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Bad Bunny y decenas de figuras de la música urbana obtuvieron una importante victoria judicial en Estados Unidos dentro de una demanda por derechos de autor que alcanzaba cerca de 2.000 canciones de reguetón.
La decisión fue adoptada por el juez André Birotte Jr. y modifica una determinación previa del tribunal. El litigio comenzó en 2021 por iniciativa del productor jamaiquino Cleveland “Clevie” Browne y los herederos de Wycliffe “Steely” Johnson, quienes sostienen que determinados componentes musicales vinculados al dembow están protegidos por derechos de autor.
La demanda involucró a más de 150 artistas y profesionales de la industria, entre ellos Bad Bunny, Karol G, Daddy Yankee, J Balvin, Drake y Luis Fonsi. El expediente abarca miles de composiciones que, según los demandantes, utilizaron elementos derivados de estructuras desarrolladas en producciones asociadas con Steely & Clevie.
El dembow en el reguetón se caracteriza por una secuencia de percusión ampliamente reconocible y fundamental en la identidad del género. Sus antecedentes están relacionados con la música jamaiquina y con sonidos que posteriormente influyeron en la expansión de movimientos urbanos en el Caribe y América Latina.
El nuevo fallo representa un giro frente a lo ocurrido en julio, cuando Birotte había considerado que un jurado debía determinar si el arreglo señalado por los demandantes podía recibir protección legal. Posteriormente, los abogados de Bad Bunny solicitaron reconsiderar esa conclusión y cuestionaron la forma en que se había construido la reclamación.
La defensa argumentó que se pretendía establecer un derecho exclusivo mediante elementos extraídos de tres canciones diferentes, una combinación que calificó como un “Frankenstein” de derechos de autor. El juez aceptó esa posición y determinó que el arreglo reclamado no aparece como una creación única dentro de ninguna de las obras registradas presentadas en el proceso.
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Según la resolución, la protección jurídica no puede configurarse reconstruyendo posteriormente componentes procedentes de distintas composiciones una vez iniciado el litigio. Kenneth Freundlich, abogado del cantante puertorriqueño, explicó a Billboard el alcance de la decisión: “No se puede registrar un ritmo mediante ingeniería inversa a partir de tres canciones diferentes una vez que ya se está en los tribunales”.
El pronunciamiento adquiere especial relevancia para la industria del reguetón, debido a que aborda los límites de los derechos de autor cuando se trata de elementos musicales recurrentes que funcionan como parte de la identidad de un género. La decisión reduce considerablemente el alcance de una demanda que había generado atención por la cantidad de artistas y canciones involucradas.
Sin embargo, el caso todavía no está completamente cerrado. Permanecen reclamaciones más concretas relacionadas con el presunto uso directo de fragmentos pertenecientes a grabaciones realizadas por Steely & Clevie. Esas acusaciones deberán continuar su recorrido judicial de manera independiente al reclamo general sobre el patrón rítmico.
El alcance de la resolución también resulta significativo para productores, compositores y sellos discográficos vinculados con la música latina, debido al uso extendido de patrones rítmicos compartidos. La controversia ha puesto nuevamente sobre la mesa la diferencia entre proteger una obra específica y reclamar exclusividad sobre elementos fundamentales utilizados durante décadas por numerosos creadores.
Por ahora, la resolución establece que los demandantes no acreditaron derechos exclusivos sobre la estructura general del ritmo dembow, evitando que esa base musical pueda ser reclamada, en esta etapa, como propiedad protegida en las miles de canciones señaladas. El fallo supone así un precedente relevante dentro del debate sobre derechos de autor en la música urbana y la protección legal de estructuras rítmicas compartidas.