Grooming y sextorsión: Cuando jugar deja de ser seguro y la inocencia es interrumpida

Si antes el agresor sexual necesitaba acercarse físicamente a una víctima, hoy puede hacerlo desde cualquier parte del mundo utilizando un teléfono celular, una computadora o una consola de videojuegos.

En los últimos años los delitos como sextorsión y el grooming han ganado terreno / Imagen creada con inteligencia artificial

Lo que comienza como una conversación aparentemente inocente en un videojuego, una solicitud de amistad en redes sociales o un mensaje privado en una aplicación de mensajería puede convertirse en el inicio de una pesadilla para niños, niñas y adolescentes.

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En los últimos años, las autoridades panameñas ha visto con preocupación el avance del grooming y la sextorsión, delitos que han encontrado en la tecnología y en los espacios digitales un terreno fértil para la captación de víctimas infantiles y adolescentes.

Especialistas en investigación criminal, fiscales y psicólogos coinciden en que la combinación entre acceso temprano a dispositivos electrónicos, largas horas de conexión a internet y una supervisión insuficiente ha incrementado la vulnerabilidad de los menores frente a depredadores sexuales que operan bajo el amparo del anonimato.

Este fenómeno, conocido globalmente como "grooming", es una práctica delictiva en la que un adulto utiliza internet o redes sociales para ponerse en contacto con un niño, niña o adolescente. El objetivo principal del agresor es ganarse la confianza del menor de manera progresiva, manipulándolo emocionalmente. Una vez que logra establecer ese vínculo y derribar sus defensas, el adulto comienza a introducir temas de índole sexual, buscando obtener material íntimo (como fotos o videos), extorsionar a la víctima o, en los casos más graves, pactar un encuentro físico para perpetrar un abuso sexual.

La fiscal superior de delitos contra la libertad e integridad sexual, Janeth Rovetto, sostiene que el grooming no es un evento fortuito, sino una estrategia metódica y silenciosa que deja al descubierto la línea de operación de estos criminales.

"El depredador sexual no sabe nada de la víctima, pero en el término de una semana ha reunido información suficiente para extorsionarla, manipularla emocionalmente y obligarla a concurrir a un determinado sitio para perpetrar el abuso sexual, porque ya tiene toda la información de ella", señala.

La fiscal Rovetto relata un caso que ilustra el devastador poder emocional que ejercen estos agresores: una víctima de solo nueve años fue manipulada de tal manera que llegó a creer que el sujeto la vigilaba desde un lugar oculto e invisible. Bajo esa coerción psicológica, el depredador la obligó a introducirse objetos en sus genitales. La presión fue tan grave que la menor llegó a atentar contra su propia vida, porque sentía que no tenía escapatoria.

La anatomía del engaño escondida detrás de los videojuegos

La popularidad de videojuegos como Roblox, Minecraft, Fortnite, Free Fire y Call of Duty ha transformado la manera en que niños y adolescentes interactúan entre sí, convirtiéndose en los canales de comunicación predilectos para la denominada generación "alfa", los nacidos a partir del año 2010.

Estas plataformas permiten conversar en tiempo real mediante chats escritos o de voz, formar grupos de juego y establecer relaciones con personas de distintos países.

Sin embargo, expertos advierten que esas mismas herramientas de comunicación también son utilizadas por los depredadores sexuales. Mientras los menores creen estar interactuando con otros jóvenes de su misma edad, del otro lado de la pantalla, puede encontrarse un adulto con intenciones más que peligrosas.

Muchos de estos videojuegos permiten el intercambio de mensajes privados y contactos externos, facilitando que las conversaciones migren posteriormente a aplicaciones como WhatsApp, Telegram, Instagram o Discord, donde el control parental suele ser más limitado.

Aunque parece algo aislado, el fenómeno del grooming es más recurrente de lo que se piensa. Datos internacionales revelan que los acosadores suelen ser personas socialmente adaptadas, con edades entre los 28 y 35 años.

El primer informe sobre grooming en Latinoamérica, presentado en 2024 y elaborado a partir de la participación de más de 17 mil niños, niñas y adolescentes de 11 países, reveló hallazgos preocupantes. El estudio encontró que tres de cada diez menores acceden a su primer dispositivo digital antes de los nueve años de edad.

Asimismo, cerca del 60% permanece conectado a internet al menos cuatro horas diarias. En países como Chile, Colombia y Argentina, los tiempos de conexión incluso superan las siete horas por día.

