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Ciudad de Panamá/Un video que circula en redes sociales ha generado preocupación al mostrar a una madre protagonizando un episodio de gritos, golpes e ira contra su hijo en las afueras de un centro educativo.
En las imágenes se observa cómo la madre intenta llevarse al menor, quien habría acudido al plantel sin el uniforme establecido por el reglamento escolar. En medio de la situación, la mujer, visiblemente alterada, intenta explicarle al joven que se trata de un comportamiento que presuntamente se ha repetido en varias ocasiones y, ante la frustración acumulada, terminó perdiendo el control.
Para el psicólogo César Pérez, este tipo de situaciones requiere una intervención que incluya tanto al menor como al adulto responsable, especialmente cuando los conflictos familiares llegan a episodios de violencia.
“Nosotros debemos establecer un modelo de crianza con límites, con acercamiento, pero no dejarlo a última hora. Me duele por el muchacho, me duele por la mamá, pero lógicamente los dos están equivocados en sus conductas”, indicó Pérez.
El especialista destacó la importancia de establecer límites desde las primeras etapas de la crianza y evitar que las situaciones de conflicto lleguen a niveles en los que los padres pierdan el control.
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Por su parte, el sociólogo José Lasso explicó que muchas personas que recurren a los golpes durante la crianza fueron educadas bajo esos mismos patrones y pueden reproducirlos de manera inconsciente al enfrentar situaciones de frustración.
“Definitivamente no es correcto, en ninguna medida, esos actos de violencia que ponen en una situación muy difícil de reproducción de la violencia, porque ese chico va a reproducir esa violencia y quizás ella está reproduciendo lo que en su momento vivió”, señaló Lasso.
Los expertos advierten que la violencia física no constituye una herramienta adecuada para corregir conductas y puede generar consecuencias que trascienden el momento de la agresión.
Cuando un menor es agredido públicamente, además del impacto físico, puede experimentar sentimientos de vergüenza, humillación, rechazo e invalidez al sentirse expuesto frente a otras personas. Esta combinación puede profundizar las consecuencias emocionales del episodio.
Ante situaciones de frustración o desobediencia, los especialistas recomiendan recurrir al diálogo, establecer límites claros y buscar orientación profesional cuando los conflictos se vuelven recurrentes, con el objetivo de evitar que la violencia termine convirtiéndose en un patrón dentro del hogar.
Con información de Hellen Concepción