El Chavo del 8
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Los pescadores artesanales del Pacífico panameño enfrentan una doble presión: cada vez deben alejarse más de la costa para encontrar peces y, al mismo tiempo, asumir mayores gastos de combustible para intentar mantener una actividad que para muchas familias representa su principal sustento.
En lugares como Puerto Caimito y Playa Leona, varias embarcaciones permanecen varadas ante la disminución de las capturas. Los pescadores aseguran que las condiciones del mar han cambiado y que lo que antes podían conseguir cerca de la costa ahora los obliga a recorrer mayores distancias.
“Antes tú ibas cerca, venías y traías productos, traías tus cinco canastas. Ahora tú vas más lejos y traes menos mercancía de pescado”, explicó Jean Carlos Ábrego, pescador de playa Leona en La Chorrera, quien también advierte sobre los riesgos de aventurarse mar adentro en embarcaciones pequeñas cuando las condiciones empeoran.
“No nos atrevemos a arriesgarnos porque ya mar afuera vienen vientos más fuertes y oleajes, y esas panguitas no son para eso. Se mete agua por la proa y podemos irnos abajo, al agua”, relató.
La situación también ha cambiado la rutina de pescadores como Marcos de la For, quien lleva años dedicado a esta actividad en Playa Leona. Ahora, en lugar de salir diariamente a buscar pescado, pasa parte del tiempo lavando su lancha.
Uno de los principales obstáculos es el costo que implica salir al mar. Según explicó, anteriormente una jornada podía realizarse con entre 30 y 40 dólares en combustible, mientras que actualmente puede requerir más de 100 dólares, sin garantía de recuperar esa inversión con la pesca obtenida.
“Y a veces la pesca no te da para eso”, señaló.
El aumento de la temperatura del mar ha modificado las condiciones del ecosistema y, según los pescadores y especialistas consultados, las especies se han desplazado hacia otras zonas.
La consecuencia es una reducción considerable de las capturas.
Antes, una embarcación artesanal podía obtener entre 400 y 500 libras de pescado en un día. Ahora, la captura puede reducirse a entre 10 y 20 libras y, en ocasiones, no conseguir nada.
Además, las embarcaciones pequeñas que antes encontraban producto a poca distancia de la costa ahora deben recorrer entre 2 y 3 millas náuticas para encontrar zonas de pesca.
La situación también obliga a las embarcaciones de mayor tamaño a permanecer más tiempo en el mar.
Jesús Morales, presidente de la Federación de Pescadores de Panamá, explicó que decidió suspender temporalmente las operaciones de tres embarcaciones para evitar continuar acumulando pérdidas.
“Ningún negocio con pérdidas puede avanzar”, sostuvo.
Según Morales, algunas embarcaciones que antes realizaban sus faenas en períodos más cortos ahora deben permanecer 7, 12 o hasta 13 días en el mar, dependiendo de las condiciones y de la disponibilidad del producto.
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El problema pudo comprobarse durante un recorrido por el Pacífico. En una de las zonas visitadas fueron encontrados tres pescadores que habían logrado capturar langosta y pulpo, pero ningún pescado.
En otra embarcación, cerca de la bahía de Panamá, los pescadores descansaban durante el día para intentar nuevamente durante la noche.
Después de seis días en el mar, la captura apenas alcanzaba la mitad de las dos tinas que esperaban llenar, una situación que representa pérdidas para quienes deben asumir los costos de combustible, alimentación y operación de la embarcación.
La necesidad de buscar peces en aguas más distantes también incrementa los riesgos para los pescadores.
Eliecer Castillo, de Búsqueda y Rescate del Servicio Nacional Aeronaval (Senan), explicó que una de las principales incidencias que atienden corresponde a embarcaciones que se quedan sin combustible.
El problema ocurre cuando los pescadores, al no encontrar producto cerca, deciden aventurarse a aguas más distantes utilizando el mismo combustible con el que salieron.
“En su retorno a puerto pueden sufrir fallas en los motores por falta de combustible”, explicó.
A esto se suman los daños en motores que son sometidos a un mayor esfuerzo y que pueden dejar las embarcaciones a la deriva, obligando al Senan a intervenir para trasladarlas a un lugar seguro.
Para el sector pesquero, el problema no se limita al calentamiento del mar.
Kelvin Gómez, representante del sector pesquero nacional, explicó que algunas especies se están desplazando hacia zonas donde los pescadores no pueden ingresar debido a las restricciones existentes.
Mencionó específicamente la cordillera de Coiba, donde confluyen corrientes de aguas más frías y donde, según el sector, se concentra actualmente parte del producto que buscan.
“Donde hay corriente hay agua fría, pero nosotros no podemos entrar a esas áreas”, afirmó.
El desplazamiento de las especies responde a las condiciones ambientales. Los peces dependen de determinados niveles de temperatura, oxígeno y salinidad y, cuando estas condiciones cambian, buscan otras áreas para sobrevivir.
Gómez puso como ejemplo una embarcación que permaneció 27 días en el mar y apenas logró obtener una tina de pescado, cuyo valor estimado era de unos 8 mil dólares, una cantidad que, según explicó, ni siquiera permite cubrir los gastos de la operación.
Alexis Peña, coordinador técnico de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (Arap), advirtió que las condiciones previstas para este año requieren preparación por parte del sector.
Según explicó, las condiciones apuntan a un fenómeno de El Niño intenso durante 2026, con una posible prolongación hasta principios de 2027.
Ante este escenario, considera necesario preparar y orientar a los pescadores sobre las características del fenómeno y sus posibles efectos.
A la disminución de las capturas se suma el costo del combustible, que representa uno de los principales gastos para mantener una embarcación operativa.
En Panamá, alrededor de 3,500 embarcaciones artesanales dependen de esta actividad. Una reducción en la pesca no solo afecta los ingresos de quienes salen al mar, sino también la disponibilidad de pescado y mariscos en el mercado.
Menor oferta, mayores costos de operación y una reducción en las capturas terminan trasladándose al consumidor.
Así, el impacto del calentamiento del mar comienza en las zonas de pesca, pero termina también en los hogares panameños, donde el pescado podría convertirse en un producto cada vez más costoso y difícil de adquirir.