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Panamá/Un repaso a los momentos que marcaron la Copa del Mundo más grande de la historia, desde las hazañas de selecciones debutantes hasta el escándalo que involucró a Donald Trump.
La gran postal positiva del torneo la dejaron las selecciones sin gran trayectoria que le plantaron cara a las potencias tradicionales. Cabo Verde, con apenas medio millón de habitantes y una liga local semiprofesional de solo 12 clubes, se convirtió en la gran revelación del certamen: empató 0-0 ante España y luego rescató un 2-2 frente a Uruguay, resultado que además fue clave para la temprana eliminación de la Celeste. Un analista consultado por medios de la región definió el fenómeno como la confirmación de un proyecto sostenido por la diáspora, ya que buena parte del plantel se formó fuera de las islas.
RD Congo aportó su propia cuota de asombro: regresó a una Copa del Mundo después de más de cinco décadas de ausencia y avanzó como uno de los mejores terceros lugares de la fase de grupos, tras un valioso empate ante Portugal. A ellas se sumaron Ghana, Costa de Marfil y otras selecciones que mostraron el crecimiento competitivo del fútbol africano durante todo el torneo, confirmando que el margen entre las potencias históricas y el resto del mundo es cada vez más estrecho.
La gran controversia futbolística pasó por las pausas de hidratación, aplicadas por primera vez de forma obligatoria en los 104 partidos del torneo, sin importar el clima. Lionel Scaloni, entrenador de Argentina, fue uno de los críticos más duros: sostuvo que las interrupciones "rompen el partido" y terminan convirtiendo los encuentros en una especie de "cuatro cuartos", advirtiendo que el equipo teóricamente más débil puede verse favorecido por esos cortes.
En la misma línea se manifestó Marcelo Bielsa, quien fue tajante al señalar que la medida no le agrega nada al fútbol y le quita mucho. El defensor neerlandés Virgil van Dijk también cuestionó el impacto de las pausas en el ritmo de juego, mientras que crecieron las sospechas de que la medida respondía tanto al cuidado de los jugadores como a intereses comerciales, dado que las transmisiones aprovechan esos minutos para insertar publicidad.
El capítulo más oscuro del torneo llegó en octavos de final, cuando el Comité Disciplinario de la FIFA decidió retirarle la tarjeta roja al delantero estadounidense Folarin Balogun, permitiéndole disputar el partido ante Bélgica pese a haber sido expulsado en la fase anterior.
La polémica escaló cuando trascendió que el presidente Donald Trump había llamado personalmente a Gianni Infantino para pedir la revisión del caso, algo que el propio mandatario terminó confirmando públicamente, además de celebrar la resolución en su red social. La Federación Alemana de Fútbol exigió explicaciones inmediatas, con su presidente Bernd Neuendorf advirtiendo que la impresión de que hubo una influencia política activa en el deporte debe disiparse de forma rápida y definitiva, ya que estaban en juego la integridad de la competición y la credibilidad de la propia FIFA.
El episodio reavivó las críticas hacia el vínculo entre Infantino y la Casa Blanca, y dejó una pregunta incómoda flotando sobre el cierre del torneo: hasta dónde puede llegar la injerencia externa en las decisiones deportivas del organismo que rige el fútbol mundial.
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