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Panamá/El gobierno nacional ha declarado el estado de emergencia ante el fortalecimiento del fenómeno de El Niño, catalogado como "muy fuerte" por la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos).
Luz Graciela Calzadilla, directora del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (Imhpa), explicó que esta decisión busca atender dos frentes: el exceso de lluvia en el Caribe y, crucialmente, la "disminución importante" de precipitaciones en el Pacífico. Los registros validados muestran un déficit de lluvias de hasta un 60% en esta vertiente, una cifra que supera incluso las proyecciones iniciales.
El impacto más inmediato se refleja en el suministro de agua potable y la generación energética. Once de las 51 cuencas del país, específicamente las hidroenergéticas, presentan estrés hídrico.
Calzadilla confirmó que entregaron un documento técnico al Ministerio de Ambiente, quien a su vez notificó al director del Idaan, advirtiendo que "muchas de sus potabilizadoras se van a ver impactadas". La situación es tangible: la hidroeléctrica de Bayano está parada por falta de caudal y cuencas como la del río Pacora están secas, y se han afectado más de 50 tomas de agua.
Esta escasez también limita la operatividad del canal de Panamá, que ya enfrenta restricciones en sus reservas. Aunque la matriz energética nacional cuenta con fuentes térmicas, solares y eólicas, la dependencia hidroeléctrica sigue siendo alta.
Calzadilla señaló que "el nivel de los ríos está bajando sustancialmente" y advirtió sobre un efecto colateral grave: "las aguas subterráneas también disminuyen". Explicó que sin lluvia no hay recarga de acuíferos, creando un "círculo vicioso" donde no hay agua ni en los ríos ni en las capas subterráneas.
En el sector agropecuario, la incertidumbre domina. Las autoridades trabajan con productores de arroz, café y cebolla, cultivos altamente sensibles a la variabilidad climática.
"El arroz es una planta acuática, pero también necesita horas de sol", indicó la directora, destacando la preocupación en zonas arroceras como el Darién y el oriente de Chiriquí. Para otros rubros como la cebolla, la falta de lluvias en periodos específicos genera confusión: "Ese trastocamiento hace que ya el agricultor no sepa ni cuándo sembrar ni cuándo regar".
Se espera que las lluvias características de noviembre "desaparezcan" o se reduzcan a chubascos aislados, dando paso a una temporada seca más seca entre enero y marzo.
Calzadilla enfatizó que las temperaturas seguirán elevadas, con una sensación térmica agobiante debido a la humedad residual. La recomendación técnica es clara: dejar de depender de la lluvia natural y planificar con sistemas de riego, pues "el niño va a acabar, pero puede venir una niña, puede venir un niño próximamente".