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Ciudad de Panamá/La presencia de cocodrilos en zonas urbanas y costeras ha intensificado un conflicto entre percepción ciudadana y manejo ambiental en el país. Mientras un sector de la población sostiene que existe una supuesta sobrepoblación y plantea la caza como alternativa, las autoridades ambientales apuestan por la conservación, la educación y el manejo técnico como respuesta.
El debate se ha avivado tras reportes de ejemplares de gran tamaño observados en distintos puntos, algunos de los cuales habrían llegado a esas áreas tras inundaciones fluviales o cambios en las condiciones naturales de los cuerpos de agua.
Zonas como el Causeway de Amador y la bahía de Panamá han concentrado buena parte de los reportes recientes, amplificados por la circulación constante de videos en redes sociales.
Sin embargo, especialistas consultados por TVN-2.com advierten que, en varios casos, se trata de reiteradas grabaciones del mismo ejemplar en una zona específica, lo que incrementa la percepción de abundancia sin que necesariamente exista un aumento real de la población.
Ante este escenario, el jefe nacional de biodiversidad del Ministerio de Ambiente (MiAmbiente), Erick Núñez, explicó que la institución ejecuta un plan de manejo enfocado en monitoreo, educación y decisiones basadas en ciencia, descartando medidas letales en esta etapa.
Precisó que el término adecuado no es “control”, sino manejo, un concepto integral que contempla evaluar, informar y actuar solo cuando existe riesgo real para las personas.
Manejo es un término que implica muchas cosas, puede ser desde estudiar, monitorear, educar y, en algunos casos particulares, traslocar animales”, puntualizó.
El plan, que ya se encuentra en ejecución desde inicios de 2026, se desarrolla con apoyo de especialistas y contempla patrullajes y monitoreos en áreas señaladas recurrentemente por la ciudadanía, especialmente en la bahía de Panamá.
El objetivo es corroborar científicamente si el indicio de un aumento poblacional es correcto e identificar puntos críticos donde la interacción humano-cocodrilo representa un peligro.
“Este proyecto apunta mucho al tema de la educación, a crear conciencia, porque también hay muchos mitos alrededor de este tipo de cosas. Que todos los cocodrilos que se ven en el país, hay que rescatarlos porque ya ponen en peligro la existencia de las personas, y eso no es así, en realidad los cocodrilos tienen su función, su rol ecológico dentro del ecosistema”, comentó.
Núñez recordó que en Panamá existen dos especies de cocodrilianos: los babillos o caimanes, que crecen hasta un metro y medio y generalmente esquivos, y el cocodrilo americano, de mayor tamaño y presencia en desembocaduras de ríos y zonas costeras, ya que toleran la salinidad.
Existen casos documentados de cocodrilos americanos de 7 metros, sin embargo, en la actualidad casi no se observan de estos tamaños. De igual forma sucede con los caimanes, los tamaños máximos reportados en la actualidad alcanzan solo los dos metros y medio, pero son menos comunes.
Ambas especies se distribuyen naturalmente desde Darién hasta Chiriquí y cumplen un rol ecológico clave.
Entre los factores que explican los avistamientos más frecuentes, el funcionario mencionó la pérdida de hábitat por el crecimiento urbano, la protección de la especie desde hace décadas, la ausencia de depredadores naturales y prácticas humanas como alimentarlos, lo que reduce su temor al ser humano.
“No es ni un secreto que hay una competencia y ha habido una competencia por espacio. Las personas han ido desarrollando áreas naturales para convertirlas en áreas urbanizadas y obviamente con eso hemos eliminado parte del hábitat de los cocodrilos”, apuntó.
La traslocación —remover y reubicar ejemplares— se aplicará únicamente en sitios donde se determine que hay animales potencialmente peligrosos, como playas, balnearios o puertos de alta concurrencia.
Aclaró que el plan no contempla caza controlada ni sacrificio de animales en esta etapa, siendo esta una acción prohibida desde hace más de tres décadas.
“Por el momento no es lo que va a ocurrir ni está ocurriendo, vamos a enfocarnos primero en esta gestión”, afirmó Núñez, al descartar la caza o sacrificio de animales dentro del plan actual.
No obstante, indicó que cualquier medida adicional, como una eventual caza controlada, solo podría evaluarse en el futuro si los resultados científicos demuestran que otras acciones no son viables, lo que requeriría ajustes normativos y autorizaciones específicas.
Desde el Ministerio de Ambiente se reconoce que el cocodrilo americano es un depredador natural que, en determinadas circunstancias, puede representar un riesgo para las personas. De acuerdo con la entidad, aunque los incidentes han sido pocos, sí existen casos registrados de ataques o personas heridas.
