Paquita la del Barrio | Su hijo decide vender la casa de la artista, el icónico bar en la Guerrero

El legado de la mexicana vuelve a colocarse en el centro de la conversación pública.

Paquita la del Barrio / AFP

A un año de su fallecimiento, la emblemática propiedad conocida como “Casa Paquita”, ubicada en la coloniaGuerrero de la Ciudad de México, ha sido puesta a la venta por decisión de su hijo mayor, abriendo un debate sobre el futuro de uno de los espacios más representativos en la historia de la música popular mexicana.

Durante décadas, el inmueble funcionó como restaurante-bar y foro donde la intérprete ofreció presentaciones en vivo que consolidaron su imagen como una de las voces más contundentes contra el machismo en el país. Hoy, la posibilidad de que el lugar salga definitivamente del ámbito familiar plantea interrogantes sobre la preservación de su memoria artística.

De acuerdo con declaraciones realizadas al programa Ventaneando, Miguel Gerardo, primogénito de la cantante y heredero de la propiedad, habría optado por colocar el inmueble en el mercado ante los elevados costos de mantenimiento y la complejidad de operarlo sin presencia directa de la familia en la capital.

El exmánager de la artista, Paquito Torres, explicó al programa que la situación logística y financiera complica mantener el negocio en funcionamiento. “para echar a andar un negocio, tienes que tener gente de mucha confianza, tú mismo tienes que estar ahí y (para Miguel) sería difícil; a lo mejor (si lo convirtiera en) un museo, no sería redituable, realmente la manutención es muy costosa”, señaló.

Sus palabras reflejan el desafío que implica sostener un espacio de estas características sin una estructura administrativa sólida y sin familiares residiendo en la Ciudad de México.

No todos en la familia comparten el mismo sentir. Martha Elena Martínez Viveros, una de las hijas menores de la cantante, expresó públicamente su postura en el mismo programa televisivo. “Me gustaría que se quedara en la familia”, manifestó, aunque dejó claro que la determinación final no depende de ella.

La reciente aparición de Martha Elena junto a su hermano Javier Gerardo en la develación de una placa conmemorativa en un parque que lleva el nombre de su madre reavivó la discusión sobre la importancia de preservar no solo la figura pública de la artista, sino también los espacios físicos asociados a su trayectoria.

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Casa Paquita” no fue únicamente un negocio. Para muchos seguidores, representó un punto de encuentro donde la cantante interpretó en repetidas ocasiones temas que se volvieron himnos populares, como la célebre canción Rata de dos patas, símbolo de su estilo frontal y combativo.

El inmueble se convirtió en escenario de celebraciones, grabaciones y convivencias que marcaron generaciones. Por ello, la noticia de su posible venta ha generado nostalgia entre admiradores que ven en ese lugar un fragmento tangible de la cultura popular mexicana.

La muerte de Paquita la del Barrio ocurrió en su domicilio en Veracruz, donde era atendida por su hermana Viola. Según relató la periodista Ana María Alvarado en el programa De primera mano, la cantante falleció en tranquilidad. Murió “con la muerte de los justos”, ya que simplemente se quedó dormida, sin experimentar dolor.

En un primer momento se habló de un posible infarto fulminante. Sin embargo, Francisco Torres, representante de la artista, pidió cautela respecto a esa versión. “Le dio un infarto fulminante, estaba en su cama. Estaba lista para volver a los escenarios, siempre con la preocupación de que no podía caminar. Pero es algo que no esperábamos”, declaró.

Sus palabras evidencian que, pese a las complicaciones de salud, la intérprete mantenía la intención de retomar sus actividades artísticas.

Mientras continúa la incertidumbre sobre el destino del inmueble, especialistas en patrimonio cultural subrayan la relevancia de conservar espacios vinculados a figuras emblemáticas de la música mexicana. La eventual transformación del lugar en museo, centro cultural o nuevo negocio dependerá de decisiones familiares y de posibles compradores interesados en mantener viva su esencia.

La historia de “Casa Paquita” trasciende lo inmobiliario: representa una etapa clave en la carrera de una artista que dejó huella por su voz, su carácter y su discurso directo. Ahora, el debate gira en torno a cómo honrar ese legado en un contexto donde los costos económicos y la distancia geográfica complican su preservación.

Lo que ocurra con este emblemático bar no solo definirá el futuro de un inmueble en la colonia Guerrero, sino también la manera en que se resguarda la memoria de una de las figuras más influyentes de la música ranchera y popular en México.

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