La pólvora cobra víctimas: la historia de Horus y el impacto invisible del ruido en los animales

La temporada decembrina en Colombia volvió a dejar una víctima que no aparece en los balances oficiales de quemados por pólvora.

Pólvora
Pólvora / IA - META

En Armenia, Quindío, Horus, un perro de aproximadamente 10 años, murió tras cuatro días de agonía luego de sufrir un episodio de estrés severo provocado por el estruendo de juegos pirotécnicos durante las celebraciones del Día de las Velitas. Su muerte ha generado indignación y reabrió el debate sobre el uso de pólvora y sus consecuencias más allá de los daños humanos.

De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Salud (INS), más de 300 personas han resultado quemadas en el país durante el inicio de las festividades decembrinas. Sin embargo, el caso de Horus evidencia otra cara de la problemática: los efectos del ruido extremo en los animales, que pueden derivar en consecuencias fatales.

El domingo 7 de diciembre, en el sector de Tres Esquinas, Horus estuvo expuesto a fuertes detonaciones de pólvora. Según la denuncia de su familia, el animal entró en un estado de pánico intenso que rápidamente se convirtió en un cuadro de estrés agudo. Ante la gravedad de la situación, fue trasladado de urgencia a una clínica veterinaria, donde los especialistas confirmaron el diagnóstico inicial de estrés, pero detectaron una complicación crítica adicional: una torsión gástrica.

Esta condición, considerada una emergencia veterinaria, provocó una severa afectación estomacal que, según versiones conocidas, habría derivado en un derrame interno. A partir de ese momento, Horus permaneció hospitalizado bajo estricta supervisión médica, luchando por su vida durante cuatro días. Pese a los esfuerzos del personal veterinario y al acompañamiento constante de su familia, el animal falleció el jueves 11 de diciembre debido a la gravedad de su estado.

La muerte de Horus causó una profunda conmoción en su entorno cercano. Su propietario, quien además es presidente de junta del sector, quedó devastado por la pérdida. La animalista Diana Rodríguez, integrante de la Fundación Eco Huellas, relató el impacto emocional del caso y explicó las circunstancias que rodearon el fallecimiento del canino.

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“Falleció en la mañana a raíz de que el 7 de diciembre, gracias a la pólvora que se estalló en el sector de Tres Esquinas, Horus entró en shock. Tuvo que ser trasladado a la veterinaria y fue diagnosticado con estrés”, explicó Rodríguez en declaraciones a Caracol Radio.

La activista también describió el profundo dolor del dueño del animal, quien equiparó la pérdida con la de un miembro de su familia. “Su propietario, que es presidente de junta, nos contaba entre lágrimas el dolor de su partida. Él dice que es una pérdida de un hijo. Lamentamos mucho esto, mucha indignación”, relató Rodríguez, quien utiliza sus redes sociales para visibilizar casos de maltrato y afectación animal.

El caso de Horus ha sido tomado por defensores de los animales como un ejemplo de las consecuencias que puede tener la permisividad en la venta y el uso de pólvora, así como de las fallas en los controles por parte de las autoridades locales y nacionales. Para los animalistas, este tipo de tragedias no son hechos aislados, sino el resultado de una regulación que consideran insuficiente.

Rodríguez hizo un llamado a la empatía y recordó que el impacto del ruido no se limita a las mascotas. “Pensemos en las personas enfermas, los adultos mayores, las personas autistas”, señaló, al advertir que el estruendo de la pólvora afecta a múltiples sectores vulnerables de la población.

Finalmente, la animalista cuestionó la normativa vigente y su aplicación. “Creemos que hay mucha permisividad en este decreto; está tratando de ser laxo con un sector”, concluyó, insistiendo en la necesidad de medidas más estrictas para prevenir nuevas tragedias.

La historia de Horus no solo deja un profundo dolor, sino que también se convierte en un llamado urgente a reflexionar sobre el costo real de la pólvora: un impacto que, en muchos casos, es silencioso, invisible y, como en este caso, irreversible.

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