De hecho, los casos registrados en los últimos 7 años apuntan a solo 3 muertes:
En 2019 un pescador de 38 años fue depredado por un cocodrilo en el lago Gatún. El hombre se mantenía haciendo actividades de buceo.
En 2021 una niña de 11 años fue víctima del ataque de un ejemplar en la comarca Guna Yala. En este caso, la comunidad también acabo con la vida del cocodrilo.
En 2024 otro pescador de 42 años fue atacado en el río Mamoní en el distrito de Chepo, Panamá Este.
En Veraguas y Coclé también se han registrados algunos ataques, sin embargo, estos no han resultado en fatalidad.
El Ministerio de Ambiente también reforzó la educación y señalización con la instalación de letreros informativos y de advertencia en zonas críticas del país.
Hasta ahora se han colocado cerca de 40 letreros en áreas de Panamá, Colón, Chepo, Chorrera, Coclé y Los Santos, con el objetivo de alertar a la población y reducir riesgos.
En la recién inaugurada playita de Las Garzas ya se instaló un letrero de advertencia para prevenir a los visitantes, sobre todo a los turistas que desconocen sobre la situación nacional con la especie. Otra de las zonas en donde se colocó un letrero por la presencia de estos animales fue en playa Torio, en donde hace una semana se reubicó a un cocodrilo en conflicto.
Núñez subrayó que los cocodrilos son una especie protegida y que su caza es ilegal, con sanciones administrativas y penales que pueden incluir multas y procesos judiciales. Reiteró que el enfoque institucional busca proteger a las personas, sin sacrificar la conservación ni el equilibrio de los ecosistemas, e hizo un llamado a informarse y evitar conductas que aumenten el riesgo de interacción con la fauna silvestre.
Para Miryam Venegas, científica e investigadora de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP), conocida como la “doctora cocodrilo”, la creciente presencia de cocodrilos en ríos, esteros y zonas cercanas a comunidades en Panamá responde a una combinación de factores humanos y ecológicos que se han desarrollado durante décadas.
Venegas es quien lidera el proyecto de gestión de esta especie financiado por el Ministerio de Ambiente, cuyo tiempo de aplicación es de 24 meses.
Según la investigadora, el problema no se limita a un aumento natural de la población, sino a cambios en los hábitos humanos y en el uso del territorio que han favorecido la supervivencia y reproducción de estos reptiles.
Uno de los factores que más influye es el manejo de desechos en zonas pesqueras.
Restos de pescado arrojados a los ríos o vertidos desde barcos y empresas procesadoras se convierten en una fuente constante de alimento para los animales, lo que favorece su concentración en ciertas áreas.
"Los humanos empezamos a molestar con los cocodrilos, a invadir sus hábitats, alimentarlos cuando no es debido, bien sea propósito o por segunda intención", explicó.
Los estudios realizados por el equipo científico con el que trabaja la doctora cocodrilo han identificado de manera preliminar varias regiones del país con altas densidades de cocodrilos, especialmente el acutus y principalmente en la vertiente del Pacífico.
Entre las áreas más relevantes destacan:
De acuerdo con Venegas, en estos lugares donde se realizó un inventario rápido, la presencia puede superar ocho animales por kilómetro de río, una densidad considerada alta por los investigadores.
En algunos casos, la concentración es aún mayor. En el río Juan Díaz durante un recorrido nocturno se pudo observar una concentración de 11 cocodrilos juveniles de 1 o 1.20 metros y 27 caimanes.
En Coquira, por ejemplo, el equipo encontró 27 cocodrilos de más de tres metros en apenas 1.5 kilómetros de recorrido.
También en la parte Pacífica del área canalera se ha podido avistar a unos 38 animales por kilómetro cuadrado, de igual forma en Río Grande en Coclé, cerca al río Antón, se encontraron alrededor de 37 ejemplares de diferentes tamaño. "Ahí había camaroneras", señala al indicar que esto ocurre porque los animales encuentran abundante alimento.
“Donde hay más recursos, los hijos tienden a sobrevivir mejor y la población se reproduce más”, señaló.
Sin embargo, no todas las regiones presentan el mismo patrón.
En ríos de Chiriquí casi no se encuentran y gran parte de Darién la presencia es menor como en el Chucunaque, aunque existen focos importantes en zonas específicas como la desembocadura del Tuira.
"Si usted encuentra 27 animales en 1 km y medio; estos animales están bien alimentados por 9 meses, porque durante el año 3 meses son la empresa no trabaja o los pescadores no llevan pescado a beneficiar. Entonces, en esos 3 meses los animales pues tienen que ir a buscar de comer, ¿no? Y se distribuyen por todo el río", ilustró.
