Investigaciones en Coiba alertan sobre amenazas ambientales y revelan hallazgos inéditos

Los investigadores de la Estación Científica Coiba-AIP coincidieron en que los ecosistemas marinos y terrestres del parque funcionan como una sola red ecológica, por lo que cualquier alteración en uno de sus componentes puede desencadenar cambios en toda la biodiversidad de la isla.

Playa Ranchería, en el Parque Nacional Coiba / Ministerio de Ambiente

Ciudad de Panamá, Panamá/El Parque Nacional Coiba, reconocido como Patrimonio Mundial por la Unesco, continúa consolidándose como uno de los principales escenarios para la investigación científica en Panamá.

Durante una actividad organizada por la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), seis especialistas presentaron los resultados de estudios que revelan cómo la interacción entre arrecifes, estuarios, bosques y especies silvestres convierte a este parque en un laboratorio natural para comprender los efectos del cambio climático y fortalecer la conservación de la biodiversidad.

Los investigadores de la Estación Científica Coiba-AIP coincidieron en que los ecosistemas marinos y terrestres del parque funcionan como una sola red ecológica, por lo que cualquier alteración en uno de sus componentes puede desencadenar cambios en toda la biodiversidad de la isla.

Ocho años de investigación científica

El director de la Estación Científica Coiba-AIP, Edgardo Díaz-Ferguson, destacó que durante los últimos ocho años el centro ha desarrollado infraestructura científica sin precedentes en la región, incluyendo el primer laboratorio insular de oceanografía y ecología marina de Centroamérica, una torre meteorológica y la primera boya oceanográfica del Pacífico insular centroamericano.

Actualmente, la estación mantiene 13 líneas de investigación y ha ejecutado más de 17 proyectos científicos. Como resultado, se han publicado más de 144 artículos en revistas especializadas y elaborado documentos técnicos que han servido de apoyo para la toma de decisiones relacionadas con la conservación de especies, la gobernanza oceánica y el manejo sostenible de los recursos naturales.

Además, la institución impulsa el programa de becas Mar del Sur, que ha permitido la formación de estudiantes universitarios mediante investigaciones desarrolladas en Coiba, y anunció el inicio de un doctorado internacional en Desarrollo Sostenible previsto para marzo de 2027.

Microorganismos que alertan sobre la contaminación

Uno de los estudios presentados estuvo a cargo del investigador Joel Sánchez, quien explicó cómo las comunidades de microorganismos que habitan los estuarios pueden convertirse en indicadores tempranos de la calidad ambiental.

Al comparar los ecosistemas prístinos de Coiba con estuarios urbanos como el río Juan Díaz, el equipo encontró bacterias resistentes a antimicrobianos y mayores niveles de contaminación en las zonas urbanizadas, una situación que podría afectar el equilibrio ecológico y favorecer la propagación de microorganismos resistentes.

Los investigadores plantean la necesidad de fortalecer el monitoreo de estos ecosistemas para evaluar la efectividad de las políticas de control de contaminación.

El misterio de las palmas de Coiba

Otro de los hallazgos presentados giró en torno a un grupo de palmas aceiteras nativas (Elaeis oleifera) ubicadas cerca de la antigua colonia penal de Coiba.

El investigador Edgardo Garrido analizó distintas hipótesis sobre el origen de estas plantas, tradicionalmente asociadas a cultivos realizados por antiguos reclusos.

Sin embargo, los análisis demográficos y estadísticos indican que la población de palmas pudo establecerse de manera natural y que incluso podría descender de semillas dispersadas por poblaciones indígenas precolombinas.

Especies únicas que solo viven en Coiba

La investigadora Eloisa Lasso resaltó el alto nivel de endemismo de la flora del parque, aislada del continente durante miles de años.

Este aislamiento ha permitido que numerosas plantas desarrollen mecanismos evolutivos únicos, algunos relacionados con la forma en que dispersan sus semillas, incluyendo especies cuyos frutos las expulsan de manera explosiva.

Según la especialista, muchas de estas especies siguen siendo poco estudiadas, por lo que insistió en la necesidad de acelerar su investigación para garantizar su conservación.

Reptiles y anfibios como indicadores ambientales

El investigador Eric Flores explicó que los anfibios, reptiles y tortugas marinas funcionan como verdaderos "termómetros ecológicos", ya que permiten detectar alteraciones en los ecosistemas insulares ocasionadas por el cambio climático, las especies invasoras y la actividad humana.

Sus investigaciones también analizan la presencia de reptiles invasores y la distribución de la fauna herpetológica en los distintos hábitats del parque, información que servirá como línea base para futuros programas de conservación.

Cuando desaparece una especie, cambia todo el bosque

El cierre de la jornada estuvo a cargo del investigador Dumas Gálvez, quien mostró cómo la ausencia de determinadas especies puede desencadenar cambios en cadena dentro del ecosistema.

A través de estudios sobre ñeques, hormigueros, termitas, hormigas y cangrejos, explicó que la desaparición o reducción de ciertos animales modifica procesos esenciales como la dispersión de semillas, la descomposición de la madera y el reciclaje de nutrientes.

Los investigadores concluyeron que comprender estas interacciones resulta fundamental para diseñar estrategias de conservación más efectivas y anticipar el impacto de las presiones ambientales sobre uno de los ecosistemas más valiosos de Panamá.

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