Bad Bunny gana batalla legal y reclama millonaria suma
El artista puertorriqueño Bad Bunny vuelve a ser protagonista, esta vez fuera de los escenarios.
Tras imponerse en una disputa por derechos de autor relacionada con una de sus canciones, Bad Bunny ha solicitado el reembolso de 466.000 dólares en honorarios legales, argumentando que el proceso judicial nunca debió existir y que fue impulsado sin fundamentos sólidos.
El conflicto se originó cuando la compañía emPawa Africa presentó una demanda en la que acusaba al artista de utilizar sin autorización un fragmento de la canción “Empty My Pocket”, lanzada en 2019 por el compositor nigeriano Dera. Según la denuncia, dicho sample habría sido incorporado en el tema “Enséñame a bailar”, incluido en el exitoso álbum Un verano sin ti, que alcanzó gran impacto internacional y presencia en listas como el Billboard Hot 100.
Sin embargo, la defensa de Bad Bunny sostuvo desde el inicio que el uso del fragmento musical contaba con autorización válida otorgada por otro titular de derechos, el productor Lakizo. Esta postura fue clave en el desarrollo del caso, que terminó desmoronándose tras una serie de acontecimientos legales.
A finales de 2025, los abogados de emPawa Africa abandonaron la representación por “diferencias irreconciliables”, lo que debilitó significativamente la demanda. Posteriormente, un juez decidió desestimar el caso a principios de marzo de 2026 por falta de prosecución, es decir, por no haber sido impulsado adecuadamente por la parte demandante.
Tras esta resolución, el equipo legal del artista presentó una solicitud formal para recuperar los costos de defensa, que ascienden a 465.612 dólares. En el documento, los abogados fueron contundentes al afirmar que “Este caso no tenía fundamento desde el principio y nunca debió haber sido presentado”. Además, añadieron que “En cambio, emPawa lo presentó y litigó agresivamente, aparentemente esperando que la riqueza, prominencia y deseo de Bad Bunny de evitar honorarios legales y mala publicidad permitirían a emPawa obtener un acuerdo multimillonario inmerecido”.
La defensa también argumenta que la compañía prolongó innecesariamente el proceso judicial, a pesar de que, según ellos, desde el inicio existían pruebas claras de que el sample estaba debidamente autorizado. En ese sentido, señalaron que emPawa utilizó estrategias para retrasar el litigio y evitar enfrentar el proceso probatorio.
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Uno de los puntos más críticos del documento legal destaca que “Cuando enfrentó una orden judicial inminente que requería que explicara cómo poseía ‘Empty’ y Lakizo no, emPawa eligió abandonar sus reclamos por completo”. Asimismo, subraya que “Que no haya encontrado un abogado sustituto para continuar con sus reclamos después de que su abogado original se retiró dice mucho”, insinuando debilidad en la base del caso.
El proceso obligó a un equipo de abogados especializados, incluyendo al reconocido jurista Jeff Goldman, a dedicar cientos de horas a la defensa del artista. Las tarifas de los principales abogados oscilaron entre 555 y 680 dólares por hora, lo que explica el elevado monto reclamado.
Un detalle relevante es que Bad Bunny no busca que el compositor Dera asuma estos costos, sino únicamente la empresa editorial. Según se explica en la solicitud, “Es la creencia de los demandados que este codemandante, Ezeani Chidera Godfrey (conocido como Dera), no fue el principal responsable de la tramitación de la demanda, ni tampoco financió el litigio”.
Este tipo de reclamaciones está contemplado en la legislación estadounidense sobre derechos de autor, que permite a la parte ganadora solicitar el pago de honorarios si se demuestra que la demanda fue frívola o manejada de forma poco razonable. La medida busca evitar abusos del sistema judicial en disputas dentro de la industria musical.
Casos similares han ocurrido recientemente. Artistas como Mariah Carey y Nelly también han recurrido a este mecanismo tras ganar litigios relacionados con derechos de autor, evidenciando una tendencia creciente en la defensa legal dentro del sector.
Mientras tanto, Bad Bunny continúa consolidando su carrera global, ahora con una victoria judicial que no solo refuerza su posición legal, sino que también envía un mensaje claro sobre la importancia de la propiedad intelectual y el uso adecuado de samples en la música contemporánea.