La Novia de Estambul
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Ciudad de Panamá, Panamá/En el Casco Antiguo de Panamá, la fe no solo se profesa… se carga.
Cada Semana Santa, hombres y mujeres asumen el peso de las andas como símbolo de tradición, sacrificio y agradecimiento, en una de las manifestaciones religiosas más profundas del país.
Entre calles empedradas y siglos de historia, este sitio emblemático resguarda una tradición que va más allá de lo espiritual: las cofradías y hermandades, guardianas del patrimonio religioso y cultural panameño.
A pocos días del inicio de la Semana Mayor, crece la expectativa entre panameños y extranjeros que se preparan para vivir este acontecimiento, especialmente en el recorrido por las siete iglesias del Casco Antiguo.
Fray Javier Mañas, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de La Merced, lo resume así:
“Son tres elementos importantísimos: la fe, el pueblo y la familia La Semana Santa se vive en familia e invita a compartir”.
En medio de los preparativos, historias como la de Jair y José reflejan el verdadero sentido de esta tradición.
Padre e hijo, unidos por la devoción, se preparan para cargar andas por primera vez.
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“Vine a cargar andas porque mi hijo estaba interesado y muy comprometido”, cuenta Jair de Rosas.
Mientras que su hijo, José, asegura:
“Quiero servir a Dios y esta oportunidad se me ha presentado”.
Ambos forman parte de los más de mil costaleros que participarán en las procesiones que recorrerán las estrechas calles del Casco Antiguo.
Aquí no importa la edad, la contextura física o el género. Lo que verdaderamente pesa —y sostiene— es la fe.
Entre el cansancio, los tropiezos con los ladrillos y los rieles de las calles históricas, también hay espacio para la oración, para pedir y agradecer.
Así lo vive Sasha García:
“Yo cargo por fe y por devoción, tengo a mi bisabuela que está enferma y también me estoy graduando de sexto año. Mi petición es que ella salga de esa enfermedad y graduarme exitosamente”.
Una de las andas más imponentes es la de la Última Cena, que alcanza aproximadamente 4,000 libras, un peso comparable al de un automóvil pequeño.
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Para levantarla, se requieren 140 costaleros, lo que significa que cada uno carga entre 18 y 25 kilos, similar a medio saco de cemento.
La participación en estas procesiones es abierta, diversa y profundamente espiritual.
Fray Javier Mañas lo explica de esta manera:
“Cuando Dios toca el corazón de una persona, y hay quienes les preguntas y hay profesiones de fe muy hermosas. La selección es sencilla, no hay clase social”.
La organización está encabezada por las cofradías y respaldada por distintas hermandades, entre ellas La Borriquita, las Damas Dolorosas, el Cristo de la Buena Muerte, Cristo Pobre, Jesús Nazareno, Jesús Yacente, la Virgen de la Alegría y Cristo Resucitado.
“Aquí, evidentemente, dentro de la Semana Santa hay un equipo muy grande que influye y trabaja”, añade el párroco.
La tradición de cargar andas tiene sus raíces en la Edad Media, especialmente en países como España, donde las cofradías comenzaron a sacar imágenes religiosas en procesión para representar la Pasión de Cristo.
Con la llegada de los colonizadores, esta práctica se arraigó en América Latina y hoy forma parte esencial de la identidad cultural panameña.
Es una forma de revivir el sacrificio y el sufrimiento por la humanidad, transformado en actos de fe, promesas y agradecimientos.
Mientras unos cargan, otros preparan cada detalle con dedicación.
“Somos un grupo, ustedes pueden ver que estamos limpiando con todo el amor para que la Virgen salga lo más linda, acompañarla en sus dolores”, expresa Briceida Morcillo de Guerra, de las Damas de la Dolorosa.
Y hay quienes han hecho de esta tradición una vida entera, como Nelvita Jiménez:
“95 años y lo voy a seguir haciendo si Dios me da vida; eso me impulsa y me da una satisfacción muy grande, así que yo lo hago con amor. Y siempre me guardan la corona, es un privilegio”.
En el corazón del Casco Antiguo, la Semana Santa no es solo un evento religioso: es memoria, identidad y herencia.
Participar en estas actividades implica mucho más que asistir. Es hacerlo con respeto, recogimiento y reflexión.
Es guardar silencio interior, conectarse con la fe y valorar el momento.
Porque mientras haya quienes carguen estas andas, la historia seguirá caminando por estas calles.