Día del Niño y la Niña: La salud mental y el bienestar emocional de los más pequeños debe ser prioridad

Ulloa también hizo un llamado a dejar de lado los enfrentamientos y las diferencias que dividen a la sociedad. "La vida nos puede cambiar en un minuto", indicó.

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La salud mental y el bienestar emocional de los niños afectados por el terremoto del pasado 9 de octubre deben convertirse en una prioridad para las familias, las autoridades y la sociedad panameña. Así lo manifestó el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, durante sus declaraciones de este domingo, en el marco de la celebración del Día del Niño y la Niña Panameña.

El arzobispo advirtió que, tres semanas después del terremoto, muchos menores continúan viviendo con miedo e intranquilidad, especialmente aquellos que sufrieron daños en sus viviendas, escuelas y comunidades.

"No podemos olvidarnos de los niños que han sufrido los embates del terremoto, de la intranquilidad con que estos niños están viviendo en estas tres semanas", expresó, insistiendo en la necesidad de acompañarlos durante el proceso de recuperación.

La reconstrucción después del terremoto no debe limitarse a las infraestructuras, sino que también debe contemplar la recuperación emocional de los niños que experimentaron el movimiento sísmico y sus posteriores réplicas.

"No solo acompañarlos en la restauración de sus hogares, de sus escuelas, sino en una restauración más importante, que es su corazón y es su tranquilidad".

Ulloa señaló que los adultos y las instituciones religiosas tienen una responsabilidad importante en este proceso, particularmente con aquellos menores que continúan experimentando temor ante la posibilidad de nuevos movimientos sísmicos. Y es que el evento sísmico puso de relieve la necesidad de prestar atención al impacto psicológico en la población infantil, más allá de las pérdidas materiales y los daños estructurales.

El arzobispo también reflexionó sobre cómo un desastre natural puede transformar la vida de una familia en cuestión de segundos. Recordó que muchas personas perdieron aquello que habían construido durante años, una situación que ha generado incertidumbre en las comunidades afectadas.

En el caso de los niños, el miedo provocado por el terremoto y las réplicas puede manifestarse de distintas maneras, como dificultades para dormir, ansiedad, temor a separarse de sus familiares o preocupación constante por su seguridad.

Por ello, el acompañamiento emocional, la escucha y la recuperación de las rutinas familiares y escolares son aspectos importantes para ayudar a los menores a recuperar la sensación de seguridad.

En el marco del Día del Niño y la Niña Panameña, Ulloa sostuvo que el desarrollo y la protección de la infancia deben ocupar un lugar prioritario en la sociedad.

La mejor inversión que una nación puede realizar está en función de acompañar a los niños en ese crecimiento."

No obstante, esta responsabilidad debe ser compartida por las familias, las instituciones públicas, las comunidades religiosas y la sociedad en general.

Ulloa también hizo un llamado a dejar de lado los enfrentamientos y las diferencias que dividen a la sociedad. "La vida nos puede cambiar en un minuto", indicó, al referirse a las consecuencias del terremoto y la fragilidad de las condiciones de vida.

El arzobispo pidió que el Estado, la empresa privada, las comunidades religiosas y los ciudadanos contribuyan a la recuperación del país mediante acciones concretas de solidaridad.

La recuperación del país también requiere fortalecer la convivencia y reconocer que, por encima de las diferencias, los panameños comparten una responsabilidad común frente a quienes han resultado afectados por el desastre.

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