María la Caprichosa
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Ciudad de Panamá, Panamá/San Miguelito nació para resolver una emergencia urbana. Cincuenta y seis años después, muchas de las necesidades que motivaron su creación siguen marcando la vida de sus más de 300 mil habitantes. La falta de agua, proyectos inconclusos, escasos espacios públicos y un presupuesto insuficiente reflejan los desafíos de un distrito que continúa creciendo, mientras sus residentes reclaman una mejor calidad de vida.
"Era algo bello en la época en que me crié... ahora no", resume María Rosa Morán, quien ha vivido toda su vida en Paraíso. Desde el Cristo de Paraíso recuerda un San Miguelito distinto, cuando las calles eran el punto de encuentro de los vecinos.
"Andábamos en patinetas, jugábamos con nuestras amistades... un recuerdo hermoso", relata.
Creado en 1970 para atender el acelerado crecimiento poblacional provocado por las migraciones internas de las décadas de 1950 y 1960, el distrito se convirtió rápidamente en uno de los más poblados del país. Sin embargo, el desarrollo urbano nunca avanzó al mismo ritmo que el aumento de la población.
Esa realidad aún se refleja en sectores como la calle Subida al Cielo, donde el acceso al agua potable sigue siendo irregular.
"Siete, ocho meses sin agua. Se va a las siete de la mañana y no llega hasta las ocho, nueve o diez de la noche", cuenta uno de los residentes.
Para la Alcaldía de San Miguelito, estas deficiencias son consecuencia directa de décadas de crecimiento desordenado.
"San Miguelito es un distrito que ha crecido sin planificación y es parte de las razones por las que no tenemos los servicios básicos cubiertos ni los espacios que necesitamos para recrearnos. Pero no estamos tarde, estamos a tiempo para corregir", explica Gabriela Rogers, jefa de Ordenamiento Territorial.
La funcionaria señala que el primer Plan de Ordenamiento Territorial busca precisamente revertir esa tendencia y orientar el desarrollo futuro del distrito.
Las carencias también son visibles en la infraestructura deportiva. El gimnasio Orlando Winter permanece cerrado desde hace seis años por trabajos que aún no concluyen. El contrato para su remodelación, suscrito por el Consejo de Desarrollo Social de la Presidencia, venció en febrero de este año, mientras la comunidad continúa esperando respuestas.
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Para vecinos como Iván Osorio, el abandono del gimnasio representa la pérdida de uno de los principales espacios de convivencia del sector.
"Venían las personas de Calle K, J y H a jugar al gimnasio. Aquí era donde quedábamos hablando, discutiendo cosas de barrio. Aquí se hacían las fiestas de Navidad y Año Nuevo; todos venían", recuerda.
El reto también es financiero. Aunque San Miguelito cuenta con el segundo presupuesto municipal más alto del área metropolitana, los recursos resultan insuficientes frente a las necesidades del distrito.
De acuerdo con datos de la Alcaldía, el presupuesto por habitante es 27 % menor que el del distrito de Panamá y, en algunos años, la diferencia entre ambos municipios ha llegado a multiplicarse entre seis y nueve veces.
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"Es una realidad que los recursos faltan dentro del territorio, pero no quiere decir que el país no los tenga", sostiene Ámbar Calvo, jefa de Diseño Urbano del municipio.
A pesar de los problemas, San Miguelito conserva una identidad propia construida por generaciones de residentes.
En Cerro Batea, la señora Rosa comienza su jornada antes del amanecer para preparar hojaldas y carimañolas.
"Nosotros llegamos a las cinco de la mañana y abrimos la primera ventana un cuarto para las seis", cuenta.
El distrito también enfrenta cambios demográficos. Según el último censo, algunas de sus comunidades han perdido más de 16 mil habitantes desde 2010, una tendencia asociada a la violencia, la falta de oportunidades y las limitadas opciones de vivienda.
Mientras tanto, quienes permanecen en el distrito continúan enfrentando largos desplazamientos para llegar a sus lugares de trabajo y esperan una mayor inversión pública que permita mejorar los servicios básicos, la movilidad y los espacios comunitarios.
A sus 56 años, San Miguelito continúa siendo uno de los principales motores laborales de la capital. Sin embargo, para muchos de sus habitantes, el distrito sigue esperando que el desarrollo llegue con la misma fuerza con la que su gente ha construido, durante décadas, una comunidad resiliente.