Nadie Como Tú
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Ciudad Panamá/A los tres años, Valentina Palma no solo juega, también conduce un robot. En el Caipi de Montería, ubicado en Pedregal, esta niña se enfrenta a una maqueta que simula una pequeña comunidad y, entre risas y asombro, mueve al BABYBOT por calles hechas de legos, lo hace avanzar, girar, detenerse y regresar al punto de inicio como si entendiera perfectamente el recorrido.
La escena no se parece a una clase tradicional. Más bien es un juego guiado donde la curiosidad marca el ritmo. Con ayuda de su maestra, el robot atraviesa lugares como una iglesia, una estación de gasolina y una heladería antes de volver al centro educativo. Todo ocurre entre intentos, errores, descubrimientos y mucha emoción.
Esta experiencia forma parte de la metodología STEAM que se está implementando en los Centros de Atención Integral a la Primera Infancia (Caipi), donde la ciencia, la tecnología, la ingeniería, el arte y las matemáticas se integran, pero sin fórmulas complicadas ni clases rígidas: Allí todo se aprende jugando, tocando, construyendo y experimentando.
Valentina es uno de los 2,456 niños y niñas que ya participan en este modelo educativo, donde a esa edad no existen las clases como tal, sino la exploración constante. Los niños arman, prueban, se equivocan y descubren cómo funcionan los objetos que los rodean casi sin darse cuenta de que están aprendiendo.
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En el Caipi de Montería, donde hay 94 niños matriculados, los espacios también cambiaron. Ahora hay robots, bloques de construcción, maquetas interactivas y tableros digitales que sustituyen la pizarra tradicional. Una vez por semana, el aula se convierte en un pequeño laboratorio de juego donde cada actividad tiene un propósito distinto, que es acercar la ciencia con experimentos simples, desarrollar la lógica con construcciones, estimular la creatividad con formas y colores e introducir las matemáticas de manera natural.
Niños como Arisleinis Aldeano, de tres años, ya interactúan con pantallas digitales donde dibujan, colorean y realizan actividades que antes eran impensables a esa edad. Mientras tanto, Liz Alvarado prefiere los bloques tipo LEGO con los que construye autos, torres y escenarios, aprendiendo en el proceso qué se sostiene, qué se cae y cómo lograr equilibrio sin que nadie se lo explique de forma teórica.
La docente Anette Asprilla lo resume de forma clara: “Aquí los niños no memorizan, descubren. Aprenden haciendo y eso les cambia la forma de pensar desde pequeños”.
Según el Ministerio de Desarrollo Social (Mides), el objetivo es que más Caipi en el país incorporen estos espacios STEAM y amplíen estas experiencias a la primera infancia. La idea es acercar aprendizajes que normalmente se ven en etapas escolares más avanzadas, pero adaptados a la edad de los niños y centrados en el juego como herramienta principal.
En medio de este proceso, las familias ya empiezan a notar cambios. Padres como Yessika Santana aseguran que sus hijos ahora muestran más curiosidad, concentración e independencia. “Lo veo más curioso, más despierto. Todo lo quiere entender”, comenta sobre su hijo Mateo.
Otros niños incluso replican en casa lo aprendido, construyendo estructuras o representando emociones con bloques, lo que refleja no solo aprendizaje cognitivo, sino también desarrollo emocional y creativo.
Especialistas en desarrollo infantil recuerdan que los primeros años de vida son fundamentales para el crecimiento del cerebro, por lo que este tipo de experiencias pueden influir significativamente en la forma en que los niños aprenderán en el futuro.
Actualmente, los Caipi también integran programas como Tu Capi en Casa, Cuidarte y Mochila Juego Aprendo, junto con la metodología STEAM, como parte de una estrategia integral para la primera infancia. El acceso se mantiene con un costo simbólico de B/.7.00 de matrícula anual y B/.5.00 mensuales por niño o niña inscrito.
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