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Colón/Una fuga de agua potable sin control desde hace casi un mes mantiene en vilo a residentes de la comunidad del 20, en la provincia de Colón. El problema, que contrasta con la escasez de agua en sectores de la capital, ha comenzado a comprometer la estabilidad de viviendas y estructuras cercanas, según denuncian los afectados.
El daño, visible a simple vista, se extiende a lo largo de varias casas. Corrientes constantes de agua limpia brotan entre muros y pisos, formando superficies resbalosas cubiertas de limo, evidencia de que la filtración lleva semanas sin ser atendida. Los vecinos ubican el origen del problema pocos días después de una reparación realizada el 2 de abril en una tubería principal cercana a la vía Transístmica. Desde el 4 de abril, aseguran, la situación se salió de control.
“Esto estalló en agua y desde entonces no ha parado. Ya la humedad está entrando a las casas y afectando las paredes”, relata Carmen, una de las residentes afectadas. En su vivienda y en otras dos contiguas, la preocupación es doble: además del deterioro estructural, hay personas con condiciones de salud que podrían agravarse por la humedad constante.
El recorrido por la zona evidencia la magnitud del problema. En algunos puntos, el agua ha comenzado a socavar la tierra, provocando grietas en patios y jardines. Uno de los focos más críticos se encuentra junto a la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular, donde un muro que divide el templo de varias viviendas muestra signos de debilitamiento.
Los residentes aseguran que la fuga no proviene de sistemas residuales, sino de una línea principal de agua potable. “Es demasiada agua para ser una tubería pequeña. Esto viene de la principal”, sostienen. Más de diez viviendas estarían afectadas directa o indirectamente por el flujo constante.
Aunque personal del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) ha visitado el área, los propios vecinos indican que los trabajos no han avanzado por falta de equipo especializado. Según explican, las cuadrillas solo cuentan con herramientas básicas, mientras esperan un detector de fugas que permita ubicar con precisión el origen del daño.
Débora, otra residente, describe el impacto cotidiano: “No podemos dormir tranquilos. Tenemos miedo de que la tierra ceda y afecte las casas mientras estamos dentro. Esto es 24/7, el agua no para”. Asegura que, pese a múltiples reportes y gestiones, la respuesta institucional ha sido insuficiente.
El caso deja al descubierto no solo una emergencia puntual, sino también limitaciones operativas en la atención de averías complejas. Mientras el agua potable se desperdicia en grandes cantidades en esta zona de Colón, familias enfrentan el riesgo de perder sus viviendas sin una solución inmediata a la vista.
Los residentes reiteran el llamado urgente a las autoridades para intervenir antes de que la situación escale a una tragedia.
Información de: Fabio Caballero