Contenido Exclusivo: Las heridas invisibles del acoso escolar

Entre las consecuencias más graves del acoso escolar está la ideación suicida.

Un niño se sienta solo en un parque / TVN Noticias
Yenny Caballero - Periodista
02 de marzo 2026 - 20:04

Ciudad de Panamá, Panamá/Ellos sufren en silencio, con una carga emocional y física que apenas comprenden. Y si no reciben ayuda, el acoso puede escalar, incluso poniendo en riesgo sus vidas.

Enso, estudiante universitario, asegura que el acoso puede quitarle a un estudiante las ganas de ir al colegio por miedo o inseguridad ante ciertas personas. Daniela, estudiante graduanda, explica que cuando se acosa a alguien, se le hace sentir “menos, raro o diferente”, generando un alto impacto en su autoestima. Para Gabriel, también estudiante universitario, el acoso puede ser físico, con golpes, o emocional, y en ocasiones se manifiesta a través de ataques verbales.

Ana Laura, quien estaba por graduarse, recuerda cómo perdió la alegría en su último año de secundaria debido a un caso de acoso. “Uno siempre dice que se va a defender si le pasa, pero no siempre es así”, comenta. Durante las noches lloraba al recordar lo ocurrido, pero hablar con su mamá y orar la ayudó a sobrellevar la situación. Convertirse en víctima de acoso escolar fue una experiencia que Ana Laura no pudo afrontar sola; contárselo a sus padres fue su mejor decisión.

Su madre, Zonya, recuerda que al principio restaban importancia a los incidentes, pero la situación se volvió insostenible: “No quería ir al colegio, le dolía la cabeza y el estómago, y era frecuente que tuviera que ir a la enfermería. Estaba en un punto en que le daba miedo reaccionar mal, que ante un momento de incomodidad llegara a una agresión, porque ya se lo había dicho y no quería esperar más”. El acoso provenía de alguien que Ana Laura conocía desde pequeña.

La joven reflexiona: “Hay ocasiones en que queremos devolver con la misma moneda lo que nos hacen, y ese no es el propósito. Aprendí que lo que nos perturba no somos nosotros, sino las inseguridades de otras personas reflejadas en nosotros”.

Grupos de compañeros de clases
Grupos de compañeros de clases / AFP

Según Zonya, el acoso no se limitó a una sola persona: “Se agruparon y de la noche a la mañana dejaron de invitarla, la excluían. Mi hija estudiaba en un colegio particular y sentimos que hace falta mucho reconocimiento y acción inmediata frente a estas situaciones”.

Señales de alerta

El acoso escolar se manifiesta de distintas maneras. Los padres deben observar si sus hijos presentan marcas físicas como moretones inexplicables, arañazos, huesos rotos o heridas. También pueden mostrar miedo de ir al colegio, ansiedad, agresividad, retraimiento o dificultades para relacionarse con otros niños.

“Guardar silencio, mentir o decir que se cayó son comportamientos comunes en niños y adolescentes víctimas de acoso”, explica la psiquiatra infantil Nilda Santamaría. Sin embargo, tampoco ayuda decirles que “si te pegan, pega”, pues estas respuestas no resuelven la situación.

El bullying es un acto repetitivo e intencionado entre compañeros, donde el agresor ejerce poder y la víctima usualmente guarda silencio. Paola Martínez, directora ejecutiva de la Fundación Serenamente, asegura que se trata de un llamado de ayuda y un problema de salud mental tanto para la víctima como para el agresor. “Normalmente, un agresor ha sido víctima en casa, por un cuidador, familiares, amigos o personas mayores”, explica.

Un salón de clases
Un salón de clases / TVN Noticias

Estadísticas preocupantes

La Organización Global de Prevención ante el Bullying indica que 8 de cada 10 estudiantes en Panamá han experimentado violencia, maltrato o acoso en escuelas públicas y privadas. Mientras que el acoso en escuelas públicas suele ser físico, en privadas se manifiesta de manera psicológica y social, registrando índices más altos de suicidio.

Víctor Smouly, director ejecutivo de la organización, señala que la prevención comienza en el hogar: “Hoy lo que tenemos son padres ausentes. Una encuesta de 2023 indica que solo el 12% de los niños se sienten felices en sus hogares”.

El informe de Unicef sobre violencia contra niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe 2026 indica que 1 de cada 4 jóvenes ha sufrido bullying. Los chicos enfrentan más acoso físico, mientras que las chicas reportan más acoso psicológico y sexual.

Imagen ilustrativa de un niño víctima de bullying
Imagen ilustrativa de un niño víctima de bullying / TVN Noticias

Rol de los docentes y psicólogos

El docente debe identificar casos de acoso y trabajar en horas de consejería. Abel Zeballos, supervisor de ética del Ministerio de Educación (Meduca), resalta la importancia de inculcar respeto y buenas costumbres. Arelys Fernández, psicóloga del Meduca, explica que los apodos ofensivos y la exclusión social son formas visibles de acoso, mientras que muchas víctimas sienten miedo de denunciar.

La tecnología ha traído nuevas formas de acoso, como el ciberacoso. UNICEF y OPS indican que más del 20% de jóvenes entre 11 y 17 años en Panamá han sufrido ciberacoso. Con redes sociales y dispositivos electrónicos, el acoso ya no termina cuando se acaban las clases; los jóvenes quedan expuestos solos frente a agresores virtuales.

Consecuencias y atención psicológica

Entre las consecuencias más graves del acoso escolar está la ideación suicida. Smouly relata que han registrado intentos de suicidio desde los 5 hasta los 17 años. Nilda Santamaría advierte que en muchos casos los niños solo quieren que la violencia se detenga, buscan ayuda y comprensión.

Los jóvenes víctimas y agresores requieren atención psicológica, porque aún no tienen la madurez para medir las consecuencias de sus actos. Padres, cuidadores y docentes deben crear un entorno seguro, respetuoso y libre de bullying.

Enso afirma que las víctimas necesitan alguien con quien hablar. Daniela recuerda que “no hay nada de malo en ser diferentes y no han hecho nada para merecer la agresión”. Gabriel pide más psicólogos en escuelas y universidades.

Este reportaje muestra la gravedad del acoso escolar en Panamá, sus múltiples manifestaciones y la necesidad urgente de intervención desde el hogar, las instituciones educativas y la sociedad para proteger a los niños y jóvenes.

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