La investigadora advierte que muchos incidentes ocurren por desconocimiento del comportamiento del animal.
Los cocodrilos pasan gran parte del día tomando el sol para acumular energía y se vuelven más activos al caer la tarde.
“A partir de las 4:30 o 5:00 de la tarde los animales están en modo cacería”, explicó.
Por esta razón, ingresar a ríos o playas donde se sabe que hay cocodrilos durante la noche o al anochecer aumenta considerablemente el riesgo a sufrir una depredación o ataque.
La especialista indicó que, en muchas ocasiones, los pescadores también enfrentan situaciones peligrosas cuando utilizan trasmallos que atraviesan el río, ya que los reptiles pueden quedar atrapados en las redes.
En esos casos, al intentar liberarlos, se producen mordeduras o ataques defensivos.
"Porque ponen los trasmallos y atraviesan todo el río, que eso está prohibido, pero lo hacen.Todo lo que está prohibido lo hacemos y entonces en esas cae un cocodrilo porque ve pescado o porque o porque simplemente va cruzando y no vio la malla y se enredó, destruye los trasmallos y entonces los pescadores cuando sacan la malla lo encuentran ahí y a veces los muerden a los pescadores o generalmente los percadores les dan un machetezo y a veces encontramos cocodrilos sin cola o a veces matan a los animales", precisa.
Venegas explica que el aumento de la población no es sorprendente. En Panamá la caza de cocodrilos desapareció hace cerca de 50 años, lo que permitió la recuperación de la especie.
A esto se suma la creación involuntaria de nuevos hábitats por parte de los humanos, como canales de riego, camaroneras abandonadas y zonas industriales donde los reptiles encuentran refugio y alimento.
Los cocodrilos también pueden vivir durante décadas.
Algunos alcanzan la madurez sexual alrededor de los siete años, cuando miden cerca de 1.80 metros, pero pueden tardar décadas en alcanzar su tamaño máximo.
Un ejemplo es “Tito”, el famoso cocodrilo del Parque Nacional Coiba.
“Cuando lo vimos por primera vez tenía 1.20 metros entre 1992 y 1994. Hoy mide 4.20 metros”, recordó la investigadora.
Actulmente podría tener entre 40 y 45 años, lo que ilustra la longevidad del icónico cocodrilo de Coiba.
En los últimos meses, videos en redes sociales han mostrado "cocodrilos" en el área de Amador, lo que ha generado preocupación entre ciudadanos que frecuentan el lugar.
Sin embargo, la investigadora explica que no se trata de un conjunto de animales, sino animales que no son nuevos en la zona.
Según sus observaciones, en el área existen al menos dos cocodrilos, uno de mayor tamaño que suele verse en el agua y otro más pequeño que incluso ha sido grabado cruzando cerca de la carretera.
“Ese animal [el pequeño] come mapaches y cruza la calle buscándolos. No está buscando atacar a nadie”, explicó.
Venegas asegura que el cocodrilo que nada en las aguas de Amador y que ha encendido las alertas en redes sociales, ha vivido en el sector durante muchos años y ha sido observado desde hace más de dos décadas.
Cuando lo vio por primera vez, a inicios de los años 2000, el animal medía menos de un metro.
Hoy supera los tres metros de longitud, lo que demuestra cuánto tiempo ha permanecido en el mismo territorio.
La investigadora señala que este comportamiento también refleja el carácter territorial de la especie, ya que los ejemplares adultos suelen dominar un área y evitan que otros cocodrilos se establezcan allí.
"Toda la vida ha vivido allí", remarcó.
Las hembras se reproducen una vez al año. La cópula ocurre entre noviembre y diciembre, mientras que la puesta de huevos inicia en enero.
Las crías nacen entre finales de marzo y principios de abril, un periodo en el que las hembras pueden volverse especialmente agresivas para proteger a los recién nacidos.
Durante esta etapa, acercarse a los nidos o manipular crías puede provocar ataques defensivos.
"Ahí es cuando los animales son brabisimos, donde hay posibilidades de ataque", subrayó.
De acuerdo con la cientifica, la supervivencia de los cocodrilos, en especial del cocodrilo aguja, es de un animal por cada nido. Es decir, el 1 o 2%.
"Pero resulta que a medida que nosotros nos alejamos de la naturaleza y a medida que transformamos el hábitat, los cocodrilos han encontrado lugares donde establecerse. las canchas de golf. Y las camaroneras y la última que me enteré navegando por el río Juan Díaz que ahí venden arena y una cosa que se llama la arenal, en donde se han visto hembras sacando los bebés de un hueco. Ese arenal no estaba antes allí y ellas se adaptan", detalló.
