Tierra Lejana
En vivo
Ciudad de Panamá, Panamá/La tecnología está en todo: despertamos con el celular, pasamos el día conectados y terminamos la noche mirando una pantalla. Pero entre notificaciones, videos y scroll infinito, hay una pregunta que cada vez cobra más fuerza: ¿estar conectados nos está pasando factura?
Una gran mayoría de personas despiertan y lo primero que hacen es revisar el celular. Estudian o trabajan frente a una computadora, hablan por aplicaciones, buscan todo en segundos y, al final del día, vuelven a la pantalla, incluso desde la cama.
Algunos ciudadanos respondieron qué tan pendientes están de sus teléfonos móviles y si consideran que afecta su concentración.
Ayleen Escobar conoce del tema, dice que estudió algo relacionado con el uso de la tecnología y es algo que se ve muy seguido: “La tecnología afecta”. Confirma que ella lo vive en primera persona, porque está acostumbrada a estar pendiente de sus dispositivos.
Las notificaciones no solo interrumpen una conversación; también pueden fragmentar la atención. Investigadoras de la Universidad Tecnológica de Panamá estudian cómo la exposición constante a estímulos está afectando la capacidad de concentración.
Gema Castillo, además de profesora, integra el Sistema Nacional de Investigación (SIN), y recalca que todos los dispositivos, ya sean celulares, tabletas, videojuegos, etcétera, están programados para que las personas estén interactuando siempre.
“Hay quienes obtienen una gratificación constante por continuar y por eso nos cuesta hacer tareas de concentración profunda como análisis de datos o investigaciones”, sostiene Castillo.
Y no hace falta una gran interrupción: una vibración, una alerta o incluso esperar que llegue algo al celular puede generar distracción. Así, tareas que requieren concentración compiten constantemente con nuevos estímulos.
Según Castillo, “alguna actividad que antes costaba media hora, ahora cuesta mucho más tiempo”. Es un fenómeno que se ve en todos los niveles, incluso en los adultos que tienen un poco de madurez y pueden desconectar colocando el teléfono en modo avión.
¿Ha sentido que le cuesta concentrarse porque revisa constantemente el teléfono? Algunos jóvenes reconocen que sí, pero toman medidas para combatirlo.
Otra joven, Stephanie Morales, dice que sí, los celulares pueden ser un problema, pero que en su caso trata de alejarlo lo más que pueda al momento de descansar para tratar de no depender y no lo revisa en cuanto se despierta para evitar sobrecargarse.
Vivir pegados a una pantalla también puede pasarle factura al cuerpo. Los ojos pueden sufrir fatiga, resequedad o visión borrosa temporal. La atención también se fragmenta entre notificaciones, mensajes y el “scroll” constante. Durante la noche, la pantalla mantiene a las personas activas y retrasa el sueño.
La Asociación Americana de Psicología acuñó el concepto de “technostress”: el estrés asociado al uso de internet, celulares, tabletas y otras tecnologías. Puede producir sensación de ansiedad y sobrecarga de información.
Aunque en Panamá hay limitaciones en los registros estadísticos sobre ese fenómeno, los especialistas aseguran que las consecuencias asociadas al uso excesivo de la tecnología comienzan a aparecer con mayor frecuencia y, en la consulta psiquiátrica, la preocupación se amplía.
Según la médica psiquiatra Juana Herrera, cada día son más frecuentes las visitas a los consultorios médicos por parte de los adultos, con respecto a qué hacer para atender al problema. También están los casos de instituciones que piden charlas u orientación de cómo actuar en casos similares, lo que es considerado como una señal de que algo está pasando.
El sueño también paga la factura. El uso de dispositivos durante la noche puede interferir con el sueño, no solamente por la luz de las pantallas, sino porque el contenido que consumimos mantiene al cerebro activado.
En esa vía, la profesora Castillo apunta que cuando una persona ya no es capaz de desconectarse en el día o medía hora antes de dormirse y necesita tener el celular o escuchar un podcast para conciliar el sueño, se debe considerar como una “pequeña” alerta que se tiene que atender.
En tanto, Herrera afirma que el sonido de los mensajes altera el sueño, así como la luz azul, que es un estimulante para alterar una hormona necesaria para dormir.
Pero las consecuencias de permanecer durante horas frente a una pantalla no terminan en la mente.
Mientras la atención está concentrada en un celular o una computadora, el cuerpo mantiene posiciones que, repetidas día a día, pueden generar molestias y lesiones.
Horas mirando hacia abajo pueden pasar factura. Cabeza inclinada por mucho tiempo, más tensión en cuello y hombros, mala postura, molestias en espalda.
El fisioterapeuta de la Caja de Seguro Social, Josip Espinoza, detalla que hay una lesión denominada “cuello de texto”, por el sobreuso tanto del celular como de las tabletas.
La cabeza pesa alrededor de diez libras, explica el fisioterapeuta. Al inclinarla constantemente hacia adelante, aumenta el esfuerzo que deben realizar los músculos que sostienen la región cervical.
Cada vez que se inclina más y más la cabeza, se aumenta el esfuerzo que tienen que trabajar los músculos posteriores del área cervical y dorsal de la columna vertebral y así el músculo se va tonificando, lo que desencadena molestias en el cuello.
Usar el mouse de la computadora y el teclado también tiene sus recomendaciones especiales para evitar molestias y lesiones.
Pero hay una precisión importante: la tecnología no es el problema por sí sola. Bien utilizada, también puede convertirse en una herramienta para mejorar nuestra calidad de vida.
La clave está en encontrar el equilibrio: tener momentos sin pantalla, descansar, movernos, cuidar la postura y recuperar espacios para conectar cara a cara.
Otros contenidos exclusivos: