Contenido Exclusivo: Cascabel después de la tragedia

A pesar de las carencias, el aislamiento y los riesgos, Cascabel no renuncia a la esperanza. Sus comunidades siguen apostando por la educación y el trabajo como herramientas de cambio.

Contenido Exclusivo: Cascabel después de la tragedia
Ney Abdiel Castillo - Corresponsal
23 de febrero 2026 - 20:23

A casi cuatro meses de la tragedia del 27 de octubre, Día del Estudiante, la comunidad de Cascabel, en la comarca Ngäbe Buglé, sigue marcada por el dolor y la incertidumbre. Lo que ocurrió aquel día no solo dejó luto; también expuso las difíciles condiciones que enfrentan a diario cientos de estudiantes para poder llegar a clases.

Con el inicio del nuevo año escolar, la rutina vuelve a repetirse. Para la mayoría de los alumnos, ir a la escuela significa cruzar ríos y quebradas, caminar durante horas entre lomas y senderos de tierra y desafiar las inclemencias del tiempo. En el corregimiento —el más extenso de Mironó, con 123 kilómetros cuadrados y también el menos poblado, con 13.3 habitantes por kilómetro cuadrado— la educación continúa siendo una carrera de resistencia.

El 95 % de los casi 600 estudiantes del Centro Educativo Básico General de Cascabel debe atravesar dos quebradas y un río para asistir a clases. Algunos caminan hasta dos horas y media cada día. A pesar del riesgo, muchas familias consideran que el esfuerzo vale la pena: para muchos niños y niñas, la escuela no solo representa aprendizaje, sino también la garantía de al menos un almuerzo diario.

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Aunque el Ministerio de Educación en la comarca Ngäbe Buglé ha pedido a los padres no exponer a los estudiantes cuando el clima represente una amenaza, la realidad es compleja. Quedarse en casa puede significar perder clases y también enfrentar mayores carencias.

Ríos en la comarca Ngäbe Buglé
Ríos en la comarca Ngäbe Buglé / TVN Noticias

Tras la tragedia, el Gobierno ha iniciado la construcción de puentes tipo zarzo para ofrecer pasos más seguros. Sin embargo, mientras estas soluciones toman forma, los residentes continúan utilizando puentes improvisados, levantados con sus propios recursos y materiales disponibles. Estas estructuras artesanales son, por ahora, la única alternativa para cruzar ríos como el Sagüí, especialmente para quienes viven en sectores como Cerro Santiago y Cerro Blanco, al norte del corregimiento.

Pero el aislamiento no solo afecta la educación. En Cascabel, acceder a atención médica también implica largas caminatas por caminos rurales y trillos peligrosos como la loma El Chivo, donde los accidentes de transporte son frecuentes. En situaciones de emergencia, la distancia y la falta de infraestructura convierten cualquier urgencia en una carrera contra el tiempo.

Las cifras reflejan la vulnerabilidad de la zona: el 74% de sus habitantes tiene menos de 30 años; de sus 1,205 pobladores, 714 están en edad escolar. Además, según el Censo 2023, 114 personas nunca fueron inscritas en el Registro Civil, solo cinco cotizan al Seguro Social y la mayoría carece de cobertura.

A pesar de las carencias, el aislamiento y los riesgos, Cascabel no renuncia a la esperanza. Sus comunidades siguen apostando por la educación y el trabajo como herramientas de cambio. Cuatro meses después de la tragedia, el clamor es claro: que las soluciones no sean temporales y que las oportunidades finalmente crucen el río junto a sus estudiantes.

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