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En 1989, el presidente estadounidense George Bush, exdirector de la CIA, ordenó la invasión de Panamá para capturar al hombre fuerte del país, el general Manuel Noriega, excolaborador de los servicios secretos norteamericanos y perseguido por la justicia de ese país por narcotráfico.
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Se trata de la última intervención militar estadounidense en América Latina hasta la fecha, antes de la presunta captura y extracción del presidente venezolano Nicolás Maduro, que anunció el sábado Donald Trump en el marco de "un ataque a gran escala" en el país caribeño.
Noriega, antiguo colaborador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), consolidó su poder para convertirse en el dictador de facto de Panamá a principios de la década de 1980. A mediados de la década de 1980, las relaciones entre Noriega y los EE. UU. comenzaron a deteriorarse debido al asesinato de Hugo Spadafora y la destitución del presidente Nicolás Ardito Barletta. Sus actividades criminales y su asociación con otras agencias de espionaje salieron a la luz, y en 1988 fue acusado por grandes jurados federales norteamericanos por varios cargos relacionados con las drogas. Las negociaciones para buscar su renuncia, que comenzaron bajo la presidencia de Ronald Reagan, finalmente no tuvieron éxito. En 1989, Noriega anuló los resultados de las elecciones generales panameñas, que habían sido ganadas por el candidato de la oposición Guillermo Endara.
En 1989, unos 27,000 soldados estadounidenses, de los cuales 13,000 estaban estacionados en Panamá, participaron en la operación "Causa Justa", que oficialmente dejó 500 muertos, aunque algunas oenegés estiman que el número de víctimas ascendió a varios miles.
El 20 de diciembre los soldados estadounidenses tomaron el control de las calles de la capital. Tras refugiarse durante dos semanas en la embajada del Vaticano, Manuel Noriega se rindió y el 3 de enero de 1990 decide entregarse voluntariamente a Estados Unidos. Cabe destacar que dos años antes de su captura, Noriega afirmaba que se había puesto precio a su cabeza porque se negaba a cooperar con un plan estadounidense para invadir Nicaragua.
El 4 de enero, Noriega fue trasladado en un avión procedente de Miami y recluido en una cárcel del condado de Miami-Dade, donde aguardó juicio. Posteriormente fue condenado a 40 años de prisión por cargos de crimen organizado, narcotráfico y lavado de dinero. Esta pena más tarde fue reducida a 17 años por buena conducta.
En 2009, Estados Unidos decidió enviarlo a Francia a cumplir la condena pendiente de 10 años por delitos relacionados con el lavado de dinero. En Panamá, fue condenado en ausencia a 20 años de prisión por delitos de homicidios en contra de Hugo Spadafora y otros panameños, donde se consideraba que debía ser repatriado, porque en Estados Unidos, Noriega había mantenido durante sus 17 años de prisión el estatus de prisionero de guerra, y según la Convención de Ginebra, un militar prisionero debe ser forzosamente repatriado a su país al cumplir la condena. Asimismo se discute que las condenas relacionadas con homicidios en Panamá tienen más peso legal que aquellas que tiene pendiente por lavado de dinero en Francia.
Hasta su muerte en 2017, estuvo detenido sucesivamente en Estados Unidos, Francia y Panamá por narcotráfico, lavado de dinero y desapariciones forzadas de opositores durante su permanencia en el poder (1983-1989).