Uno de los datos más alarmantes señala que cuatro de cada diez niños y adolescentes reconocieron haber mantenido conversaciones con desconocidos a través de redes sociales o videojuegos en línea.

Además, cerca del 20% manifestó haber recibido solicitudes de carácter sexual, siendo el pedido de fotografías íntimas una de las prácticas más frecuentes.

La parálisis de la culpa y las señales de alerta

El impacto psicológico del grooming puede ser devastador. Sus secuelas dejan cicatrices emocionales similares a las del abuso físico, incluso si el acoso ocurre únicamente en línea. Frente a esta realidad, la psicóloga Itzel Navarro, de la Unidad de Protección a Víctimas del Ministerio Público (Upacvit), advierte que uno de los principales obstáculos para denunciar es el sentimiento de culpa en las víctimas.

Muchos menores creen que son responsables de lo ocurrido por haber respondido mensajes, compartido información personal o enviado imágenes íntimas. Esa culpa suele generar silencio, parálisis, aislamiento y temor.

La especialista insiste en que la prevención comienza en casa y subraya la importancia de que los padres conozcan el entorno digital de sus hijos: “Tienes que conocer el mundo digital del chico, no hay otra manera. Tienes que poner reglas desde el momento uno en el que entregas el aparato”.

Cambios repentinos en la conducta, aislamiento social, disminución del rendimiento académico, alteraciones emocionales o pérdida de interés en actividades habituales pueden ser señales de alerta que no deben ignorarse.

Ley contra la ciberdelincuencia

En agosto de 2025, se sancionó la Ley 478 contra la ciberdelincuencia. La nueva norma que modifica el Código Penal y el Código Procesal Penal marca un hito en la regulación de los delitos informáticos en Panamá ya que por primera vez, se tipifican como delitos penales la suplantación de identidad, la divulgación de contenido íntimo sin consentimiento, la sextorsión, el acoso y hostigamiento digital, incluyendo el grooming. Las penas contempladas van desde los 2 hasta los 6 años de prisión, y pueden aumentar de 15 a 20 años cuando la víctima es menor de 14 años o una persona con discapacidad.

El mayor Vladimir González, de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), reconoce que enfrentar la ciberdelincuencia representa un desafío cada vez mayor, especialmente ante el crecimiento sostenido de estos delitos y la evolución de las herramientas tecnológicas.

"Solamente el año pasado, tuvimos más de 100 casos relacionados con menores de edad y temas de tipo sexual, pero te puedo asegurar que hay muchos más casos porque no somos la única entidad de investigación en la Policía Nacional que se dedica en la lucha contra esta modalidad delictiva".

Operación Córdoba: Un delito sin fronteras

La dimensión internacional del grooming quedó evidenciada en febrero de 2026 durante la Operación Internacional Córdoba, que permitió la captura de un panameño de 30 años en el distrito de Arraiján acusado de extorsionar a menores argentinos.

De acuerdo con la investigación iniciada por la Fiscalía de Córdoba en Argentina, este hombre contactaba a los jóvenes a través de Instagram. Tras entablar conversación y ganar la confianza de los chicos, trasladaba el diálogo a WhatsApp, donde comenzaba a solicitar imágenes de contenido sexual a cambio de dinero. Una vez obtenidas las primeras fotos o videos, la modalidad cambiaba: el hombre exigía nuevo material y, ante la negativa de las víctimas, las extorsionaba con la amenaza de difundir las imágenes o dañar a sus familiares. La investigación permitió identificar víctimas en al menos tres provincias de Argentina, Córdoba, La Rioja y San Luis.

El operativo culminó con la detención del acusado en Panamá Oeste y el secuestro de una cantidad importante de dispositivos móviles y material digital con contenido de abuso sexual infantil.

Por fortuna, en este caso las autoridades lograron condenar a este depredador sexual, pero por cada uno que es detenido, lamentablemente hay decenas que siguen asechando detrás de una pantalla. La fiscal Rovetto resume la vulnerabilidad de los menores: “Nuestros hijos son extremadamente vulnerables… incluso si han sido bien formados, no dejan de ser niños con inmadurez para la toma de decisiones”.

La evidencia es contundente y deja una lección clara: la prevención comienza en casa. Padres y cuidadores tienen la responsabilidad de involucrarse en la vida digital de sus hijos, informarse, acompañarlos y, sobre todo, construir un vínculo de confianza que les permita hablar sin miedo. Solo así será posible reducir el riesgo y evitar que más niños, niñas y adolescentes se conviertan en víctimas de grooming, sextorsión o, en el peor de los casos, de abuso sexual.

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