Arcángel en el centro del debate por estatua dorada en espacio histórico de San Juan
Más allá del aspecto estético, el debate se trasladó rápidamente al terreno simbólico.
La instalación de una estatua dorada del cantante urbano en el corazón del Viejo San Juan desató una intensa controversia que terminó con una decisión definitiva de las autoridades municipales.
La figura monumental, ubicada en la Plaza de Armas como parte de una estrategia promocional del nuevo álbum del artista, será retirada este lunes 19 de enero, poniendo fin a una activación que generó opiniones divididas entre residentes, turistas y usuarios de redes sociales.
La escultura, de aproximadamente 15 pies de altura, fue colocada el jueves 15 de enero para acompañar el lanzamiento del disco La 8va Maravilla, un proyecto con el que Arcángel celebra dos décadas de trayectoria musical. La iniciativa coincidió con el arranque de la edición número 56 de las Fiestas de la Calle San Sebastián (SanSe 2026), uno de los eventos culturales más importantes de Puerto Rico, lo que multiplicó su visibilidad y el flujo de visitantes al lugar.
Desde el primer día, la estatua llamó la atención tanto por su tamaño como por su acabado dorado, que contrastaba de manera marcada con la arquitectura colonial de la ciudad amurallada. La obra representa a Austin Santos, nombre real del artista, con el torso desnudo, las manos unidas en gesto de oración y la mirada dirigida al cielo. Un reloj de gran tamaño en su muñeca izquierda fue uno de los pocos elementos que algunos identificaron como característicos del cantante.
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Sin embargo, uno de los principales focos de crítica fue el escaso parecido físico de la figura con Arcángel. Entre los asistentes a las fiestas, las opiniones se repitieron. “No es que esté raro, pero si no me hubieran dicho que es de Arcángel, no lo hubiera adivinado”, comentó Nashy López Rivera, una joven visitante. Otro ciudadano, José Hernández, reaccionó con sorpresa: “¿Arcángel es? Diablo, no se parece”.
Más allá del aspecto estético, el debate se trasladó rápidamente al terreno simbólico. En redes sociales, varios usuarios cuestionaron si un espacio histórico como la Plaza de Armas debía albergar una instalación de carácter promocional vinculada a un álbum musical. Algunos señalaron que ese tipo de homenajes debería reservarse para figuras históricas o culturales con aportes más amplios a la sociedad puertorriqueña.
La discusión alcanzó tal magnitud que el alcalde de San Juan, Miguel Romero Lugo, se pronunció públicamente para aclarar la situación. En una entrevista con Telemundo Puerto Rico, el mandatario fue contundente respecto a la permanencia de la estatua: “Eso no es parte, jamás y nunca, de lo que debe ir en una plaza como esa”. Además, confirmó que la remoción se realizará este lunes 19 de enero y lanzó una advertencia directa a quienes deseaban verla: “Eso el lunes se va”.
Según explicó la alcaldía, la estatua fue instalada en un sector de la Plaza de Armas que actualmente se encuentra en proceso de remodelación, bajo un permiso especial y temporal otorgado exclusivamente para esta activación promocional. Como parte del evento, el espacio fue renombrado de manera simbólica como “Plaza de la Maravilla”, y el propio Arcángel ofreció un concierto el mismo día de la inauguración de la figura.
La breve permanencia de la estatua dorada dejó al descubierto una conversación más amplia sobre los límites entre la cultura urbana contemporánea, el mercadeo artístico y la protección de los espacios patrimoniales. Mientras algunos asistentes celebraron la iniciativa como una muestra de innovación y orgullo por un artista que ha llevado el nombre de Puerto Rico a escenarios internacionales, otros consideraron que la intervención fue inapropiada para un entorno histórico.
Con su retiro ya confirmado, el episodio de la estatua de Arcángel en el Viejo San Juan quedará como un ejemplo reciente de cómo el arte, la música y el espacio público pueden converger y chocar, en una ciudad donde la tradición y la modernidad conviven bajo constante escrutinio público.