María la Caprichosa
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Panamá/El deporte panameño y la disciplina de las narices chatas a nivel internacional se encuentran de luto tras confirmarse, este martes en horas de la tarde, el sensible fallecimiento del ex bicampeón mundial de peso ligero e integrante del Salón de la Fama, Ismael Laguna, popularmente conocido en el argot pugilístico como "El Tigre de Colón".
Nacido el 28 de junio de 1943 en la provincia de Colón, Laguna construyó una de las carreras más deslumbrantes y respetadas en la historia del boxeo latinoamericano. Su estilo refinado, caracterizado por una velocidad de piernas prodigiosa, un jab punzante y una capacidad defensiva que desesperaba a sus rivales, lo convirtió en un referente indiscutible dentro y fuera de las fronteras panameñas.
El camino profesional de Laguna inició formalmente el 21 de agosto de 1960, fecha en la que debutó sobre el encordado e inscribió las primeras páginas de una gesta deportiva memorable. A partir de ese momento, su ascenso dentro del ranking mundial fue meteórico, enfrentando a los mejores exponentes de la categoría de las 135 libras en una de las eras más competitivas del deporte.
El punto culminante de su consagración llegó en abril de 1965, cuando protagonizó una memorable contienda ante el legendario pugilista puertorriqueño Carlos Ortiz. En aquella cita con la historia, el panameño demostró una maestría técnica superior para arrebatarle la corona mundial de peso ligero, desatando la euforia de todo un país. Aunque la rivalidad con Ortiz continuó en sangrientas revanchas, Laguna volvió a tocar la gloria deportiva en marzo de 1970, al conquistar por segunda ocasión el cetro mundial de la misma división.
A lo largo de su trayectoria en el terreno profesional, el colonense dejó un impresionante registro estadístico que refleja su consistencia en el ring:
El impacto global de su legado quedó sellado de manera definitiva en 1999, cuando fue exaltado al prestigioso Salón de la Fama del Boxeo Internacional en Canastota, Nueva York. Posteriormente, en 2001, analistas e historiadores del deporte lo señalaron formalmente como uno de los verdaderos pioneros y arquitectos de la prestigiosa escuela panameña de boxeo, influyendo en las generaciones posteriores de pugilistas locales.
La noticia de su partida provocó de inmediato un profundo dolor entre la comunidad deportiva. En las inmediaciones del emblemático gimnasio Everardo Núñez —popularmente conocido como "La cajita de fósforo"—, el ambiente se tornó de resignación y nostalgia entre entrenadores, atletas y figuras emblemáticas que compartieron vida con la leyenda.
En el lugar se encontraba el también ex campeón mundial panameño Luis "El Naja" Ibarra, quien no pudo ocultar su conmoción al recordar la figura de Laguna no solo como un referente técnico, sino como una guía espiritual para las promesas que buscaban salir adelante a través del deporte.
"Siempre lo llevaré en mi memoria. Era como un padre para mí", manifestó Ibarra Visiblemente afectado al rememorar pasajes vividos junto al ídolo. "Laguna era un padre para nosotros los pelaitos", añadió, subrayando el rol fundamental que jugó el fallecido ex monarca en la orientación, formación y rescate social de jóvenes boxeadores colonenses a lo largo de las décadas.
La partida física de Ismael "El Tigre de Colón" Laguna deja un vacío irreparable en el tejido deportivo panameño y en la memoria colectiva del boxeo internacional. Sin embargo, su estampa de peleador elegante, su entrega en el cuadrilátero y su valioso aporte humano permanecen como un faro de inspiración para las futuras generaciones.
Información de Néstor Delgado (corresponsal de TVN Noticias en la provincia de Colón)