Contenido Exclusivo: El tratado que cambió a un país
Duró veinte años la transición. Pero tal como decía el tratado, una vez entró en vigencia, no hubo más Zona del Canal y se devolvió la vía interoceánica a los panameños.
Ciudad de Panamá, Panamá/“Yo viví el 9 de enero muy intensamente porque era estudiante, estaba terminando el tercer año de Ingeniería Civil como estudiante nocturno de la Universidad de Panamá y vimos caer gente porque ya estaba el ejército”.
Son los recuerdos de Jorge Arosemena, de la juventud que salió a las calles el 9 de enero de 1964, día en que hubo muertos y heridos porque estudiantes intentaron ondear la bandera panameña en la Zona del Canal, que era exclusiva para norteamericanos.
Estos y otros tantos hechos de aquel 9 de enero fueron el impulso de las negociaciones, que llevaban trece años, pero pocos avances, para la firma de un tratado con el Gobierno de Estados Unidos que devolviera el Canal y la soberanía a Panamá.
Jorge Eduardo Ritter da fe de que el 9 de enero de 1964 hizo que cobrara fuerza acabar con el enclave en Panamá.
“No era el Canal que fuera administrado por Estados Unidos; la humillación permanente era tener la Zona del Canal, un Estado dentro de otro Estado, un país dentro de otro país”, dijo el excanciller.
Ritter era el viceministro de uno de los negociadores, Adolfo Ahumada, y por eso estuvo muy cerca del proceso para la firma de los Tratados Torrijos-Carter.
Dice que hubo muchas dudas de que se concretara, hasta que llegó a la presidencia de Estados Unidos Jimmy Carter.
“De hecho, él le promete a nuestro embajador Gabriel Lewis Galindo, el día que presentó credenciales, en marzo de 1977, él le dijo: ‘Antes de que caiga la primera nevada, usted va a tener un tratado', y el tratado se firmó el 7 de septiembre, mucho antes de la primera nevada en Washington”, recalcó Ritter.
Duró veinte años la transición. Pero tal como decía el tratado, una vez entró en vigencia, no hubo más Zona del Canal y se devolvió la vía interoceánica a los panameños.
“Antes que se firmaran los tratados, la compañía del Canal le entregaba a Panamá 1 millón 900 mil dólares; en el nuevo presupuesto de la ACP le están entregando más de 3 mil millones de dólares; es la diferencia de tener dos dólares y tener 3 mil”, dijo Ritter.
La Autoridad del Canal de Panamá administraría todo lo relacionado con el paso marítimo, mientras la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) se encargaría de los bienes revertidos.
“Me cuesta mucho trabajo imaginarme este país sin los puertos, sin el Canal y con una Zona del Canal”, explicó Ritter.
El Fuerte Clayton, hoy Ciudad del Saber, fue la instalación militar más importante del Ejército de Estados Unidos en Panamá.
Jorge Arosemena, que cuando joven, aquel 9 de enero tuvo pánico porque fue confundido con norteamericano, hoy es el presidente ejecutivo de la Fundación Ciudad del Saber.
Y, paradójicamente, décadas antes, en su oficina, el jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos lideró la invasión a Panamá.
“Desde este mismo sitio donde estamos ahora mismo se dirigió la invasión a nuestro propio país, el general Cisneros de Puerto Rico”, añadió Arosemena.
Además de ser base militar, el Fuerte Clayton tenía todo tipo de facilidades. Muchas de ellas permanecen: zona de restaurantes, el centro de convenciones era para fiestas, además de bolos, piscina, campos de juego, entre otros.
“Los que tenemos más años encima teníamos totalmente vedado el acceso a estos lugares, por supuesto a la Zona del Canal en general”, indicó.
Pero toda esta zona era prohibida para los panameños.
Hoy los nacionales y hasta extranjeros pueden circular libremente, incluso hacer actividades culturales y disfrutar al aire libre.
Con la reversión, aquella base militar se convirtió en una especie de campus académico y universitario, bajo la Fundación Ciudad del Saber, privada y sin fines de lucro.
“Es una comunidad con más de 200 instituciones públicas, privadas, centros de investigación, organismos internacionales, nuevas empresas, todo un movimiento de creación de emprendimiento”, manifestó Arosemena.
Otro sitio revertido fue Panamá Pacífico. Hoy es un área económica especial, con hub logístico y empresarial, así como zonas residenciales exclusivas. Antes albergó a la Base Aeronaval de Howard, utilizada por el Ejército de Estados Unidos.
Pedimos entrevista a Panamá Pacífico, pero no se concedió.
Para acceder a estos sitios, los panameños tenían que pasar por el control militar norteamericano, al igual que en otros puntos de la Zona del Canal.
En la ciudad de Panamá quedan estructuras de los llamados zonian: la Escuela de Balboa, su estadio, las barracas y casas en sectores como Curundú, Diablo, Los Ríos, Balboa, así como Albrook, incluyendo el Aeropuerto Marcos A. Gelabert y los puertos, entre muchos otros.
En total, fueron unas 137 mil 124 hectáreas revertidas de esta extensión. El 68% correspondía a tierra, unas 93 mil hectáreas, mientras que el 32% restante, cerca de 43 mil hectáreas, fueron áreas marítimas.
Pero, ¿qué ocurrió con todo ese territorio?
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Unas 2,769 hectáreas quedaron disponibles para desarrollo, con posibilidad para proyectos residenciales, de uso mixto, turísticos, comerciales e industriales.
Después de la reversión, 858 hectáreas fueron vendidas, una buena parte a la Autoridad del Canal de Panamá, principalmente por la ubicación estratégica de los terrenos y su cercanía con las cuencas que abastecen al Canal.
En la Autoridad Administrativa de Bienes Revertidos, el secretario ejecutivo, Jorge Díaz, habló de los ingresos.
“Alrededor de siete millones u ocho millones anuales percibimos en ingresos por contratos de arrendamiento con inversión o concesiones, ya sea residencial o comercial”.
Se asegura que hay un plan maestro de ordenamiento de las áreas revertidas y se hacen revisiones a contratos, asignaciones y concesiones.
Hay estructuras en Howard, Curundú y Amador, con deterioro y desuso, entre ellas, el Centro de Convenciones o antiguo Figali. Lo administra la Unidad de Bienes Revertidos. Se explicó que los eventos se hacen en la plaza, no dentro, y que hay un plan de reestructuración.
Sangre y vidas quedaron en el camino hacia la soberanía plena de nuestro territorio. Una generación que luchó para que su relevo asuma el compromiso de no olvidar lo que costó el Tratado Torrijos-Carter y su cumplimiento.
Cambiar para mejor las condiciones de un país. Queda pendiente que la población completa disfrute de sus beneficios.