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Ciudad de Panamá, Panamá/El presidente de la República, José Raúl Mulino, manifestó este jueves 5 de marzo su amplia expectativa por la reunión de jefes de Estado convocada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que se llevará a cabo el próximo 7 de marzo en el Hotel Doral, al sur de Miami.
“Son 12 presidentes de América Latina. He conversado con algunos representantes de entidades internacionales que van a ir, y creen que el momento es propicio para hablar sobre democracia, lucha contra la droga, lavado de dinero y seguridad continental. Panamá juega un rol importante porque somos el único país que tiene un canal”, indicó Mulino durante su conferencia de prensa.
El mandatario panameño detalló que la reunión tendrá un formato más flexible que las cumbres tradicionales: “No hay una plenaria como hacen en las cumbres. Cada presidente habla y expone sobre los temas de su país. En la noche habrá un cóctel ofrecido por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, con invitados de otras instituciones del gobierno de Estados Unidos”.
Mulino confirmó que viajará a Miami tras atender asuntos locales el viernes, y que la agenda incluirá un almuerzo conversado con los presidentes participantes, así como la posibilidad de reuniones bilaterales, aún por confirmar.
Según la Presidencia de Panamá, Mulino recibió la notificación oficial de su participación a través de los canales diplomáticos. Esta cumbre contará con la presencia de los presidentes de Argentina, Javier Milei; Bolivia, Rodrigo Paz; Ecuador, Daniel Noboa; El Salvador, Nayib Bukele; Honduras, Nasry Asfura; y Paraguay, Santiago Peña.
Este encuentro será la primera cumbre regional desde que Donald Trump asumió el poder, y se produce en un contexto en que la Cumbre de las Américas prevista para 2025 en República Dominicana ha sido pospuesta sin fecha definida.
Fuentes de la Casa Blanca confirmaron a la AFP que la reunión se celebrará el 7 de marzo y que todos los líderes invitados mantienen relaciones cercanas con el gobierno estadounidense, un eje inesperado en la política exterior de Trump hacia el continente.
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