Vogue: exasistentes revelan las reglas para sobrevivir al imperio de Anna Wintour

Estos testimonios no solo desmontan mitos, sino que revelan una verdad clave: trabajar con Anna Wintour no es para cualquiera.

Anna Wintour en la MET Gala / AFP

La figura de la diseñadora Anna Wintour ha sido durante décadas sinónimo de poder, disciplina y una estética inconfundible dentro de la industria de la moda.

Sin embargo, más allá de la imagen construida por la cultura popular, especialmente tras el fenómeno de El diablo viste a la moda y su adaptación cinematográfica protagonizada por Meryl Streep, recientes testimonios de exasistentes de la directora de Vogue ofrecen una mirada más precisa, compleja y humana sobre lo que implica trabajar a su lado.

Como parte de una estrategia editorial para acompañar el entusiasmo por la próxima secuela de la icónica historia, Vogue reunió a tres excolaboradoras cercanas de Wintour en el pódcast The Run-Through With Vogue. Allí, compartieron experiencias que desmontan varios mitos y revelan una cultura laboral marcada por la exigencia constante, la rapidez y una atención obsesiva al detalle. Lejos de la caricatura autoritaria, los relatos describen a una líder que valora profundamente la autenticidad. “No quiere un robot, busca a alguien con personalidad”, fue el consejo clave que, según Marley Marius, transmitía la directiva Christiane Mack a quienes aspiraban a ingresar a su equipo.

El proceso de selección, según relatan Sammi Tapper y Sache Taylor, dista de las entrevistas tradicionales. En lugar de preguntas predecibles sobre fortalezas o debilidades, el foco está en la individualidad de cada candidata. La editora busca perfiles capaces de pensar con criterio propio, incluso dentro de un entorno altamente estructurado. En ese contexto, el vestuario juega un papel fundamental como primera declaración de identidad. Aunque pueda parecer contradictorio, el negro, considerado un básico en la moda, está prácticamente vetado, ya que Wintour prefiere colores que transmitan energía y carácter.

La rutina diaria comienza antes de que la mayoría de la redacción llegue a la oficina. Wintour inicia su jornada entre las 4:00 y las 5:30 de la mañana, dedica tiempo a informarse, practicar tenis y organizar sus prioridades. Para las 8:00 a. m., ya está lista para comenzar el día en Vogue, donde su asistente debe tener preparado café, desayuno y una agenda perfectamente estructurada. En ese entorno, la eficiencia no es negociable. “Cuando pide a alguien, lo quiere de inmediato”, recordó Marius, subrayando el nivel de inmediatez que define la dinámica laboral.

La exigencia también se traduce en detalles aparentemente menores pero reveladores. Por ejemplo, las asistentes deben estar listas para cambiar de calzado en cuestión de segundos al recibir el aviso de la llegada de la editora. Aunque los tacones son parte del código implícito, la intensidad del trabajo obliga a muchas a optar por zapatos planos para poder desplazarse con mayor rapidez. Taylor lo resume con humor: “Me encantaba correr por la oficina porque así ya no necesitaba hacer ejercicio”.

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El trabajo, sin embargo, no termina al salir de la oficina. Wintour mantiene una rutina de revisión constante desde casa, apoyada en una gran bolsa donde transporta artículos, propuestas editoriales y la famosa “dummy book” de la revista. Este documento, lleno de anotaciones manuscritas, representa uno de los mayores retos para sus asistentes. “Solo me permitía preguntarle una vez por semana qué decía alguna nota”, confesó Taylor, evidenciando la necesidad de desarrollar autonomía y capacidad de interpretación.

En cuanto al estilo, las reglas siguen siendo estrictas: nada de jeans ni zapatillas deportivas. Las asistentes construyen un uniforme funcional pero elegante, preparado para cualquier eventualidad. Desde blazers hasta mocasines o botines, cada elección responde a una premisa clara: estar listas para cualquier reunión inesperada. Como explicó Tapper, “Nunca sabes lo que va a pasar en Vogue”.

A pesar de la fascinación que rodea al guardarropa de la revista, las exasistentes coinciden en que el acceso a estas piezas es mucho más limitado de lo que el cine ha hecho creer. La realidad, como en muchos otros aspectos, es menos glamorosa y más exigente.

Estos testimonios no solo desmontan mitos, sino que revelan una verdad clave: trabajar con Anna Wintour no es para cualquiera. Se trata de un entorno donde la disciplina, la rapidez y la personalidad no son opcionales, sino condiciones indispensables para formar parte de uno de los equipos más influyentes del mundo editorial.

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