Mártires del 9 de enero: El testimonio de Efraín Sang Ábrego y su lucha junto a Ascanio Arosemena

Hoy, Sang vive con secuelas físicas producto de aquella jornada. Perdió movilidad en las manos y requiere fisioterapia constante, tratamiento que no siempre puede costear. A pesar de ello, asegura que nunca ha dejado de contar su historia.

Efraín Sang Ábrego, uno de los combatientes del 9 de enero de 1964

Chiriquí/Efraín Sang Ábrego es uno de los sobrevivientes del 9 de enero de 1964, una fecha que marcó de forma definitiva su destino y la historia de Panamá. Nació el 21 de octubre de 1944, tiene 81 años y vive en la ciudad de David.

En enero de 1964, Sang tenía 20 años y trabajaba como mensajero, chofer y ayudante general en el almacén Dorremí, ubicado en el área de Santa Ana, frente al entonces Departamento Nacional de Investigaciones. Vivía en la ciudad de Panamá y, como muchos jóvenes de su generación, ya había participado en movilizaciones previas relacionadas con la soberanía nacional.

El 9 de enero, desde temprano, los estudiantes del Instituto Nacional reclamaron el derecho a izar la bandera panameña en la Zona del Canal, una exigencia que ya había motivado protestas en años anteriores. El ambiente era de confrontación. El grito era "Yankee go home", a modo de protesta.

Ese día, Efraín Sang se unió a un grupo de ocho o nueve jóvenes, entre ellos Ascanio Arosemena, con quien tenía una relación cercana. Ascanio vivía en un apartamento cercano y era conocido por su participación en actividades deportivas. Juntos avanzaron por la avenida Ancón hacia el área conocida como 4 de Julio, uno de los puntos más conflictivos de la jornada.

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La confrontación fue directa. Los manifestantes se enfrentaron con piedras, palos y concreto contra tropas armadas con fusiles M-16, escopetas, gases lacrimógenos y tanquetas. Sang recuerda el uso de dos tipos de gas: uno blanco y otro amarillo, cuyos efectos provocaban diarrea y desorientación.

"El concreto eran las balas nuestras", detalló.

En medio del enfrentamiento, Ascanio Arosemena fue impactado en el pecho por un proyectil de gas lacrimógeno, disparado a corta distancia. El golpe le abrió una herida profunda. Sang, que vestía una chompa blanca, recuerda cómo la sangre de Ascanio lo salpicó. Junto a otros jóvenes, lo colocaron sobre la capota de un jeep para trasladarlo al Hospital Santo Tomás.

Durante el trayecto, Sang cayó y se golpeó una pierna, por lo que tuvo que quedarse atrás. Los otros continuaron con Ascanio, quien llegó al hospital sin signos vitales. La herida, describe, tenía una perforación de casi una pulgada. Ascanio Arosemena se convirtió así en uno de los mártires del 9 de enero.

En total, 21 panameños murieron durante los enfrentamientos, aunque la cifra exacta aún es motivo de debate. Sang formaba parte del llamado Frente 29, un grupo de resistencia que operó durante esas jornadas. También denuncia que, además de la represión extranjera, algunos manifestantes fueron golpeados por fuerzas panameñas mientras intentaban avanzar durante los tres días de lucha.

Recuerda que las tensiones entre Panamá y Estados Unidos se agudizaron tras el rompimiento de relaciones diplomáticas. Para él, ese fue el punto de quiebre.

Tras los hechos, y sin empleo, Efraín Sang se trasladó a Chiriquí, donde inició una nueva etapa de su vida. Ese mismo año fue nombrado profesor de música, oficio que ejerció durante décadas en centros educativos como el colegio Pablo Emilio Corsen. Años después, recibió apoyo estatal para la creación de una banda musical escolar.

Al recordar a los mártires, confiesa que en ocasiones le invade la nostalgia y el sentimiento de que no fueron tratados como merecían. Señala que, con el paso de los años, ha visto cómo personas que no participaron en la lucha accedieron a viviendas en áreas revertidas de la antigua Zona del Canal, mientras muchos de quienes estuvieron en primera línea no recibieron ese beneficio.

"No nos han tratado como debieron tratarnos", afirmó.

Hoy, Sang vive con secuelas físicas producto de aquella jornada. Perdió movilidad en las manos y requiere fisioterapia constante, tratamiento que no siempre puede costear. A pesar de ello, asegura que nunca ha dejado de contar su historia.

Información de Iván Saldaña

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