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El 10 de mayo de 1989 Panamá vivió una de las jornadas más violentas y decisivas de su historia contemporánea. Las calles de ciudad capital se convirtieron en escenario de enfrentamientos, persecuciones y ataques contra manifestantes opositores apenas tres días después de unas elecciones generales que habían sido ganadas ampliamente por la oposición.
Este 2026 se cumplen 37 años de aquellos sucesos que marcaron el ocaso de la dictadura militar encabezada por Manuel Antonio Noriega y que dejaron imágenes imborrables en la memoria colectiva del país.
Aquella fecha quedó registrada como uno de los episodios más oscuros de la crisis política panameña de finales de los años 80. La tensión venía creciendo desde hacía meses debido al aislamiento internacional del régimen militar, las denuncias de violaciones a los derechos humanos y las acusaciones de narcotráfico contra Noriega.
El 7 de mayo de 1989, se celebraron las elecciones generales en medio de una profunda crisis económica y política. La oposición, agrupada en la Alianza Democrática de Oposición Civilista (ADOC), presentó la candidatura presidencial de Guillermo Endara, acompañado por Ricardo Arias Calderón y Guillermo “Billy” Ford.
En ese momento, diversos sectores nacionales e internacionales aseguraron que la oposición había logrado una victoria contundente frente al candidato oficialista Carlos Duque, respaldado por el régimen militar. Sin embargo, el 10 de mayo, el Tribunal Electoral anuló los resultados alegando supuestas irregularidades y “presiones extranjeras”.
La decisión desató indignación inmediata en distintos puntos del país y provocó protestas masivas en defensa del voto popular.
Ese mismo día, dirigentes opositores realizaron una caravana para denunciar la anulación de las elecciones y exigir el reconocimiento de los resultados. La movilización llegó al sector de Santa Ana, donde simpatizantes del régimen y miembros de los llamados “Batallones de la Dignidad” interceptaron a los manifestantes.
Los Batallones de la Dignidad eran grupos paramilitares organizados por el régimen de Noriega bajo el argumento de defender la soberanía nacional frente a las presiones de Estados Unidos. Aquella tarde, actuaron violentamente contra civiles y líderes opositores.
Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Guillermo Endara y Guillermo “Billy” Ford fueron golpeados brutalmente en plena vía pública por grupos armados con palos y barras metálicas. La fotografía de Ford ensangrentado, con su camisa blanca cubierta de sangre, se convirtió en uno de los símbolos más recordados de la caída de la dictadura militar panameña.
Durante los disturbios también murió Manuel Alexis Guerra, escolta de Billy Ford, tras recibir un disparo. Decenas de personas resultaron heridas mientras unidades antimotines y grupos paramilitares reprimían las manifestaciones.
Los acontecimientos de aquel 10 de mayo de 1989 aceleraron el deterioro político del gobierno de Noriega. La cobertura internacional de la represión provocó una fuerte condena mundial y aumentó la presión diplomática sobre Panamá.
Para muchos historiadores, aquella jornada representó el punto de quiebre definitivo del régimen militar que gobernaba el país desde finales de la década de 1960. El movimiento civilista ganó fuerza y la oposición se consolidó mientras el aislamiento internacional del gobierno se hacía cada vez mayor.
Meses después, el 20 de diciembre de 1989, Estados Unidos ejecutó la operación militar “Causa Justa”, que terminó con la captura de Noriega y el colapso de la dictadura. Guillermo Endara fue posteriormente reconocido como presidente legítimo de Panamá.
Al cumplirse 37 años de estos sucesos, organizaciones civiles, historiadores y sobrevivientes continúan recordando la fecha como un símbolo de resistencia democrática. Los acontecimientos de Santa Ana siguen siendo una referencia obligatoria al hablar de la lucha por la democracia en Panamá y del costo humano que enfrentaron miles de ciudadanos durante los últimos meses de la dictadura militar.