Nadie Como Tú
En vivo
Se trata de una cruz medieval de casi mil años de antigüedad que, al ser analizada por expertos, encajó de manera exacta con un molde descubierto hace más de cuatro décadas. Esta coincidencia ha llevado a los investigadores a cuestionar algunas de las ideas más aceptadas sobre la expansión temprana del cristianismo en Europa oriental.
El descubrimiento tuvo lugar en la región rural de Havelland, en el estado de Brandeburgo. Aunque la zona no suele figurar en grandes titulares arqueológicos, el hallazgo ha captado la atención internacional por su capacidad de reescribir un capítulo clave de la historia religiosa europea. La cruz fue encontrada a comienzos de este año y data de los siglos X u XI, una etapa marcada por tensiones entre creencias paganas y la fe cristiana emergente.
La pieza fue localizada por Juliane Rangnow, voluntaria del programa de conservación arqueológica de Brandeburgo. Mientras exploraba el terreno con un detector de metales, recibió una señal que la llevó a excavar cuidadosamente hasta descubrir una pequeña cruz de bronce. Posteriores análisis permitieron clasificarla como una “cruz de rueda”, un tipo de crucifijo medieval cuyos brazos están unidos por un círculo, un diseño cargado de simbolismo religioso propio de la Alta Edad Media.
Lo verdaderamente extraordinario llegó cuando especialistas del Museo Estatal de Arqueología de Brandeburgo compararon la cruz con un molde de fundición hallado en 1983 durante excavaciones en Spandau, al oeste de Berlín. El molde había sido encontrado en las ruinas de un antiguo fuerte eslavo, cerca de una iglesia de madera, y durante décadas fue considerado una pieza aislada. La nueva cruz coincidía al milímetro con aquel molde, confirmando que no se trataba de un objeto único, sino de parte de un sistema de producción artesanal.
Te puede interesar: Channing Tatum enfrenta una dura recuperación tras una operación de hombro
Te puede interesar: Nick Jonas relata por qué el momento más crítico de su vida fue el nacimiento de su hija
Este detalle tiene profundas implicaciones históricas. En los siglos X y XI, Brandeburgo era una región fronteriza desde el punto de vista cultural y religioso. Aunque el cristianismo avanzaba desde territorios germánicos, muchas comunidades eslavas resistían activamente su expansión. La Revuelta Luticiana de 983 simbolizó uno de los rechazos más contundentes, logrando frenar la influencia cristiana durante más de cien años.
En ese contexto, la existencia de un molde y de una cruz producida a partir de él sugiere un escenario distinto al tradicional. Los símbolos cristianos no habrían llegado únicamente como objetos importados o impuestos desde el exterior, sino que se fabricaban localmente. Esto implica la presencia de comunidades que ya practicaban la fe cristiana o que convivían con ella de manera cotidiana, incluso en medio de la resistencia religiosa.
“La cruz no es simplemente un objeto más”, afirmó la ministra de Cultura de Brandeburgo, Manja Schüle. “El hecho de que encaje exactamente en un molde hallado hace más de 40 años es único para un objeto arqueológico de esta época”. Para los especialistas, esta coincidencia habla de redes de intercambio, movilidad regional y adaptación cultural mucho más complejas de lo que se pensaba.
Por su parte, Matthias Wemhoff, arqueólogo estatal y director del museo berlinés, explicó que la posible producción en serie de cruces indica una demanda sostenida. El símbolo cristiano no era algo marginal ni extraño, sino parte de una identidad que comenzaba a consolidarse en la región, incluso en un entorno hostil.
Actualmente, tanto la cruz como el molde se exhiben juntos en el Museo Estatal Arqueológico de Brandeburgo, donde permanecerán hasta marzo de 2026. Más allá de su valor material, este reencuentro arqueológico funciona como una advertencia para la historiografía: incluso los relatos más estudiados pueden cambiar cuando aparece una pieza que encaja donde antes había un vacío.