En redes sociales ha crecido el debate sobre la posibilidad de autorizar la caza de cocodrilos en Panamá debido al aumento de avistamientos.
No obstante, Venegas considera que esa decisión solo puede tomarse después de desarrollar un plan nacional de manejo basado en ciencia.
“Debe ser un plan de Estado bien hecho”, explicó al tiempo que indicó que se debe implementar la biología foerense para rastrear de qué áreas del país proviene el animal.
Pero la investigadora cuestiona el concepto de “cacería control” cuando no existe un aprovechamiento del recurso.
“A mí me parece terrible hacer cacería control, porque significa matar al animal y enterrarlo sin obtener ningún beneficio”, afirmó.
En países como Estados Unidos, particularmente en Luisiana, la cacería existe, pero funciona bajo un sistema altamente regulado con cuotas, permisos y monitoreo científico. "Es muy bien manejado por el Estado", afirma.
"Si seguimos traslocando animales sin tener un plan de traslocación, vamos a hacer más problemas que beneficios", advierte la doctora.
La investigadora insiste en que Panamá necesita urgentemente un plan nacional de manejo de cocodrilos, que incluya:
Actualmente, el proyecto científico financiado por el Ministerio de Ambiente contempla 24 meses de trabajo, durante los cuales se evaluará especialmente la región de la Bahía de Panamá, desde Chimán hasta los manglares de Chame.
Uno de los objetivos es identificar las áreas que ya representan un riesgo y aquellas donde podrían surgir conflictos en el futuro. "Necesitamos crear un grupo de respuesta centralizado y que exista un registro, una base de datos donde todas esas cosas que se hacen. Todas esas cosas que se hacen tengan un seguimiento", subrayó.
Los investigadores advierten que algunos cocodrilos juveniles, especialmente aquellos de entre 1 y 1.5 metros, tienden a desplazarse en busca de nuevos territorios para establecerse y desarrollarse.
Esto podría generar nuevos avistamientos en áreas urbanas en los próximos años.
“Los animales jóvenes salen a buscar su propio territorio. En cinco o diez años podrían aparecer en nuevas zonas”, advirtió.
El plan de gestión también contempla el uso de telemetría, colocando transmisores a algunos animales para seguir sus movimientos en tiempo real, actividad que podría ser un atractivo turístico para los seguidores de la especie.
Eso no es que yo dije: "Hoy hagan cacería y ya va a ser todo el mundo y hacer lo que quiera todo el tiempo". No, eso tiene que, como le digo, crearse un plan bien establecido", enfatizó.
Como parte de las soluciones, los científicos han planteado crear un santuario para cocodrilos en el área de la Bahía de Panamá, dentro de terrenos destinados a investigación en la cuenca del Canal.
“En la Universidad Tecnológica y la Universidad de Panamá tienen 700 algo hectáreas asignadas por el Estado para hacer investigación y conservación en el área en la en la Cuenca del Canal. Nosotros ya fuimos a visitar el área para identificar un lugar que nosotros pudiéramos cercar y pudiéramos convertir eso en un centro de conservación”, comentó.
Para Venegas y el Ministerio de Ambiente, el desafío principal es encontrar un equilibrio entre la seguridad de las personas y la conservación de una especie que forma parte del ecosistema panameño.
La ciencia lo tiene claro: el problema no es la especie, sino el espacio del hábitat natural que en gran parte ha sido invadido por el ser humano, pero por otro lado, los ciudadanos parecen tolerar menos la presencia de cocodrilos en entornos urbanos, insistiendo en que debe hacerse algo para solucionar un conflicto que sigue escalando cada vez más.
Hasta el momento, la situación de vulnerabilidad de la especie sigue bajo estudio, y se subraya que cualquier decisión será basada en datos rigurosos, ya que una mala decisión podría definir el futuro de una especie que ha habitado en nuestro país desde hace siglos.
Mientras tanto, la población debe seguir recomendaciones claras para evitar situaciones que lamentar.
Ante situaciones de emergencia, el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) exhorta a la población a:
Los cocodrilos en Panamá, descritos por los primeros cronistas que llegaron al istmo, estuvieron al borde del exterminio a finales de los 70's debido al auge de la piel de cocodrilo. Por esa década, Panamá se hizo signatario de Cites (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) adoptando medidas para evitar la extinción de la especie.
Una vez se tengan los resultados del plan de gestión, el Ministerio de Ambiente con el apoyo de científicos, deberá sustentar ante Cites si los caimanes o cocodrilos siguen en estado de vulnerabilidad, y, a partir de estos datos, adoptar nuevas políticas públicas para solucionar el conflicto.