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Ciudad de Panamá, Panamá/En medio del inicio del año escolar 2026, Adriana Angarita, directora interina del Instituto de Perfeccionamiento y Bienestar Docente y especialista en educación, ofreció su visión sobre los desafíos y oportunidades que enfrenta el sistema educativo panameño, especialmente en el contexto de una reforma integral que busca actualizar tanto los contenidos como la estructura de la enseñanza.
Angarita señaló que la variedad de bachilleratos disponibles en el país, actualmente 32, requiere una revisión profunda. “Si un estudiante decide estudiar un bachillerato en comercio y luego quiere una carrera más enfocada en salud, ya no puede. Entre más variedad tengamos, más dificultades habrá en la continuidad de la formación”, explicó. Por ello, propuso reducir la cantidad de opciones y enfocarse en bachilleratos más amplios y completos, que preparen a los jóvenes de manera homogénea y con bases sólidas frente a los cambios del mundo moderno.
La directora enfatizó que la transformación educativa no solo debe centrarse en los contenidos, sino también en la pedagogía y la formación docente. “La educación depende mucho de cómo el estudiante recibe el espacio y del docente que genera curiosidad e interés. La virtualidad dificultó esto en los más jóvenes, pero en el aula es diferente”, afirmó.
Otro aspecto crítico que mencionó Angarita es la influencia de la tecnología y la inteligencia artificial en la formación profesional. “Lo que no agrega valor está siendo automatizado. Los docentes deben enfocarse en lo que sí genera valor y en preparar a los estudiantes con habilidades que realmente importan para su futuro”, indicó.
En cuanto al perfeccionamiento docente, Angarita destacó la importancia de medir y evaluar los programas implementados. “Podemos equivocarnos, pero necesitamos datos que respalden nuestras decisiones. La reforma estructural no es solo de contenido, sino de cómo queremos que nuestros docentes se formen y sean evaluados”, añadió.
Sobre los bachilleratos menos comunes, como refrigeración, autotrónica o artes diversificadas, la directora consideró que estos deberían enfocarse en la formación vocacional y técnica, mientras que la base general del bachillerato debe ser homogénea para todos. Esto permitiría a los estudiantes tener más flexibilidad al momento de continuar estudios superiores o especializarse.
Finalmente, Angarita resaltó que la educación en Panamá busca formar no solo estudiantes capaces de aprobar exámenes, sino ciudadanos críticos y preparados para adaptarse a un mundo cambiante. “Los jóvenes necesitan espacios diferentes de formación y herramientas que les permitan desarrollarse en un entorno global, dinámico y lleno de retos”, concluyó.
El inicio del año escolar 2026 llega, así, acompañado de una reflexión profunda sobre la necesidad de alinear la educación con las demandas actuales, asegurando que los estudiantes panameños no solo aprendan contenidos, sino también habilidades que les permitan enfrentar los desafíos del siglo XXI.
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