Desiguales
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Epifania Almeyda tenía 15 años cuando abandonó su natal Ayacucho, en los Andes peruanos, para escapar del conflicto armado interno que golpeó al país. Tres décadas después, en un barrio del noreste de Lima, vive nuevamente con miedo, esta vez por la violencia de las bandas criminales que extorsionan y asesinan a plena luz del día.
Como cerca del 70% de los peruanos, según las encuestas, Almeyda espera que la lucha contra la inseguridad sea la principal prioridad del próximo presidente, que será elegido en el balotaje del domingo entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez.
"Vivimos con miedo hasta para abrir la puerta... cuando nuestros hijos van a la escuela", relata Almeyda desde una vivienda de madera pintada de azul, donde ayuda a preparar alimentos en enormes ollas de aluminio para un comedor popular que vende platos a menos de un dólar a personas de escasos recursos.
La mujer, de 47 años, vive en la parte alta de un cerro de San Juan de Lurigancho, uno de los distritos más poblados de Lima. Allí, entre estrechas veredas de tierra y largas escaleras de concreto, asegura que la población se siente "abandonada".
"Aquí los policías no aparecen", lamenta.
En su cuarto intento por alcanzar la Presidencia, Keiko Fujimori ha centrado su campaña en la promesa de aplicar "mano dura" contra la delincuencia. San Juan de Lurigancho fue precisamente el distrito donde obtuvo uno de sus mejores resultados en la primera vuelta presidencial del 12 de abril.
Por su parte, Roberto Sánchez propone reformas constitucionales para permitir una mayor participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad interna.
La situación preocupa especialmente en Lima. Según datos oficiales, la región registró 23 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2025, una cifra que triplica la registrada hace apenas cinco años.
Durante una reciente visita a San Juan de Lurigancho, Fujimori comparó a las organizaciones criminales actuales con los grupos insurgentes derrotados durante el gobierno de su padre, el expresidente Alberto Fujimori, y prometió enfrentar a estas "lacras sociales" con la misma contundencia.
Cada mañana, antes de iniciar su jornada laboral, el conductor de autobús Jacob Cóndor se encomienda al Señor de Muruhuay, una de las imágenes religiosas más veneradas en Perú.
"Tengo temor de no regresar", afirma el hombre de 33 años mientras conduce por las calles de Lima.
En el parabrisas de su autobús lleva una pequeña imagen religiosa y un mono de peluche de colores que le regaló su hija de ocho años.
La preocupación no es infundada. Las denuncias por extorsión aumentaron 20% durante 2025 en comparación con el año anterior, y el sector transporte ha sido uno de los más afectados.
Según la policía, al menos 75 conductores fueron asesinados, principalmente en Lima.
"Uno sale con miedo a trabajar. Sube un pasajero y te pueden disparar por atrás", comenta Cóndor, quien asegura que votará por Fujimori debido a lo que considera una postura más firme frente a la inseguridad.
La empresa de transporte donde trabaja cuenta con la vigilancia permanente de seis militares, mientras que algunos autobuses son custodiados por agentes policiales. En varias unidades pueden verse adhesivos con el mensaje: "Transportistas con Keiko".
El empresario transportista Julio César Raurau, de 48 años, asegura que su sector recibe amenazas constantes de al menos siete organizaciones criminales a través de mensajes escritos y aplicaciones como WhatsApp.
"Como su padre acabó con el terrorismo, ella lo hará con las organizaciones criminales. Estamos en una guerra interna", declaró.
Sin embargo, Epifania Almeyda no comparte ese optimismo.
"Estoy traumada, escapé de los terroristas y los militares... pero con cualquier político que llegue la situación será igual", afirma mientras ayuda a preparar carapulcra, un tradicional guiso peruano elaborado con papas y carne de cerdo para unas 70 personas.
El mototaxista Oliver Cotera, de 50 años, también responsabiliza a la clase política por el deterioro de la seguridad ciudadana.
Su indignación aumentó luego de que tres mototaxistas fueran asesinados durante un mismo fin de semana.
"Queremos que haya un cambio radical", sostiene.
Cotera asegura que votará por Roberto Sánchez porque considera que Fujimori, pese a la influencia que ha mantenido en el Congreso durante más de una década, "no hizo nada por el pueblo".
Aunque apoyan candidatos distintos, tanto Raurau como Cotera coinciden en señalar la inestabilidad política como una de las causas del auge del crimen organizado.
Perú ha tenido ocho presidentes en los últimos diez años, producto de destituciones, renuncias y constantes crisis políticas impulsadas desde el Parlamento.
"Con esto se han aprovechado las organizaciones criminales. No hemos estado preparados para enfrentar esta amenaza interna y externa", afirmó Raurau.
En ese contexto, organizaciones criminales transnacionales como el Tren de Aragua han expandido su presencia en Perú, mientras años de turbulencia política han debilitado la capacidad del Estado para responder de forma efectiva a la creciente inseguridad.