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Darién/La tortuga baula o laúd (Dermochelys coriacea), considerada la especie de tortuga marina más grande del mundo y catalogada en peligro crítico de extinción, volvió a anidar en el Pacífico panameño después de casi una década sin registros confirmados.
El hallazgo se produjo en playa El Fondiaderito, cerca de la comunidad de Jaqué, en la provincia de Darién, donde durante esta temporada fueron identificados tres eventos de anidación.
El registro representa un hecho de relevancia para la conservación de esta especie, cuyas poblaciones han experimentado un marcado descenso en distintas zonas del Pacífico oriental.
Durante años, investigadores y conservacionistas no habían podido confirmar la presencia de nidos de tortuga baula en las costas del Pacífico de Panamá. Aunque la especie mantiene una presencia más regular en el Caribe panameño, su ausencia en el litoral Pacífico había generado preocupación sobre el estado de sus poblaciones.
A partir de los registros realizados en El Fondiaderito, fueron protegidos 178 huevos, que fueron trasladados a un vivero de incubación como medida preventiva frente a amenazas como la depredación y la erosión de las playas.
En el trabajo participaron miembros de la comunidad, la Organización Protectora de la Tortuga Marina y la Biodiversidad de Jaqué y personal técnico de conservación de la Regional de Darién del Ministerio de Ambiente (MiAmbiente). De acuerdo con las estimaciones, el nacimiento de las crías podría producirse entre septiembre y octubre.
La protección de los nidos resulta especialmente relevante debido a la situación de la especie en el Pacífico Oriental. La tortuga baula ha sufrido un descenso de más del 95 % de su población desde la década de 1980, con una reducción particularmente marcada en playas de México y Costa Rica, consideradas históricamente entre sus principales zonas de reproducción.
La supervivencia de la tortuga baula enfrenta amenazas como la captura incidental en actividades pesqueras, el saqueo de nidos, la contaminación marina, la depredación, la erosión de las playas y el desarrollo costero no planificado.
También se suman los efectos del cambio climático, que pueden alterar las condiciones de las playas donde estas especies depositan sus huevos.
En Panamá, los registros de anidación en el Pacífico también se han reducido considerablemente. Según datos de la Fundación Agua y Tierra, en 2014 se reportaron dos nidos en playa Horcones, Los Santos, mientras que en playa Mata Oscura, Veraguas, se registraron dos nidos: uno en 2014 y otro, el último confirmado en esa zona, en 2017.
El biólogo Marino Ábrego, subdirector de la Dirección de Costas y Mares de MiAmbiente, señaló que la situación regional continúa siendo preocupante. Según explicó, actualmente se estima que existen menos de 500 hembras adultas anidantes de tortuga baula en todo el Pacífico Oriental Tropical.
Ante este escenario, se evalúan estrategias de conservación orientadas a reducir la mortalidad incidental y reforzar la protección de los nidos y las crías, en línea con las medidas establecidas en el Plan de Acción de la Red Laúd del Océano Pacífico Oriental.
Paralelamente, en el país se desarrollan investigaciones para conocer mejor los movimientos y amenazas que enfrenta la especie. Uno de estos proyectos es liderado por la Fundación Leatherback Project, que realiza monitoreos de tortugas marinas y estudios sobre participación comunitaria y manejo para su conservación en la Zona Especial de Manejo Marino Costero del Archipiélago de Las Perlas.
La investigación busca identificar amenazas, zonas de alimentación y rutas migratorias utilizadas por las tortugas baula en aguas panameñas, mediante el uso de transmisores satelitales y expediciones marinas.
Los resultados de estos estudios también han contribuido a iniciativas de protección como la creación del Refugio de Vida Silvestre de Isla Saboga y al desarrollo de medidas legales relacionadas con la protección de las tortugas marinas en Panamá.
El regreso de la tortuga baula a una playa del Pacífico panameño constituye, por tanto, un registro de alto valor científico. Para los especialistas, cada nido representa una oportunidad para estudiar y proteger a una población que se encuentra entre las más amenazadas del planeta.
Las cinco especies de tortugas marinas registradas en Panamá —lora o golfina, carey, baula o canal, caguama y verde o prieta— se encuentran incluidas en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y figuran en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).