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Ciudad de Panamá/El Parque Nacional Darién, el Parque Nacional Chagres y el Bosque Protector de Palo Seco, en la provincia de Bocas del Toro, se consolidan como las principales zonas de concentración del águila harpía en Panamá, una especie emblemática y fundamental para el equilibrio de los ecosistemas boscosos del país.
Declarada Ave Nacional en 2002, esta rapaz es considerada una de las más imponentes del mundo. Aunque su distribución abarca varios países del continente, Panamá alberga la mayor población en Centroamérica, gracias a la disponibilidad de hábitat y a las políticas de protección implementadas a nivel nacional.
Estimaciones recientes, basadas en monitoreos y análisis de la cobertura forestal, indican que la población se sitúa entre 200 y 230 parejas, con una mayor concentración en la provincia de Darién. Aunque la cifra se mantiene estable, especialistas advierten que requiere vigilancia constante debido a las características propias de la especie.
Durante sus primeras etapas de vida, las crías enfrentan altos niveles de riesgo, especialmente al aprender a volar. Los nidos, ubicados a más de 50 metros de altura, aumentan la probabilidad de caídas. A esto se suma su lento ciclo reproductivo, ya que las parejas suelen tener una cría cada dos o tres años.
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En los últimos años, se ha registrado una disminución en los reportes de águilas heridas, lo que refleja avances en las acciones de conservación, vigilancia y educación ambiental desarrolladas en el país.
El jefe del departamento de Biodiversidad del Ministerio de Ambiente, Erick Núñez, destacó el papel de las comunidades en estos logros.
“En zonas como Sambú, Cémaco y Taimatí, grupos locales han asumido funciones de vigilancia del bosque y desarrollo de iniciativas sostenibles, abarcando la conservación con oportunidades económicas”, señaló.
El Ministerio de Ambiente mantiene la coordinación de investigaciones científicas y promueve programas de educación ambiental junto a especialistas nacionales. Además, da seguimiento a las infracciones contra la vida silvestre mediante procesos administrativos conforme al marco legal vigente.
No obstante, persisten desafíos importantes, como la pérdida de hábitat por deforestación fuera del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP), así como los mitos sobre el comportamiento del águila y la necesidad de reforzar la conciencia en las comunidades.
Las autoridades también advierten que, aunque la observación del águila harpía en su entorno natural puede representar una oportunidad económica, esta actividad debe realizarse de manera responsable para no interferir con su ciclo biológico.
En Panamá, la especie está protegida por diversas normativas, entre ellas la Ley 24 de 1995 de vida silvestre, la Ley 18 de 2002 que la declara Ave Nacional, y la Resolución N.° DM-0657-2016 que establece la lista de especies amenazadas del país.