Contenido Exclusivo: Plantas residuales en el limbo

Las alcantarillas se desbordan cuando llueve y las aguas residuales regresan a sus casas.

Una planta de aguas residuales en abandono. / TVN Noticias
Yenny Caballero - Periodista
02 de septiembre 2026 - 20:13

Ciudad de Panamá, Panamá/Las plantas de tratamiento de aguas residuales cumplen una función esencial: recibir y depurar las aguas servidas antes de que regresen al ambiente.

Pero cuando estos sistemas fallan, las consecuencias terminan en las calles, las viviendas y las fuentes de agua y en Panamá, cada vez son más las comunidades que conviven con derrames, malos olores y plantas colapsadas.

En Nuevo Tocumen, esta realidad no es nueva.

Los residentes aseguran que el problema comenzó hace 15 años, cuando la promotora que construyó sus viviendas se declaró en quiebra.

Carlos Alexi, dirigente comunitario, dijo que el vertimiento de las aguas servidas a una quebrada es un foco de contaminación. Y nos muestra cómo se ve limpia por una parte y cómo termina como un foco de peligro.

Las alcantarillas se desbordan cuando llueve y las aguas residuales regresan a sus casas.

Víctor Garrido, residente de Nuevo Tocumen, habló de los malos olores y los mosquitos. Cuando llueve, las aguas excretas se desbordan y se regresan a los baños.

Muchas aguas residuales vierten en ríos
Muchas aguas residuales vierten en ríos / TVN Noticias

En esta zona, la planta de tratamiento debía funcionar para Nuevo Tocumen, Altos del Ángel y Cántaro 1 y 2. Pero colocaron una tubería directa que vierte las aguas en esta quebrada que forma parte de la cuenca del río Juan Díaz.

Para Carlos, lo que debía ser la planta de tratamiento es un criadero de lagartos, tortugas y mosquitos; es un área muy peligrosa.

Para José Hopfrien, el problema va mucho más allá de las aguas residuales. Su mayor preocupación son los niños que utilizan el parque de Nuevo Tocumen, quienes han visto cómo los espacios destinados para jugar y hacer deporte se convierten en zonas contaminadas.

José cuenta que las aguas verdes han inundado el parque, hay mosquitos, salen babillos, lagartos y que cuando llueve fuerte todo se estanca, que nadie puede usar el parque.

Incluso dice Víctor que cuando llueve hay que esperar 15 días para que el agua baje y esa agua no es lluvia, es agua de excretas.

Pero lo que ocurre en Nuevo Tocumen no es un caso aislado.

Muchas plantas de tratamiento están en completo abandono
Muchas plantas de tratamiento están en completo abandono / TVN Noticias

A lo largo del país, el deterioro y mal funcionamiento de los sistemas de tratamiento de aguas residuales también está poniendo en riesgo cuerpos de agua que abastecen a la población.

Panamá Oeste registra uno de los puntos con mayor contaminación por aguas residuales, con 8 puntos de vertimiento en el río Caimito, afectando la potabilizadora Jaime Díaz Quintero. Conocida como El Trapichito.

Karina Camarena es la jefa de riesgos ambientales de Mi Ambiente y explica que han realizado colectas de agua residuales y han encontrado parámetros muy por encima de la norma. Los parámetros son de 250 el límite permitido y hemos encontrado hasta miles de coliformes fecales.

Por su parte, César Díaz, director de seguimiento y control de operaciones del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan), advierte que a peor calidad del agua cruda aumentan los costos para poder potabilizar esa agua.

Lo mismo pasa aguas arriba de la planta potabilizadora de Pacora.

Pero, ¿cómo cambia el proceso para que esta agua pueda ser apta para el consumo?

Muchas son focos de contaminación
Muchas son focos de contaminación / TVN Noticias

Díaz además señala que eso afecta el proceso de potabilización del agua, incrementa las bacterias que complican el proceso de potabilización, ya que las plantas fueron construidas de una forma y ahora deben funcionar de otra manera.

Ahora el Ministerio de Ambiente y el Idaan trabajan en acciones para rehabilitar los sistemas.

En Panamá Oeste, donde han identificado cuatro tanques sépticos que vierten aguas en el río Caimito, afectando la potabilizadora Jaime Díaz Quintero. También hacen lo mismo cuatro plantas de tratamiento de aguas residuales.

En Panamá Norte, siete plantas de tratamiento vierten sus aguas en los ríos Lajas y Chilibre y afluentes del río Chilibre y Chilibrillo, que terminan contaminando a la potabilizadora Federico Guardia Conte.

