Béisbol Mayor | De Las Tablas a 1985: cuando la violencia sacude el béisbol panameño
Sintoniza el partido Coclé vs Panamá Oeste, el lunes 30 de marzo a las 7:00 p.m. por TVMAX, TVN Pass y el canal de YouTube TVMAX PANAMÁ.
Panamá/Lo ocurrido el pasado sábado 28 de marzo en el Estadio Roberto Hernández, en Las Tablas, no solo encendió las alarmas en el béisbol mayor, también abrió una herida vieja.
El batazo propinado presumiblemente por un pelotero de Veraguas(Juan Aizprúa) a un jugador de Los Santos (Yeison Austin) no es un hecho aislado en la historia del deporte nacional. Hay un antecedente que, más de cuatro décadas después, vuelve a tomar relevancia.
Para encontrarlo hay que viajar a 1985, a una final intensa entre Herrera y Veraguas en el Estadio Juan Demóstenes Arosemena. Allí, en medio de la tensión propia de una serie decisiva, se produjo un episodio que marcó para siempre a sus protagonistas.
Según relata el lanzador Francisco “Chico” González en una entrevista concedida a Alex Roberto Tello, creador de la cuenta Historia del Béisbol Panameño, todo comenzó con lo que parecía una rivalidad común dentro del terreno. González recuerda que en un partido previo le lanzó pegado al cuerpo al herrerano Reinaldo “Leny” Ríos, quien reaccionó con gestos que no fueron bien recibidos.
“Le mandé a decir que no me hiciera muecas, porque eso me molestaba y podía darle un bolazo”, confesó González, dejando claro que lo dijo en tono de broma, como parte de la camaradería que existía entre ambos.
Pero el ambiente cambió radicalmente en el siguiente enfrentamiento. Durante el antepenúltimo juego de la serie final, González volvió a lanzar pegado al cuerpo, y fue entonces cuando Ríos respondió de la forma más inesperada: con un batazo directo al brazo derecho del lanzador veragüense.
“Fue su oportunidad de desahogarse”, reflexionó años después González, quien siempre sostuvo que su lanzamiento no fue intencional, algo que incluso se comprobó en repeticiones.
Lo que más le dolió no fue el golpe, sino el silencio posterior. “Jamás se disculpó”, aseguró. Para González, la falta de una explicación o un gesto de arrepentimiento rompió una amistad que iba más allá del diamante. Ambos habían compartido competencias internacionales representando a Panamá, acumulando experiencias y confianza.
El desenlace deportivo también quedó marcado en la historia: Herrera se coronó campeón tras imponerse 4-3 en la serie, logrando su octavo título nacional. Sin embargo, el caso disciplinario fue aún más contundente. Reinaldo “Leny” Ríos recibió una suspensión de por vida, una de las sanciones más severas registradas en el béisbol panameño.
Hoy, tras lo sucedido en Las Tablas, aquel episodio de 1985 deja de ser solo un recuerdo. Se convierte en una advertencia. El béisbol panameño, un deporte de pasión y tradición, vuelve a enfrentarse al desafío de mantener la competencia dentro de los límites del respeto.
Porque cuando la rivalidad cruza la línea, las consecuencias trascienden generaciones.