Tierra Lejana
En vivo
Ciudad de Panamá/Fuera de la muralla de rascacielos que define a la Ciudad de Panamá hay otra ciudad. Una menos opulenta, más diversa y que lucha cuesta arriba todo el tiempo. Es la ciudad de la enorme mayoría, y la que 508 años después arrastra el peso de nunca haber recibido un gramo de planificación. Es una ciudad dejada a su suerte.
El recorrido por la otra ciudad empieza en Panamá Este. Solo en esta zona viven más de 400 mil personas. De hecho, si se suman sus siete corregimientos, la población supera la que tienen juntas las provincias de Colón y Herrera.
El ritmo de crecimiento no se detiene. Todos los días llegan nuevos vecinos a los barrios. Pacora es uno de ellos: un poblado de origen afro, fundado por negros libres que establecieron aquí su palenque en plena colonia española. Es uno de los asentamientos más antiguos del país, con 444 años de existencia. Pero parte de su identidad hoy está avasallada por la expansión de la mancha urbana, y cada vez es más difícil para sus habitantes recordar qué significa pertenecer a este lugar.
Este barrio, como muchos otros del este, ni siquiera cuenta con infraestructura básica como un sistema de alcantarillado. La población —la de toda la vida y la nueva— camina en los márgenes de la calle porque en algunos tramos ni siquiera hay acera. Es una realidad que se repite en toda la periferia: escuelas saturadas, el metro lleno por las mañanas y un tranque monumental para llegar al centro. Barrios donde, muchas veces, la gente no puede hacer su vida con normalidad.
Mientras la ciudad se prepara para celebrar su aniversario, los vecinos de Panamá Este se preguntan si esa ciudad les alcanza, si los piensan. La Alcaldía de Panamá asegura que invertirá cerca de $25 millones en dos obras claves para la zona, inversiones que resultan cruciales porque Panamá Este carece de espacios públicos de calidad.
El dilema de fondo es cómo la ciudad, que se estira como un chicle, empieza a chocar con el campo, y qué calidad de vida puede ofrecer a sus miles de residentes en esas condiciones. En la boca del río Pacora, los vecinos —productores agrícolas de toda la vida— reclaman que las inversiones de la ciudad no llegan hasta allí. Necesitan puentes para poder cruzar su cosecha.
La periferia de la ciudad ha vivido una fuerte explosión demográfica en los últimos años:
Llegan nuevos vecinos todos los días, y con ellos crece la presión sobre los servicios públicos.
El recorrido continúa en Panamá Norte, otro retazo de la otra ciudad. Lejos de la última estación del metro en Villa Zaíta, en barrios como Caimitillo los vecinos sienten lo mismo que en el este: que no son parte de la ciudad de Panamá. Ana Vargas, quien tiene más de 20 años viviendo en Nuevo México, vive a escasos dos kilómetros del lago que abastece de agua potable a la capital, y aun así enfrenta esa realidad de exclusión.
El último informe de Pobreza Multidimensional revela que en esta zona se ubican los corregimientos con mayor pobreza de la ciudad, con niveles de precariedad que se asemejan a los de zonas rurales:
Según el estudio, la falta de agua es la principal causa de esta pobreza. En Caimitillo, uno de cada cinco vecinos vive sin servicio de agua, y la cifra es aún peor en Chilibre y Las Cumbres, pese a que la potabilizadora más grande de la ciudad se encuentra a pocos pasos de estos barrios.
La expansión inmobiliaria presiona todavía más la situación. La Alcaldía de Panamá asegura que ya entró en vigor una norma que busca desincentivar el crecimiento sin control de barriadas en lugares donde no existen los servicios básicos.
La clave, dicen las autoridades, está en cómo llevar nuevamente a la gente hacia el centro mientras se dignifican los barrios de las afueras. En el norte, el problema no es solo el agua: es también la crisis de movilidad, el tranque que ya asoma dentro de los propios barrios, el transporte que golpea el bolsillo de los vecinos y la salud que no llega a tiempo.
¿Qué periferia tenemos? ¿Cómo piensa la ciudad en su gente, en quienes no viven en la muralla de rascacielos, sino atrapados en el círculo de olvido y resistencia de la otra ciudad?
Cinco siglos después de que los españoles marcaran el camino de esta ciudad, la verdadera deuda histórica con la periferia está en el desarrollo que nunca llegó, en los espacios públicos que jamás se construyeron, en las tuberías de agua vacías, en el acceso a salud que no llega y en el medio millón de vecinos que sostienen a pulso una capital que todavía les queda debiendo.