Pop, sino que también ha despertado el interés por episodios poco conocidos de su historia.
Uno de ellos ocurrió en Panamá, donde los The Jackson 5 dejaron una huella que, aunque breve, resultó significativa en el contexto cultural de la región.
Corría el año 1974 cuando la agrupación, integrada por Jackie, Tito, Jermaine, Marlon y un joven Michael Jackson, llegó al istmo en el punto más alto de su popularidad. En ese momento, el grupo ya era considerado una de las bandas más influyentes del pop mundial, y su visita generó una expectativa inusual para la época. Su presentación se llevó a cabo en el entonces Estadio Revolución, hoy conocido como Rommel Fernández, con dos conciertos que marcaron un hito en la historia del entretenimiento local.
El impacto fue inmediato. Los boletos, con precios que oscilaban entre los 4 y los 8 dólares, se agotaron rápidamente, y la presencia del grupo se extendió más allá del escenario. La banda también tuvo contacto directo con sus seguidores en actividades promocionales que lograron convocar a cientos de fanáticos. En un contexto sin redes sociales ni campañas digitales, la noticia de su llegada se propagó con rapidez, confirmando el alcance global que ya tenía la agrupación.
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Aunque no existen registros visuales ampliamente difundidos de esos conciertos, el recuerdo permanece en la memoria colectiva como una de las primeras grandes visitas de artistas internacionales al país. La falta de material gráfico ha contribuido a que este episodio sea menos conocido, pero no por ello menos relevante en la cronología del artista.
Décadas después, el lanzamiento de Michael vuelve a poner el foco sobre los inicios del ídolo. La película, protagonizada por Jaafar Jackson, sobrino del cantante, ofrece una mirada íntima a la transformación de ese niño prodigio en una figura global. Su interpretación ha sido destacada por su cercanía física y vocal con el artista, así como por su capacidad para capturar la esencia del personaje.
Sobre su proceso de preparación, Jaafar ha señalado: “De niño, estaba obsesionado con él. Me sentaba delante del televisor, en el mismo salón donde Michael solía sentarse a ver sus giras y sus videos, y me dedicaba a estudiarlo”. Esta conexión personal se traduce en una actuación que busca rendir homenaje sin perder autenticidad.
El director Antoine Fuqua también ha resaltado el impacto de esa interpretación: “Había algo tan espiritual en Jaafar que el simple hecho de hablar con él sobre Michael me emocionaba”. Estas declaraciones refuerzan la intención del filme de construir un retrato respetuoso, centrado en el origen y evolución del artista.
La película ha generado opiniones divididas. Mientras algunos destacan su capacidad para mostrar el lado humano del cantante, otros consideran que omite aspectos clave de su trayectoria. Sin embargo, hay consenso en que logra capturar la intensidad de una infancia marcada por la disciplina, el talento y la presión.
En ese contexto, recordar el paso de los Jackson Five por Panamá permite entender mejor la dimensión del fenómeno que Michael Jackson llegó a ser. Antes de convertirse en el Rey del Pop, ya era parte de un proyecto musical que cruzaba fronteras y conectaba culturas. Su presencia en el país no fue solo un concierto, sino una muestra temprana de cómo su música podía trascender idiomas y geografías.
Hoy, con “Michael” en cartelera, ese episodio cobra nuevo significado. La película invita a mirar hacia atrás y reconstruir una historia que no se limita a los grandes escenarios internacionales, sino que también incluye momentos clave en lugares como Panamá, donde el eco de su música aún resuena como testimonio de una era irrepetible.