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Durante su participación en el programa Ex. La vida después, conducido por Ana Milán, la artista no solo habló de su carrera, sino también de sus creencias, su rutina personal y la forma en que la fe ha transformado su día a día.
Ataviada con un vestuario sobrio que evocaba referencias religiosas, falda larga gris, chaqueta a juego y cofia, la intérprete catalana anticipó el tono de una conversación cargada de introspección. En el programa, Rosalía reveló el momento en que comenzó su camino espiritual: «Hace cinco años que empecé a rezar».
La artista explicó que este acercamiento no fue casual, sino una respuesta al contexto social actual: «Siento que hoy en día, más que nunca, en un mundo que a veces parece tan dividido, es importante entender al otro. Parece que es revolucionario vivir desde el amor y la compasión».
Estas declaraciones reflejan una visión madura que conecta con uno de los mensajes centrales de su obra reciente: la búsqueda de sentido en medio del caos.
El impacto de esta transformación espiritual también se hace evidente en su música. Su último proyecto, Lux, incorpora una fuerte simbología religiosa y una estética dominada por el color blanco, asociado a la pureza. En este trabajo, la cantante aborda temas como la gratitud, la protección divina y la devoción.
Durante la entrevista, explicó cómo percibe esa presencia superior en su vida: «Sé que algo que está por encima me protege. Dios me ha bendecido mucho y qué menos que hacer un disco para dar las gracias y devolver».
Esta etapa marca un giro importante en la narrativa artística de Rosalía, quien ahora se muestra más reflexiva y conectada con lo espiritual.
La artista también recordó sus primeros contactos con la religión durante la infancia, influenciada por su entorno familiar, especialmente por su abuela:
«De pequeña mi abuela Rosalía me llevaba a veces a misa. Ella era muy católica. Siempre iba a misa, pero si no podía, ella lo veía desde su sofá en casa en la televisión. Es una mujer entregada a Dios».
Sin embargo, dejó claro que su compromiso actual con la fe no proviene de esa etapa, sino de un proceso más reciente: «Yo de pequeña no practicaba. Sí que iba a misa a veces, pero esto ha sido con el tiempo».
Ese cambio se consolidó con un hábito que hoy forma parte esencial de su rutina: «A día de hoy forma parte de mi vida», afirmó en referencia a su práctica diaria de rezar el Padre Nuestro antes de dormir.
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Uno de los momentos más profundos de la conversación llegó cuando Ana Milán le preguntó sobre su concepción de la fe. Rosalía citó una idea que le resulta especialmente significativa: «Me gusta mucho esa idea porque, como la escritora Alana Portero lo dice, hay que rezar aunque no se tenga fe y proyectarse hacia algo que está por encima de uno».
Esta reflexión revela una espiritualidad abierta, más centrada en la intención y la conexión que en la práctica tradicional.
El diálogo también abordó temas más complejos, como la soledad. La presentadora confesó su percepción sobre el último disco de la artista: «Creo que hay una soledad muy profunda en este disco».
Ante esto, Rosalía respondió con una visión honesta sobre sus emociones: «Me pregunto si eso es algo que uno puede controlar o no porque la vida a veces te lleva a lugares o situaciones que hacen que uno de golpe se disocie».
La presencia de Rosalía marcó el estreno del programa, que también contó con la participación de Tamara Falcó. Según explicó Ana Milán, la cantante fue la primera opción para inaugurar el espacio, lo que demuestra el interés que genera tanto su música como su evolución personal.
Con esta aparición, la artista reafirma su capacidad de reinventarse y conectar con el público desde un lugar más íntimo, donde la fe, la introspección y la autenticidad se convierten en protagonistas.