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Una ceremonia oficial en Antigua y Barbuda terminó convertida en una escena inesperada para la monarquía británica. La reina Camilla vio cómo un aguacero deshacía su peinado, mientras el rey Carlos III permanecía bajo la lluvia sin paraguas. Ambos reaccionaron con humor durante una jornada que también llamó la atención por el vestido blanco elegido por la soberana.
El incidente ocurrió durante los actos por el 45 aniversario de la independencia del país, celebrados en el estadio de críquet Sir Vivian Richards. Cuando comenzó a llover, Camilla consiguió protegerse con su paraguas transparente de forma abovedada. Carlos III, en cambio, quedó expuesto al aguacero y buscó con la mirada a su equipo de acompañantes.
El monarca levantó los brazos para reclamar protección y preguntó: “¿Dónde está el paraguas?”. Sin embargo, la ayuda no llegó inmediatamente. En ese momento se interpretaban los himnos nacionales y el personal de seguridad y los asistentes debían permanecer en sus posiciones, de acuerdo con el protocolo de la ceremonia.
Cuando el mayor Ben Rigby, edecán del rey, pudo acercarse para entregarle el paraguas, el traje claro de Carlos III ya estaba empapado. Lejos de mostrar enfado, el soberano bromeó con que de sus pantalones “iban a empezar a crecer berros”, una observación que puso una nota de humor al contratiempo.
Camilla tampoco escapó de las consecuencias del temporal. Aunque consiguió resguardarse parcialmente, la humedad afectó su cabello y terminó por estropearle el peinado. Entre risas, la reina reconoció ante los medios: “Me doy por vencida”. Su comentario acompañó una de las imágenes más comentadas de la visita.
La lluvia no fue el único elemento que concentró las miradas. Para la ceremonia, Camilla recuperó un diseño de Anna Valentine, firma habitual de su guardarropa. Se trataba de un vestido blanco de largo midi, escote en pico, mangas francesas y silueta fluida, confeccionado en un tejido ligero.
La prenda incorporaba un pequeño volante en la parte inferior y detalles artesanales en mangas y bajos. Los bordados, cristales y abalorios aportaban reflejos dorados al conjunto. La reina lo combinó con zapatos de salón de tacón moderado en blanco roto y un bolso de mano dorado, coordinado con los acabados del vestido.
En cuanto a las joyas, llevó pulseras de la colección Alhambra de Van Cleef & Arpels, caracterizadas por sus motivos de trébol negro, además de un colgante dorado. También destacó un broche floral rojo colocado sobre la prenda, cuyo significado generó interpretaciones relacionadas con las conmemoraciones británicas de noviembre.
Algunos observadores consideraron que podía ser una referencia a la amapola del recuerdo, utilizada para honrar a los militares fallecidos. No obstante, la Casa Real británica no confirmó que existiera esa intención, por lo que se trata únicamente de una posible interpretación del accesorio.
La ceremonia formaba parte de una gira de los reyes por países de la Commonwealth, en medio de debates regionales sobre el pasado colonial y los vínculos actuales con la Corona. Una vez superado el aguacero, Carlos III y Camilla continuaron su agenda con un encuentro dedicado al críquet.
Allí coincidieron con Viv Richards, Richie Richardson, Andy Roberts y Curtly Ambrose, cuatro figuras de este deporte en las Indias Occidentales. La visita prosiguió después del imprevisto, aunque las imágenes del monarca empapado y la reacción de Camilla ante su peinado quedaron como momentos destacados de la jornada.