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Ciudad de Panamá, Panamá/El significado de los mártires y de la gesta del 9 de enero parece diluirse hoy en la rutina caótica de la ciudad de Panamá. Lo que nació como un esfuerzo por mantener viva la llama del patriotismo, ahora se desvanece en estructuras de concreto que se caen a pedazos. Ese desgaste es especialmente visible en la Avenida de los Mártires, donde el recuerdo de 1964 lucha por no ser enterrado por el tráfico y la desidia.
El epicentro de la lucha, la glorieta frente al Instituto Nacional, alberga una obra que hoy es el símbolo del descuido. Inaugurada en 2014 por el artista Luis Gálvez como parte de la revitalización urbana, la pieza que representa a panameños escalando la cerca con la bandera está incompleta.
"El monumento estuvo con el asta rota, sin cabeza. Casi tres años después, no ha sido restaurado", denuncia Víctor Bosch, del movimiento de graduados del Instituto Nacional de 1983. Por su parte, Francisco Olivella, del Proyecto Mundo Esculturas, lamenta que las figuras que formaban parte de la escena han desaparecido sin dejar rastro, presuntamente víctimas del vandalismo.
"Pareciera que no nos interesa educar a las generaciones nuevas sobre nuestro pasado", añade Bosch.
Para los sociólogos, el problema va más allá de una escultura rota: se trata de una desconexión cultural. José Clemente Lasso, director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Panamá, advierte que para gran parte de la población estos monumentos son "estructuras sin significado".
Lasso señala que el sistema educativo ha fallado en transmitir la importancia de la fecha. "Los panameños entienden el 9 de enero como un día libre, un asueto. El significado se ha perdido en las nuevas generaciones", explica.
Esta erosión de la memoria no es accidental. Jorge Arosemena, presidente de la Fundación Ciudad del Saber, recuerda un episodio crítico: "En un momento se eliminó la materia de Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos. Pareciera que se quería borrar la historia en un acto de acción, más que de simple olvido".
No todo es abandono. En la Universidad de Panamá, la Plaza 9 de Enero conserva viva la memoria de los mártires con el busto de Ascanio Arosemena, el primero de ellos. Igual pasa en los alrededores del edificio de la Administración del Canal, con el monumento de la Llama Eterna, que está en obras. En la Ciudad del Saber, la memoria ha encontrado un refugio activo. Lo que antes fue el corazón del poder militar estadounidense (Fuerte Clayton), hoy rinde homenaje a quienes dieron su vida por la soberanía.
En 2014, las calles del complejo fueron rebautizadas con nombres como Gonzalo Crance, César Lara y Maritza Alabarca. "Si no hubiera habido 9 de enero, no habría Tratados Torrijos-Carter y no habría Ciudad del Saber", reflexiona Arosemena, quien vivió la gesta como estudiante universitario.
Al regresar a la Avenida de los Mártires, el panorama vuelve a ser sombrío. El monumento que recrea la icónica foto de la revista Life (tres jóvenes subiendo un poste) no se cae a pedazos, pero está sumergido en la suciedad, los malos olores y el ruido ensordecedor del transporte.
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Otro monumento cercano está prácticamente secuestrado por un intercambiador vial, oculto a la vista de los conductores que pasan a toda velocidad. Para Lasso, el olvido es tal que todavía hay personas que llaman a la vía por su antiguo nombre colonial: Avenida 4 de Julio.
La conservación de estos espacios es vital para que la historia no se convierta en una pieza de museo olvidada. La comunidad y los expertos coinciden en que se necesitan planes de mantenimiento preventivo y promoción cultural antes de que las obras sean irrecuperables.
El 9 de enero no puede vivir solo en los libros de texto; debe respirar en las calles. Pero, mientras la ciudad siga ignorando sus monumentos, la memoria colectiva de Panamá correrá el riesgo de desaparecer entre el asfalto y la indiferencia.