Mientras que en la provincia de Los Santos un proyecto inmobiliario vierte en el río Estibaná y afecta la potabilizadora Rufina Alfaro.

Para Camarena, la verificación en campo les ha permitido reconocer que hay descargas incontrolables y están haciendo los trabajos de rehabilitación del sistema, y que para eso hay que entrar con el decreto de pasivos ambientales y que los costos que genere la rehabilitación y la remediación de estas plantas serán transferidos al responsable de este daño ambiental.

En Praderas de San Lorenzo, donde viven cerca de 5,000 familias, el colapso de la planta de tratamiento ha provocado que aguas servidas se acumulen y terminen cayendo diariamente al río Caimitillo.

Preocupada por esta situación, la organización Base Comunitaria realizó consultas ante la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). En un informe remitido por la entidad, se detallan inspecciones técnicas que evidenciaron deficiencias en la operación de 10 plantas de tratamiento, descargas insuficientemente tratadas y problemas de mantenimiento.

El mismo fue fechado en junio del 2026 y remitido al Ministerio de Salud y al Ministerio de Ambiente.

Zadith del Cid vive en Panamá Norte y ve con preocupación esta situación. Nos dice que ellos compraron casas y pagaron por plantas de tratamiento que no existen y sistemas de alcantarillado que no tenemos y ven cómo cada día se les deteriora la salud.

Y ese es el trabajo que hace MiAmbiente, recorriendo diariamente todas las cuencas hídricas y, más que nada, las que son de abastecimiento para potabilizar el agua para el consumo humano.

Mientras tanto, las aguas contaminadas de la barriada Praderas de San Lorenzo continúan su curso hacia el río Caimitillo.

El Idaan reporta que maneja 68 plantas de tratamiento, 44 manejadas por ellos y 24 por el proyecto de Saneamiento de Panamá.

Luis Arcia, director nacional de saneamiento del Idaan, explica que ellos tienen 24 plantas de tratamiento que están iniciando su rehabilitación; algunas tienen más de 40 años que no han sido reparadas y se están rehabilitando.

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En Colinas de Las Cumbres hay dos puntos de descarga y así se hace desde hace 13 años... Los canales de aguas servidas descargan en la quebrada María Henríquez.

Y eso lo narra Eric Rodríguez, morador de esta comunidad y en su momento la persona que se encargaba de operar la planta de tratamiento. Cuenta cómo la empresa se fue y dejó todo eso así, que desde el 2012 la planta no operó más.

Desde el Idaan, Arcia advierte de que estas plantas no le pertenecen a la entidad, no han sido traspasadas; las plantas que el Idaan administra no afectan ninguna toma cruda de agua.

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Encontramos al equipo SWAT de verificación de desempeño ambiental de MiAmbiente en plena labor: identificando puntos de vertimiento y coloreando el agua para seguir el rastro de la contaminación.

Pero detrás de cada punto marcado hay una realidad que no puede seguir siendo ignorada: aguas servidas recorriendo comunidades, pasando junto a viviendas y sembradíos, mientras los malos olores, la contaminación y los mosquitos forman parte del día a día de quienes viven allí.

Para Zadith, que vive rodeada de este problema, el grado de deterioro ambiental afecta su salud física y respiratoria y nos dice que nuestros niños viven entre aguas residuales.

Es en Panamá Norte, Juan Díaz, la comunidad de Colinas de Las Cumbres, donde el vertimiento cae justo en la quebrada María Henríquez. Y es que el Idaan y MiAmbiente han identificado más de 1,200 plantas de tratamiento colapsadas en todo el país. 17 de ellas necesitan intervención inmediata.

Para Eric y sus vecinos es un problema de nunca acabar; las aguas servidas caen a la quebrada y los desbordes de las alcantarillas están en plena calle y, de hecho, hay uno que tiene más de 8 años de botar excretas en la calle.

Mientras las instituciones evalúan, rehabilitan y buscan responsables, miles de familias continúan conviviendo con malos olores, mosquitos y aguas contaminadas. Y, una vez más, son los más pobres y quienes hacen mayores sacrificios para poder comprar una vivienda los que terminan pagando las consecuencias de problemas que no provocaron.

La pregunta que queda sobre la mesa es inevitable: ¿Cuántos ríos, cuántas comunidades y cuánto más tendrán que contaminarse antes de que la solución deje de ser una promesa y se convierta en una obligación?

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