Gordito del Zodiaco
En vivo
Hablar mientras se duerme puede parecer curioso, gracioso o incluso inquietante, pero en la mayoría de los casos es un fenómeno completamente benigno.
Esta conducta, conocida como somniloquia, forma parte de las llamadas parasomnias y suele presentarse como frases sueltas, palabras sin sentido o murmullos nocturnos que sorprenden a quienes comparten habitación. Aun así, ciertos patrones pueden indicar que estamos frente a un trastorno del sueño que requiere evaluación profesional.
La somniloquia ocurre cuando se activan áreas cerebrales relacionadas con el habla mientras la persona permanece dormida. La neuróloga Laura Lillo, miembro del grupo de Trastornos del Movimiento y de la Conducta durante el Sueño de la Sociedad Española del Sueño, explicó a Cuídate Plus que se trata de una parasomnia “que no se considera patológica, sino una variante de la normalidad”. Según la especialista, “las parasomnias son trastornos del despertar. Digamos que hay una disociación entre el estado de sueño y el de vigilia. Es un estado como intermedio”.
En ese “espacio intermedio”, el cerebro puede activar el lenguaje aunque el cuerpo se mantenga profundamente dormido. Este comportamiento puede ocurrir tanto en la fase REM, la etapa en la que soñamos, como en otras etapas del sueño. Lillo señala que, a pesar de lo caótico que parezca, “gramaticalmente suelen pronunciar frases correctas”.
Además, investigaciones han detectado un patrón curioso: las expresiones tienden a ser negativas. Como señala Lillo, “hay más veces que se dice que no, que sí”, lo que explicaría por qué muchos episodios se perciben como discusiones o reclamos. No obstante, la experta aclara que esto podría relacionarse con la carga emocional de algunos sueños, aunque todavía no existe una confirmación científica definitiva.
La somniloquia es muy frecuente, especialmente en la infancia. Aproximadamente el 20 % de los niños y el 5 % de los adultos la presentan en algún momento. En la mayoría de los casos, la persona no recuerda lo sucedido y el descanso no se ve afectado. “La persona que está dormida no suele recordar nada y su sueño es reparador; hablar no implica descansar mal”, precisa Lillo.
Sin embargo, hay señales que requieren atención. Episodios acompañados de gritos, llanto, movimientos bruscos o comportamientos violentos pueden estar vinculados con otras parasomnias o trastornos del sueño. “En esos casos habría que pensar en otras parasomnias o en comorbilidades con otros trastornos del sueño”, advierte la neuróloga.
Te puede interesar: Katy Perry provoca indignación tras lanzar su pastel de cumpleaños al suelo
Te puede interesar: Shakira tuvo un Halloween anónimo en Bogotá con disfraz de María Antonieta
También puede existir un componente genético. Lillo explica: “Seguramente sea una herencia poligénica. Son genes que aumentan el riesgo, pero no la provocan. Hay una mayor frecuencia entre familiares de primer grado que también la presentan”.
La somniloquia puede intensificarse cuando existen alteraciones que fragmentan el sueño, como insomnio o apnea del sueño. “En general, todo aquello que produzca fragmentación del sueño favorece la aparición de parasomnias”, subraya Lillo.
Además, las emociones influyen de forma directa. Días cargados de estrés o experiencias intensas suelen derivar en sueños más vívidos y con mayor contenido emocional. Según la especialista, “Las pesadillas son más frecuentes después de días complejos o con conflictos, como ocurre en el trastorno por estrés postraumático. Aunque las pesadillas no incluyen hablar en alto”.
En la mayoría de los casos, hablar dormido no requiere tratamiento. Pero si los episodios se vuelven frecuentes, violentos, o se acompañan de pausas respiratorias u otras alteraciones, la consulta con un especialista es recomendable. Como indica Lillo, se debe buscar atención cuando “la persona da patadas, presenta pausas de respiración, o grita o llora durante el sueño”. Adoptar una buena higiene del sueño puede reducir la aparición de parasomnias y mejorar la calidad del descanso.