Llamas del Deseo
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Ciudad de Panamá/La Comisión 20 de diciembre de 1989 informó que se obtuvo la identificación científica de los restos de Manuel Carol Ojo, recuperados durante las exhumaciones realizadas en enero de 2020 en la manzana 90 Bis del Cementerio Jardín de Paz.
La Fiscalía Superior de Homicidio de Descarga de la Procuraduría General de la Nación, dentro de los expedientes reabiertos e investigados, con el requerimiento del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, logró la identificación mediante la aplicación de estudios multidisciplinarios, de antropología forense y de genética, desarrollados como parte de la investigación para establecer la identidad de víctimas de la invasión militar de Estados Unidos a Panamá.
Los análisis permitieron comparar el perfil genético obtenido de los restos óseos exhumados con las muestras biológicas aportadas por familiares, confirmando científicamente su identidad.
Manuel Carol Ojo, hijo de Francisco Carol Díaz y Eneida Ojo Pérez, era técnico hidrólogo y laboraba en el entonces Instituto de Recursos Hidráulicos y Electrificación (IRHE). Tenía 32 años y desapareció la madrugada del 20 de diciembre de 1989. Ese mismo día cumpliría los 33 años.
Sus seres queridos describen una búsqueda en hospitales, morgues, centros de detención y cementerios durante los días posteriores a la invasión. No conocieron el lugar donde había sido sepultado, pero mantuvieron la esperanza de encontrarlo y poder cerrar un proceso de incertidumbre que se extendió por más de treinta y seis años.
Esta identificación constituye uno de los resultados derivados de las exhumaciones efectuadas en el Cementerio Jardín de Paz en enero de 2020, diligencia judicial conducida por el Ministerio Público, en la que fueron recuperados restos humanos y otras evidencias que permanecieron bajo análisis científico en el IMELCF.
Con esta identificación, asciende a 13 el número de víctimas de la Invasión cuyos restos han sido identificados y restituidos o se encuentran en proceso de restitución a sus familiares. Este trabajo continuado ha permitido avanzar progresivamente en la identificación de víctimas cuyos restos permanecieron sin nombre durante décadas.