Imperdonable: Corazón Negro
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Panamá/Aunque Panamá ha registrado avances en la reducción de la pobreza en la última década, los datos reflejan una realidad más compleja cuando se observa la situación de la niñez, marcada por estancamiento, desigualdad y un retroceso que aún no se logra revertir tras la pandemia.
El país pasó de una pobreza general de 25,8% en 2013 a 21,7% en 2023, pero ese avance muestra límites. “Se observa cierto grado de estancamiento, especialmente en la reducción de la pobreza extrema (de 10,6% en 2013 a 9,6% en 2023)”, advierte el estudio de “Pobreza infantil en Panamá: un abordaje territorial de la pobreza monetaria en la niñez y la adolescencia”, elaborado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés), el Banco Mundial y el Ministerio de Desarrollo Social.
A pesar de políticas como Red de Oportunidades, la Beca Universal hoy conocida como PASE-U y el programa 120 a los 70, que en su momento impulsaron mejoras, actualmente enfrentan problemas de cobertura y focalización que reducen su impacto, señala el estudio.
El crecimiento económico, aunque ha sido sostenido, no ha logrado transformar las condiciones de fondo. “El crecimiento económico, aunque relevante para la reducción de la pobreza, no ha sido suficiente para eliminar de manera sostenida las situaciones de vulnerabilidad monetaria en el país”, se lee en el estudio.
Ello, tomando en cuenta que, la economía de Panamá creció un 4.4% en 2025, alcanzando un PIB de millones, impulsado por logística, servicios y el Canal de Panamá.
La situación es aún más crítica cuando se trata de niños, niñas y adolescentes. A nivel nacional, el 37.8% vive en pobreza monetaria y el 19.5% en pobreza extrema, cifras que superan ampliamente las del resto de la población. En términos generales, uno de cada tres niños vive en pobreza y uno de cada seis en pobreza extrema, lo que evidencia una vulnerabilidad estructural más profunda en la infancia.
Según la serie histórica (2005–2023) presentada en el informe, el año con la mayor incidencia de pobreza general en Panamá fue 2006, alcanzando un 38.3%. En cuanto a la pobreza extrema, ese mismo año también registró el punto más alto con un 22.2%. Desde entonces, la tendencia ha sido generalmente descendente, aunque se ha estancado en años recientes.
El impacto territorial agrava el panorama. En las comarcas indígenas, las condiciones son significativamente más severas. En Ngäbe Buglé, por ejemplo, el ingreso mensual promedio de los hogares con niños apenas alcanza $52.84, reflejo de desigualdades económicas profundas que limitan el desarrollo y las oportunidades.
El informe también advierte que la pandemia marcó un punto de quiebre. “Los valores observados en 2021 muestran un deterioro significativo respecto de 2019, seguido de una recuperación posterior que no alcanza a recomponer plenamente los niveles pre-pandemia”, se indica . Esta recuperación, además, ha sido más lenta entre la población infantil, lo que evidencia una mayor exposición de los niños a los efectos de las crisis económicas.
A 2024, los niveles de pobreza infantil continúan elevados en comparación con los mejores registros previos, lo que confirma que no se ha logrado volver al punto anterior. Esto refuerza la idea de que la pobreza infantil no es un fenómeno coyuntural, sino un problema estructural que impacta directamente en el desarrollo del país.
“La pobreza infantil en Panamá continúa siendo un desafío estructural que impacta profundamente en el desarrollo humano del país”, recoge el informe . A esto se suma que la pobreza en la niñez es sistemáticamente más alta que en la población general, llegando a superar en 13 puntos porcentuales los niveles del resto del país.
Las cifras también reflejan el impacto a largo plazo. “La pobreza infantil es uno de los problemas sociales más persistentes y desafiantes… con implicaciones profundas y duraderas en las oportunidades de desarrollo humano”, advierte el estudio .
En total, más de 482 mil niños viven en hogares que no logran cubrir la canasta básica, mientras que cerca de 224 mil enfrentan pobreza extrema. Estas condiciones no solo limitan el presente, sino que perpetúan desigualdades entre generaciones.
El diagnóstico es claro. Panamá crece, pero ese crecimiento no está llegando de forma equitativa a la niñez. Las brechas, especialmente en zonas rurales e indígenas, siguen abiertas y requieren políticas más focalizadas, sostenidas y efectivas si se quiere revertir una realidad que hoy compromete el futuro del país. recomienda el estudio.
Vea aquí el estudio: