Temblor en Panamá: Pasillos de la extensión universitaria en Soná se convierten en refugio para 50 personas

Aunque permanecen bajo el techo de los pasillos, las familias no consideran el lugar un albergue definitivo. Esperan que sus viviendas sean inspeccionadas y que las autoridades determinen cuáles pueden volver a ocuparse.

Temblor en Panamá: Pasillos de la extensión universitarios en Soná se convierten en refugio para 50 personas / TVN Noticias

Soná, Veraguas./Los pasillos de la extensión de la Universidad de Panamá, en Soná, dejaron de ser únicamente un lugar de tránsito. Desde el terremoto, se convirtieron en el espacio donde 10 familias de la barriada El Mamey duermen, cocinan, comen y esperan conocer si algún día podrán regresar con seguridad a sus viviendas.

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En total, son cerca de 50 personas, entre familiares y vecinos, que abandonaron sus casas después de que fueran consideradas inseguras. Cuando sienten una nueva réplica, también salen del pasillo y corren hacia un potrero cercano, el lugar que consideran más seguro.

Pasillos de la extensión universitaria de Soná son refugios para familias.
Pasillos de la extensión universitaria de Soná son refugios para familias. / TVN Noticias

Arturo Batista explicó que prefieren permanecer en la universidad hasta que las autoridades evalúen sus hogares.

“Porque en nuestros hogares no hay luz, estamos sin eso. Y las réplicas sí, y a veces viene un templón y tenemos que correr de nuevo, así que mejor nos quedamos aquí hasta que se nos diga por parte de las autoridades competentes que ya podemos volver a nuestros hogares”, relató.

"Coperachas" para sobrevivir

Con los pocos recursos que conservan, las familias han reunido dinero para comprar alimentos y otros artículos necesarios. También se organizaron para conseguir un lugar donde pueda descansar una mujer que no puede caminar.

Nosotros, con lo poco que tenemos, hemos juntado, pues, dinero, hemos comprado algunas cosas, hacemos coperachas, hemos tratado de conseguir por lo menos para la señora que ahorita no está, pero ella no camina, para que por lo menos pueda acostarse, no esté en el piso”, expresó Sindy Batista, quien perdió su vivienda.

El campamento improvisado permanece expuesto a la lluvia. Jazmín Jiménez contó que las propias familias han tenido que acondicionar el espacio.

“Hay casas rajadas, hay casas sin luz, no sabemos, estamos aquí esperando que caiga el agua y nos mojamos. Nosotros mismos hemos improvisado todo lo que usted ve aquí”, manifestó.

Aunque permanecen bajo el techo de los pasillos, las familias no consideran el lugar un albergue definitivo. Esperan que sus viviendas sean inspeccionadas y que las autoridades determinen cuáles pueden volver a ocuparse.

Hasta entonces, permanecerán juntas en la universidad, entre colchones, alimentos compartidos y el temor de que una nueva réplica las obligue a correr nuevamente hacia el potrero.

Con información de Ney Castillo.

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