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San Miguelito/La violencia ha traspasado los muros de las aulas en San Miguelito. El Ministerio de Educación (Meduca) enfrenta una realidad compleja en el distrito: el aumento sostenido de actos vandálicos y robos dentro de las instalaciones educativas, cometidos mayoritariamente por sus propios estudiantes. Lejos de ser consideradas simples travesuras infantiles, estas acciones revelan una crisis social profunda que requiere una respuesta inmediata y conjunta entre el Estado, la familia y la comunidad.
En una entrevista con Noticias AM, Lourdes Villar, subdirectora administrativa del Meduca en San Miguelito, detalló que la institución recibe reportes constantes de daños a la infraestructura escolar. Lo más alarmante, según señaló la funcionaria, es la edad temprana de los implicados y la naturaleza destructiva de los actos. "No buscan sustraer bienes, sino destruir", afirmó
Villar, quien identificó el hogar como el epicentro del problema. Para la oficial, la escuela no puede asumir sola la carga moral que corresponde a los padres.
Para Villar, la raíz de esta conducta violenta reside en la progresiva descomposición del núcleo familiar. "La familia casi ha desaparecido en este país", señaló con preocupación. La ausencia de figuras parentales presentes —ya sea por encarcelamiento, migración o porque la crianza recae exclusivamente en abuelas exhaustas— deja a los niños sin una brújula moral clara.
"Las prácticas de valores, ¿dónde se enseñan? En la escuela solo se fortalecen, pero eso viene de casa", explicó la subdirectora. Ante este escenario, el Meduca ha optado por no limitarse a medidas correctivas o punitivas. La estrategia principal es la prevención temprana.
Villar destacó la colaboración estrecha con la Policía Nacional y la Policía de Menores, quienes han llevado programas como "Clamor en la Calle" y "Escuela Vigilante" directamente a las aulas, incluyendo los niveles primarios. El objetivo es interceptar a los niños antes de que sean captados por estructuras delictivas o normalicen la violencia.
Además, la institución está desplegando gabinetes psicopedagógicos con psicólogos y trabajadores sociales. La idea es que la escuela pueda entender el contexto de vulnerabilidad que rodea al estudiante. "Si no hay un papá o una mamá responsable que enseñe valores, nosotros no vamos a tener cambios reales", sentenció Villar.
Uno de los puntos más críticos abordados fue la posible vinculación de estos actos con el crimen organizado. Al encontrar nombres de bandas operativas en San Miguelito pintados en las paredes dañadas, surge la interrogante sobre si estos jóvenes son miembros activos de pandillas.
Villar sugiere que, en muchos casos, no se trata de una afiliación formal, sino de una búsqueda desesperada de pertenencia o una liberación de frustraciones acumuladas. "Muchas veces no es que pertenezcan al pandillerismo, sino que es la manera de ellos pedir auxilio", indicó. La ansiedad y la carencia emocional los llevan a exteriorizar su dolor a través de la destrucción de lo público.