Rescatan fauna silvestre en Darién: un mono capuchino y un tucán estaban en cautiverio

El hallazgo se produjo en las comunidades de Zapallal y Arimae, donde unidades de la Primera Brigada Oriental del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), en coordinación con el Ministerio de Ambiente, ubicaron a un mono capuchino cariblanco y un tucán que eran mantenidos fuera de su entorno natural.

Uno de los monos capcuhinos observado cargando a una cría de mono aullador en la isla Jicarón / Cortesía/Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI)

En medio de operativos conjuntos en comunidades apartadas de la provincia de Darién, autoridades lograron el rescate de dos especies silvestres que permanecían en cautiverio, una práctica que sigue siendo una amenaza silenciosa para la biodiversidad panameña.

El hallazgo se produjo en las comunidades de Zapallal y Arimae, donde unidades de la Primera Brigada Oriental del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), en coordinación con el Ministerio de Ambiente, ubicaron a un mono capuchino cariblanco y un tucán que eran mantenidos fuera de su entorno natural.

Ambos animales fueron trasladados bajo custodia del Ministerio de Ambiente, donde serán sometidos a evaluaciones médicas y de comportamiento antes de determinar si es viable su reintegración a la vida silvestre.

Aunque ninguna de las especies rescatadas se encuentra en peligro crítico de extinción, su situación dista de ser estable. El mono capuchino cariblanco panameño (Cebus imitator) está catalogado como vulnerable, mientras que el tucán (Ramphastos sulfuratus) figura como casi amenazado, con poblaciones que han mostrado una tendencia a la disminución en los últimos años.

El caso vuelve a poner sobre la mesa el problema del tráfico y la tenencia ilegal de fauna, una práctica persistente en zonas rurales y de difícil acceso. Las autoridades aseguran que este tipo de operativos busca frenar ese fenómeno, al tiempo que refuerzan los esfuerzos por conservar la biodiversidad en una de las regiones ecológicamente más sensibles del país.

El desafío sigue siendo mayor: reducir la demanda de animales silvestres como mascotas y fortalecer la vigilancia en territorios donde estas prácticas aún pasan desapercibidas.

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