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La reciente evasión masiva en La Joyita volvió a poner sobre la mesa los problemas estructurales del sistema penitenciario panameño. Para el exdirector, José Calderón, la situación actual es el resultado de décadas de falta de reformas profundas y de una ausencia de políticas efectivas de resocialización.
El exdirector del Sistema Penitenciario, señaló que los problemas que hoy enfrenta el sistema no representan una novedad, ya que las condiciones han cambiado muy poco en más de dos décadas.
“La situación tiene varias aristas. Está el tema de la seguridad, pero esa seguridad está inmersa en las condiciones en las que se mantienen las personas privadas de libertad, condiciones que históricamente han sido precarias”, afirmó.
Calderón destacó que uno de los principales retos es el crecimiento acelerado de la población penitenciaria, que pasó de aproximadamente 12 mil personas cuando él estuvo al frente del sistema a más de 25 mil en la actualidad.
Según explicó, antes de hablar de clasificación de reclusos, es necesario analizar por qué Panamá mantiene una cifra tan alta de personas privadas de libertad.
No hay una explicación lógica para que haya tantas personas privadas de libertad en un país con una población relativamente pequeña como Panamá. Es mentira que todas las personas privadas de libertad sean peligrosas”, sostuvo.
El especialista cuestionó además el modelo de clasificación basado en pandillas, ya que considera que agrupar a miembros de una misma organización criminal termina fortaleciendo el control que ejercen sus líderes dentro de los centros penitenciarios.
Para Calderón, el país debe apostar por medidas alternativas contempladas en la legislación, como el uso de brazaletes electrónicos y el trabajo comunitario.
Indicó que la tecnología actual permite supervisar a personas procesadas sin necesidad de mantenerlas recluidas, especialmente en casos donde no representan una amenaza significativa para la seguridad pública.
“Estamos en el siglo XXI. Los métodos tecnológicos pueden garantizar que una persona permanezca en un perímetro determinado o se reporte adecuadamente ante las autoridades mientras dura su proceso”, manifestó.
Desde su experiencia como psiquiatra, Calderón señaló que no todas las personas responden de la misma manera a los procesos de rehabilitación, por lo que cada caso debe ser evaluado individualmente.
Explicó que algunos privados de libertad pueden presentar trastornos de personalidad complejos que requieren estudios especializados realizados por equipos de psicólogos clínicos y forenses.
“Probablemente existan algunas personas que realmente no tengan remedio, pero lo primero que hay que hacer es un estudio profundo de su personalidad para entender cómo se desarrolló y cuáles son las posibilidades de recuperación”, explicó.
Asimismo, lamentó que actualmente la atención psiquiátrica dentro de las cárceles sea limitada y que muchos internos no reciban el seguimiento necesario.
Respecto a la posibilidad de implementar una reclasificación de la población penitenciaria, Calderón reconoció que el hacinamiento representa un obstáculo importante.
Sin embargo, consideró que el proceso puede comenzar mediante programas piloto en centros penitenciarios seleccionados, con el objetivo de desarrollar modelos de reinserción efectivos.
“Lo primero que hay que hacer es evaluar por qué y para qué estamos metiendo tantas personas en el sistema penitenciario y determinar cuáles podrían manejarse mediante otras medidas sin representar un riesgo para la seguridad del Estado”, concluyó.
La discusión surge en medio de los operativos realizados en La Joyita tras la reciente evasión de privados de libertad, un hecho que volvió a evidenciar las debilidades del sistema penitenciario panameño y reabrió el debate sobre la necesidad de reformas estructurales.