Migrantes viven la Navidad lejos de casa, marcados por la ausencia y la esperanza
A pesar de la distancia, María José encuentra apoyo emocional en su hijo mayor, de 17 años, quien le expresa comprensión y fortaleza ante la situación.
La Navidad, una fecha tradicionalmente asociada a la unión familiar, se vive de forma distinta para miles de migrantes que han tenido que abandonar sus países en busca de mejores oportunidades. Lejos de sus hogares, muchos enfrentan estas celebraciones marcadas por la nostalgia, la soledad y la esperanza de un reencuentro.
María José es una de ellas. Salió de Venezuela hace nueve años y dejó a sus tres hijos en su país, bajo el cuidado de un familiar. Aunque mantiene contacto con ellos mediante videollamadas, reconoce que estas fechas son especialmente difíciles. “Quiero estar con mi familia, quiero estar con mis hijos”, expresó al relatar cómo celebran cumpleaños y festividades a la distancia, partiendo una torta en dos países distintos a través de una pantallaa.
Explicó que, en ocasiones, ha intentado mantener las tradiciones navideñas reuniéndose con compañeros de trabajo que también se encuentran solos. Sin embargo, admite que la celebración no es la misma. “No siento esa alegría realmente”, confesó al describir cenas que se realizan más por costumbre que por celebración.
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A pesar de la distancia, María José encuentra apoyo emocional en su hijo mayor, de 17 años, quien le expresa comprensión y fortaleza ante la situación. No obstante, reconoce que no ha podido compartir momentos como abrir regalos o celebrar plenamente estas fechas junto a ellos, limitándose a la comunicación virtual.
Otro testimonio es el de Mayrin León, quien vive en Panamá desde hace 14 años junto a sus dos hijos. Aunque se encuentra con ellos, asegura que las celebraciones de Navidad y Año Nuevo dejaron de ser iguales desde que se alejó de su país y de su familia extendida. “Existe un vacío, no es lo mismo”, señaló, al referirse a la importancia de las tradiciones familiares y culturales que quedaron atrás.
Este contexto se da en medio de la migración irregular que continúa registrándose en la región. Cifras oficiales indican que hasta noviembre unas 3,032 personas han cruzado la selva del Darién, de las cuales más del 80 % son venezolanas, seguidas por colombianos, ecuatorianos y migrantes provenientes de países como Camerún y Nepal.
Muchos migrantes salen de sus países con la expectativa de encontrar mejores condiciones de vida; sin embargo, al llegar a otras naciones enfrentan situaciones como xenofobia, desigualdad y explotación laboral, lo que dificulta su proceso de adaptación.
Pese a ello, el anhelo de volver a reunirse con sus familias permanece. Cocinar los platos tradicionales, compartir una copa, abrazarse y celebrar como antes de la migración sigue siendo la esperanza que mantiene en pie a quienes viven estas fechas lejos de su tierra natal.
Información de Hellen Concepción